Bitácora del Beagle
El amor es la cosa más importante que existe. Herman Hesse. Siddhartha
El amor es una ley de comportamiento con una fuerza equivalente a las leyes de la física.
Eduardo Punset. El viaje al amor
Mucha gente afirma que el acercamiento que la ciencia ha hecho sobre procesos tan intensos como el amor, han despojado a este de toda su “magia” y valor poético o espiritual. Pero yo no puedo estar más en desacuerdo con esa afirmación. Porque realmente creo que el poder explicar con la razón cosas tan complejas y profundas como el amor, es realmente apasionante. Uno de los misterios más intrincados del ser humano desvelado, el porqué de su existencia, el porqué de su intensidad, los mecanismos cerebrales que participan, las hormonas que juegan un papel importante, la alteración de la fisiología de la mayor parte de los órganos del cuerpo, esa sensación de felicidad infinita que parece que nunca va a acabar…
En parte la culpa ha sido del que ha acuñado la célebre frase “el amor es una reacción química”, que estaría genial como eslogan publicitario, porque ha conseguido calar en la población de una manera rápida y efectiva, pero que como definición es simplificación bastante burda. El amor no es una reacción química, una reacción química es mezclar Cloro y Sodio para obtener cloruro sódico (sal común). Otra cosa es que participen moléculas orgánicas en su consecución, pero es que en todo lo relacionado con la vida participan moléculas; así tendríamos que decir, la visión es una reacción química, la digestión es una reacción química, correr es una reacción química, oler es una reacción química,… Y eso no es cierto, como dije antes, es simplificar demasiado, y eso nunca es bueno. Como mucho, y si queremos ser escuetos, sería aceptable afirmar que el amor es, básicamente, un “proceso Bioquímico”. Proceso, porque comprende muchas etapas distintas, están implicados varios subsistemas, y ocurren diversos sucesos en diferentes periodos temporales de una manera coordinada; y bioquímico porque participan moléculas orgánicas (químico) pero siempre dentro de un marco de estructuras celulares (biológicas), porque si no nunca tendrían lugar, nunca serían amplificadas, nunca serían transmitidas y, por supuesto, nunca serían percibidas.
Lo primero decir que el amor romántico no es exclusivo del ser humano, hay muchas especies demamíferos y algunas aves que se unen a su pareja para siempre. Posiblemente no perciban conscientemente que están enamorados (aunque este sería un buen tema de debate que quizá pueda ser tratado en otro momento…), pero seguro que las sensaciones son las mismas que las humanas. De todos modos ahora me voy a centrar en el caso del Homo sapiens.

Hay miles de artículos sobre la bioquímica del amor, sobre su fisiología, sobre las estructuras cerebralesimplicadas, sobre su psicología. Por eso voy a hacer un breve resumen de todas ellas, para luego centrarme en su significado evolutivo: porqué existe el amor romántico, porqué su intensidad, porqué su irracionalidad,…
En el amor están implicadas hormonas como la oxitocina y vasopresina, que nos ayuda a forjar lazos permanentes entre amantes tras la primera oleada de emoción; la dopamina, la hormona de la felicidad implicada en los circuitos de recompensa, que nos indica que lo que estamos haciendo (estar con “esa persona”) está bien; la fenilalanina, encargada de hacernos sentir la euforia del primer momento;endorfinas, que nos hacen sentir alegría al estar con la persona adecuada o la serotonina, que nos hace sentir placer y bienestar. De las sensaciones más físicas, como puede ser que se nos acelere el pulso, aumente la sudoración o se te seque la boca, se encarga la adrenalina. Esta sensación es corta, porque si no sería contraproducente, y más que estar enamorados, tendríamos la sensación de estar estresados.
Las estructuras cerebrales que participan en el proceso de enamoramiento son básicamente las que participan en los circuitos en los que están implicadas las hormonas antes mencionadas. De ellas las más representativa son: el córtex cingulado anterior, que regula la presión sanguínea y la frecuencia cardiaca, además de participar en funciones cognitivas como la predicción de recompensa, toma de decisiones, sentimiento de empatía y reacciones eufóricas y emocionales (a este nivel, marcar un gol, ganar un videojuego, consumir una droga o ver a la persona amada son exactamente lo mismo ;)); la amígdala, implicada en la respuesta y memoria emocionales; o el hipotálamo implicado en activar la segregación de hormonas sexuales como la testosterona (esta área es activada en el amor romántico pero no en el amor maternal).
También existen otras áreas cerebrales que son desactivadas cuando uno está enamorado, en especial una parte del córtex prefrontal (el área del cerebro situada justo debajo de la frente) implicada en el juicio y crítica social (por eso el amor es ciego, nunca vemos los defectos de “el otro” (tampoco de nuestros hijos, hermanos,…)), y otras relacionadas con emociones negativas como la depresión, la agresividad y el miedo (todo parece maravilloso).
