Jorge Pedraza Salinas
A través de la historia fluyen el tiempo y la vida. Para un Estado o para un país –lo mismo que para una ciudad–, la historia es lo que la memoria es para el individuo. No conocer el pasado constituye un grave riesgo. Por ello, debemos reconocer a quienes se han preocupado por acudir en busca del pasado para escudriñarlo y acercarlo al presente. De esta manera, lo han puesto a disposición de las generaciones actuales y futuras.
Nuevo León se ha visto favorecido con la presencia de historiadores que, aunque nacieron en otras entidades, se han dedicado a recorrer los caminos del pasado nuevoleonés. Varios nombres acuden a la memoria: José Eleuterio González «Gonzalitos», Salvador Martínez Cairo y Ricardo Covarrubias, de Jalisco; Manuel Neira Barragán, de Coahuila; Carlos Marín Foucher, de Tabasco; Alfonso Reyes Aurrecochea y David Alberto Cosío, de San Luis Potosí; Aureliano Tapia Méndez, de Michoacán; Isidro Vizcaya Canales y Víctor E. Niemeyer, de Texas; Ramiro Estrada Sánchez, de Zacatecas.
A los nombres anteriores, hay que agregar el de Eugenio del Hoyo Cabrera, originario de Jerez, Zacatecas. Este notable historiador es uno de los investigadores más serios y acuciosos que se han ocupado de la historia –sobre todo la colonial– de Nuevo León. Nació el 29 de junio de l9l4 –hace 100 años– y falleció el seis de junio de l989.
HISTORIA DE SU HISTORIA
Del Hoyo Cabrera nació en Jerez, Zacatecas y murió en Monterrey. Su presencia vino a unir aun más los lazos entre Zacatecas y Nuevo León. Ramiro Estrada Sánchez ha dicho que «A Zacatecas y a Nuevo León, hay algo que los hace semejantes, a pesar de tanta diferencia. Es que ambos enfrentan la gallardía de su gente a la geografía difícil. La una ha logrado doblegarla, sembrando de industrias su desierto estéril. La otra, bruñendo con cultura el difícil desnudo de sus sierras».
Nuestro personaje era hijo del Lic. José G. del Hoyo Raigoza y de Carmen Cabrera de la Campa. En el Colegio de María Aguilar, de la ciudad de Zacatecas, realizó sus primeros estudios. Más tarde hizo estudios de preparatoria y de ingeniero topógrafo-hidrógrafo en el Instituto de Ciencias del mismo lugar.
También cursó la carrera de ingeniero civil en la Escuela de Minería de la Universidad Nacional Autónoma de México, carrera que no concluyó debido a problemas de salud. Desde joven, siendo apenas un estudiante de preparatoria, se inició en la docencia. Fue profesor en el Instituto de Ciencias de Zacatecas.
Fue también maestro en la Academia Eustolio Cabral, en el Colegio del Centro y en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. En esta última Institución, a la cual se incorporó en l950, impartió las cátedras de Historia de México, Historia de América Latina, Metodología de la Investigación y Prehistoria de América.
Ese año de l950 es el de su llegada a Monterrey. Venía en busca de nuevos horizontes. Aquí habría de desarrollar una importante labor como investigador y como maestro.
- Jesús Ávila Ávila, quien labora en el Archivo del Estado, realizó una interesante compilación de textos y notas relativas a este historiador. Su trabajo se titula «Amante del desierto, Eugenio del Hoyo l9l4-l989». En esa publicación del Archivo del Estado (l993), nos habla de la presencia de don Eugenio en Nuevo León.: «En Monterrey continuó con sus afanes inquisitorios, explicativos, de búsqueda incesante por la verdad, muchas ocasiones oculta por la acción del tiempo y el interés de los hombres. No pocas veces, debió causar escozor y molestia la manera de decir, escribir e interpretar sus historias; aunque nunca lo hizo con el propósito de herir susceptibilidades ni lastimar sentimientos».
EN BÚSQUEDA DE LA VERDAD
El propio Del Hoyo había dicho: «…Siempre he buscado la verdad y… aplicar a las fuentes una crítica serena y rigurosa… llegar a conclusiones que se apartan de ideas tradicionales muy arraigadas…»
Además de los libros que dedicó a su tierra natal: «Jerez el de López Velarde», «La Cocina Jerezana», «El primer libro de Cabildo de la Ciudad de Zacatecas –l556-l886–«, «La Ciudad en Estampas: Zacatecas», «Plateros, Plata y Alhajas en Zacatecas», publicó importantes estudios sobre Nuevo León. Entre ellos:
«Historia del Nuevo Reino de León (l577-l723)», «Índice de causas criminales del Archivo Municipal de Monterrey (l620-l8l6)», «Cuaderno de la visita de los conventos y misiones del Nuevo Reino de León (l739)», «¿Sefarditas en el Nuevo Reino de León?», «Esclavitud y encomiendas de indios en el Nuevo Reino de León (Siglos XVI y XVII)», «Fuentes para la historia de la evangelización del Nuevo Reino de León» y «Etnohistoria del Noreste de México».
Dirigió, además, la publicación del «Catálogo abreviado de libros y folletos manuscritos en la Biblioteca Cervantina del Tecnológico» y varios índices del Fondo de Documentación para la Historia del Noreste de México. Publicó numerosos artículos en «Humanitas», en donde fue encargado de la sección de Historia, así como en «Cuaderno de Humanidades» y en el periódico «El Norte».
AL RESCATE DE LO NUESTRO
Además de los cargos docentes y de las tareas de investigación, el maestro Del Hoyo se ocupó de las colecciones especiales de la Biblioteca del ITESM, colaboró en la planeación, organización y formación del Fondo de Documentación para la Historia del Noreste de México y tuvo a su cargo la Biblioteca Cervantina del ITESM.
Participó en varias reuniones de historiadores, entre ellas en el Congreso de Historiadores de México y los Estados Unidos, que se celebró en Austin, Texas, en el año de l958.
La Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística le otorgó la Medalla al Mérito Histórico «Capitán Alonso de León», en el año de l972.
Don Eugenio del Hoyo Cabrera falleció el seis de junio de l989. Estaba próximo a cumplir los 75 años de vida, de una vida en la cual supo hacer amigos, pero –sobre todo– fue un amigo fiel de la verdad.
EPIDEMIA DE SILENCIO
Además de las obras que publicó durante su existencia, logró reunir una serie de libros y documentos que la familia Del Hoyo-Briones, en forma generosa, decidió donar al Archivo del Estado. Se trata de 595 volúmenes que debidamente clasificados se encuentran en la Biblioteca «Ricardo Covarrubias» del AGENL y 302 expedientes que han quedado en el Archivo Histórico de la misma institución.
En esta ocasión, hemos querido referirnos a la vida y a la obra de un zacatecano que nació hace un siglo, vino a Monterrey y vivió entre nosotros; que supo darse a los demás, que contribuyó al rescate de lo nuestro y que merece nuestro reconocimiento «ante la epidemia de silencio — como dijera Humberto Buentello Chapa– que circunda casi siempre a los que valen de verdad».

