¿Ciencia o religión?

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Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

Un adulto le arroja una pelotita a un niño de 3 años y éste la atrapa sin mayor esfuerzo. Un mono ve una rama demasiado delgada y duda en saltar a ella desde un árbol cercano.

Ambos son animales capaces de predecir, limitadamente, el futuro. El niño proyecta la trayectoria que seguirá la pelota, cálculo que formalmente requeriría ecuaciones newtonianas, pero que él puede hacer instintivamente. El monito estima la resistencia de la rama y decide si soportará su peso. Ambos ajustan su conducta para obtener el resultado deseado y evitar contratiempos.

Su capacidad de predecir es adaptativa; favorece su supervivencia. Procesan información, basándose en datos de sus sentidos y en experiencias previas, y generan hipótesis sobre lo que ocurrirá. Pueden o no acertar. Pueden también modificarlas para hacer mejores predicciones la próxima vez.

Pero Robert N. McCauley, filósofo de la ciencia de la Universidad de Emory, en Georgia, Estados Unidos, no está de acuerdo. En su más reciente libro, Why religion is natural and science is not (“Por qué la religión es natural y la ciencia no”) afirma que “el pensamiento científico moderno es radicalmente no natural”.

Aunque no he leído el libro, a partir de reseñas y entrevistas puedo colegir que su argumento es que la forma religiosa de pensar, basada en lo que él llama “cognición natural”, automática y muchas veces no consciente, es mucho más espontánea que la científica, que requiere un lenguaje, hábitos de pensamiento y metodologías muy poco “naturales”. Tanto, que tienen que aprenderse a través de años de entrenamiento. Y mientras que la ciencia ofrece muchas veces explicaciones antiintuitivas, que van contra lo que esperaríamos naturalmente, la religión –al menos la religión “popular”, que McCauley cuidadosamente distingue de la compleja teología– produce explicaciones que aceptamos fácilmente.

Ya muchos pensadores se han ocupado de la relación entre ciencia y religión. Algunos, como el famoso biólogo estadounidense Stephen Jay Gould, piensan que son formas esencialmente compatibles de pensar, pues cada una se ocupa de temas distintos (o “magisterios separados”, como él los llama): la ciencia, de la naturaleza; la religión, de la espiritualidad y los temas morales. Otros, a los que me sumo, pensamos lo contrario: temas como despenalización del aborto, eutanasia, investigación con células madre embrionarias, derechos de mujeres y minorías sexuales, y muchos otros, dejan claro que la oposición entre los puntos de vista científico y religioso llega a ser radical y absoluta. No hay acuerdo posible.

McCauley considera que la forma que tiene la religión de explicar las cosas, atribuyéndolas a causas divinas, es más sencilla y natural que la forma científica, que exige pruebas antes de atribuir un efecto a una causa determinada, y que excluye, por sistema, lascausas sobrenaturales.

Sin embargo, muchos otros filósofos y pensadores han propuesto que la ciencia no es más que un refinamiento del sentido común. Una manera de interpretar de modo cada vez más confiable los datos que recibimos sobre el mundo. Incluso se ha planteado que el desarrollo del pensamiento científico es el paso más reciente de un proceso evolutivo que comenzó con los receptores membranalesde las bacterias, pasando por los sentidos animales y la capacidad de modelar comportamientos presente en mamíferos y humanos. Algo completamente natural.

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Pero aunque podría pensarse que McCauley critica a la ciencia, también parece preocuparse por ella. Siendo, como dice, tan poco natural, resulta frágil, y puede deteriorarse, al grado de poder extinguirse. Como explica en una entrevista, “[La ciencia] necesita ser practicada en muchos distintos lugares por montones de personas distintas, ser apoyada por enormes instituciones de investigación, por sociedades y revistas profesionales, y por todos los demás procesos que respaldan a esta creación social. Todo esto es extremadamente complejo y extremadamente caro. Así que mantener a la ciencia es una propuesta muy, muy costosa para el ser humano.”

¿Qué manera de entender el mundo es más útil, la religiosa o la científica? McCauley sugiere que la primera es más natural, no necesariamente “mejor”. Y que precisamente por eso, si valoramos a la segunda, tendríamos que cuidarla. De otro modo, podríamos perderla. Basta con ver lo que pasa en los países regidos por totalitarismos religiosos.

http://lacienciaporgusto.blogspot.mx/2014/09/ciencia-o-religion.html

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