Barba o no barba, that is the question

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Imagen en la ciencia / Sergio de Régules

Los cánones de belleza, tanto en animales como en humanos, a veces se explican así: lo que nos parece atractivo es, en el fondo, lo que indica buena salud o buenas aptitudes como proveedor. Así, se invoca la simetría facial y ciertas proporciones corporales como señal de salud y la anchura de espaldas (en los varones) como signo de un buen defensor y proveedor. Casi siempre son las hembras las que seleccionan y los machos los que compiten en el mercado reproductivo, por eso estas cosas se centran normalmente en la belleza del animal macho.

Pero si lo que consideramos atractivo es únicamente lo que señala aptitudes para dejar mucha descendencia y cuidar de ella, entonces esperaríamos que los cánones de belleza no cambiaran. En particular, llevaría a que todos los machos de una especie acaben viéndose igual (uno no puede evitar pensar en la moda, sobre todo entre los jóvenes), pero a veces no es así. Las hembras guppy (el pececito que todos tuvimos) prefieren machos con coloraciones diferentes. Ocurre lo mismo, al parecer, en otras especies: una tendencia a preferir lo distinto, no necesariamente lo mejor para la reproducción, como si las hembras prefirieran evitar lo conocido. El fenómeno incluso tiene nombre. Se llama selección negativa basada en la frecuencia.

La galanura de un animal está fatalmente determinada desde su nacimiento. Normalmente no cambia durante la vida. Pero los humanos podemos cambiar de look, es decir, manipular la selección sexual y usar la selección negativa a nuestro favor.

Las modas cambian. Esto sugiere que en las personas también opera el mecanismo de selección negativa basada en la frecuencia: cuando se impone una moda, distinguirse por no seguirla puede hacernos atractivos. Para probarlo, Zinnia Janif, Robert Brooks y Barnaby Dixon, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia, hicieron un experimento y publicaron los resultados en la revista Biology Letters. Los autores empiezan por evocar un estudio hecho en 1976 por el sociólogo D. E. Robinson. Robinson examinó las fotografías de hombres publicadas en la revistaLondon Illustrated News entre 1842 y 1972. Observó que la cantidad de vello facial (barbas, bigotes, patillas) cambia en un patrón oscilante (podría haber cambiado al azar, pero no). Las patillas alcanzaron un máximo de popularidad en 1853, las patillas con bigote en 1877, las barbas en 1892 y los bigotes entre 1917 y 1919. Otro sociólogo llamado N. Barber usó los datos de Robinson en 2001 para demostrar que los hombres tienden a llevar barba cuando hay más hombres que mujeres en el mercado matrimonial (¿o será sólo sexual?). Esto sugiere que la pilosidad facial responde a la competencia sexual entre machos y no sólo a la moda ni a preferencias estrictamente culturales.

Janif, Brooks y Dixon querían ver si el gusto por los barbones seguía un patrón dictado por la selección negativa basada en la frecuencia, o sea, si las mujeres preferían patrones novedosos de vello facial y no un grado fijo de pilosidad. Para eso tomaron fotos de 36 varones con cuatro grados de pilosidad distintos: bien rasurados, con barba de cinco días, con barba de 10 días y con barba completa (de más de cuatro semanas). Luego reclutaron voluntarios por la página de Facebook del experimento (The Sex Lab) para calificar las fotos a través de una página web. Dividieron a los participantes en tres grupos que vieron series de fotos con 1) muchos hombres bien rasurados y pocos con barba, 2) muchos con barba y pocos bien rasurados y 3) una mezcla con proporciones iguales de barbones y lampiños.

Cuando lo raro era tener barba, los rostros hirsutos se juzgaron más atractivos, y vice versa: entre muchos barbones, los hombres bien rasurados o con barbita de pocos días fueron los preferidos. Los investigadores concluyen que el fenómeno de preferir lo insólito sí afecta los cambios de gusto de las personas. En particular, afecta las modas. Brooks sugiere, más allá del estudio, que las barbas se ponen de moda después de una crisis económica, pero eso está por verse. Una vez que se vea, habría que explicar por qué.

En general, a veces es más atractivo quien no sigue la moda, pero hay que tener cuidado con el timing: hay que esperar a que la moda esté bien establecida y empiece a aburrir, lo que puede ser tan difícil de adivinar como saber cuándo comprar y cuándo vender en la bolsa.

http://imagenenlaciencia.blogspot.mx/2014/05/barba-o-no-barba-that-is-question.html

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