Pero, ¿por qué todo esto? ¿Por qué existe en nosotros una reacción que nos vuelve literalmente locos, ciegos, irresponsables y drogadictos? ¿Por qué la irracionalidad del amor? Pues sencillamente, porque la Naturaleza no puede dejar las cosas al azar, al libre albedrío, no puede confiar en que todo salga bien, tiene que ASEGURARSE de que todo salga bien, de que la vida no se detenga, de que siga para adelante una y mil veces, hasta el infinito y más allá. Dicho así, esto puede sonar un poco raro, pero es la verdad.
Para entenderlo hay que remontarse muy atrás, hasta el origen de la vida, mucho antes de que existieran los seres humanos, mucho antes de que existiera la sexualidad.
La vida surgió cuando fue posible captar la Energía del Sol y utilizarla en propio beneficio. Luego vino la replicación, luego la replicación con error y la capacidad de evolución, y finalmente la reproducción sexualy la capacidad de incluir mucha más variabilidad y, por consiguiente, evolucionar mucho más. Pero la reproducción sexual trajo un pequeño, pero importante, problema: la posibilidad de dejar descendencia, de perpetuar la vida (la vida surgió una vez y nunca más se detuvo, sólo tiene un origen, este es un detalle importante que será comentado en otro momento…), quedaba ahora a expensas de que dos organismos (sus gametos) se encontrasen. Si no ocurría esto, se paraba el proceso, y la vida se extinguía.
Es decir, la naturaleza se encontró de pronto con un gran negocio, la reproducción sexual. Esto le permitiría aumentar enormemente los beneficios: aumentaría la variabilidad genética de los organismos, llo que permitiría que estos evolucionasen más rápido y así acabaría haciéndolos mucho más poderosos, más resistentes, con una capacidad de adaptación casi infinita y así poder llegar explotar todos los nichos energéticos del planeta (que es de lo que va la vida, de reciclar Energía, pero eso es otra historia que será contada en otro momento…) (fijaos que al igual que cualquier empresa, la Naturaleza busca expandirse todo lo que pueda). Un gran beneficio claro, pero como todo gran negocio, con un gran riesgo: el proceso dependía de que dos gametos distintos se cruzasen; si esto no ocurría el proceso se iba a la bancarrota. Por lo tanto había que inventarse un mecanismo que asegurase al cien por cien que estos dos gametos se llegarían a cruzar: Uno de esos mecanismos sería fijar a estos organismos al suelo, producir muchos gametos y simplemente por azar en algún momento se encontrarían (mecanismo que siguen los vegetales, si no que se lo pregunten a los alérgicos…); pero ¿qué hacer si los organismos se pueden mover libremente? (lo que fue necesario para conquistar todos los nichos): pues inventarse el instinto sexual, que al irse haciendo más complejos los organismos (con lo que los descendientes requieren muchos cuidados por parte de los DOS progenitores, que tienen que permanecer unidos para repartirse el trabajo) y alumbrar individuos con conciencia de sí mismos, derivó en lo que conocemos como «el amor». (Como podemos ver, la biología funciona igual que la economía (un gran beneficio requiere un gran riesgo, y una muy buena estrategia), por eso nos gusta tanto…)
Por eso el amor es un sentimiento tan intenso. Es una inversión capital riesgo. Asegura el éxito en noventa y nueve por ciento. El uno por ciento restante es sufrimiento; son las víctimas de un sentimiento hecho para que existamos, no para que lo entendamos, y mucho menos para que lo razonemos.

Cuando llega el momento nos enamoramos, por lo que sea (el análisis de las razones que puedan influir en la decisión (inconsciente) de enamorarse de una persona en concreto es otra historia que será contada en otro momento…), y se desencadenan toda la cascada de reacciones bioquímicas, fisiológicas y psicológicas que antes comentamos; entramos en una especie de intoxicación estupefaciente, la realidad nos parece maravillosa, la persona nos parece maravillosa, el mundo nos parece maravilloso; somos felices, nos sentimos revitalizados, excitados, relajados,… Me fastidia decirlo, pero la Naturaleza nos engaña como el mejor de los publicistas, nos hace ver todo maravilloso, nos alisa el terreno y nos lo prepara todo para conseguir lo que ella quiere: que procreemos.
– Neuroimaging of love: fMRI meta-analysis evidence toward new perspectives in sexual medicine. Ortigue S, Bianchi-Demicheli F, Patel N, Frum C, Lewis JW. J Sex Med. 2010 Nov;7(11):3541-52. doi: 10.1111/j.1743-6109.2010.01999.x. Epub 2010 Aug 30.
– Love and attachment: the psychobiology of social bonding. Stein DJ, Vythilingum B. CNS Spectr. 2009 May;14(5):239-42. Review.

