Una lección de México para el mundo

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Jorge Pedraza Salinas

México celebró una de sus fechas más importantes. Un 5 de mayo, en el año de 1862, se registró la Batalla de Puebla, glorioso hecho histórico en el cual las armas nacionales se cubrieron de gloria. Una figura clave de la historia de México, es un personaje que llegó a ser Benemérito de la Patria, el General Ignacio Zaragoza, a quien se recuerda en estos días con motivo de tan importante fecha. Se trata de un personaje que nació en Texas, cuando ese territorio formaba con Coahuila un solo Estado en la República Mexicana. Hoy en día, el Estado de Coahuila lleva su nombre: Coahuila de Zaragoza.

En efecto, Zaragoza nació en la Bahía del Espíritu Santo, hoy Goliad, Texas, el 24 de marzo de 1829. En el año de 1836, al separarse Texas, la familia decidió continuar siendo mexicana y se trasladaron primeramente a Matamoros, Tamaulipas y después a Monterrey. .

Zaragoza, quien vivió en Monterrey durante su juventud –incluso aquí se casó con una nuevoleonesa–, es un personaje que llegó a ser Benemérito de la Patria.

TIEMPOS DIFÍCILES

La Historia nos muestra que la mayor parte de los tiempos han sido difíciles para nuestro país. Sin embargo, el siglo XIX ha sido uno de los más arduos. De 1810 a 1821 se llevó a cabo la gesta gloriosa de la Independencia. En un período de medio siglo tuvimos 51 Presidentes. También en ese siglo XIX sufrimos la Invasión Norteamericana (1846-1848). Después vino la sangrienta lucha denominada “Guerra de Tres años”. Todo esto contribuyó a que el gobierno mexicano se encontrara sin recursos con que atender los gastos más urgentes de la administración pública, ya que de los ingresos que se percibían, el 91% se destinaba al pago de la deuda externa y al sostenimiento del ejército.
Debido a lo anterior, el 17 de junio de 1861, el gobierno mexicano se vio obligado a suspender por dos años el pago de todas las deudas públicas, a fin de nivelar su presupuesto y atender las necesidades básicas de la población y del país.

La suspensión de pagos a las naciones extranjeras, fue un pretexto para los traidores, quienes junto con potencias extranjeras, vieron la posibilidad de intervenir nuestro país. Así incubaron el sueño de invitar a un príncipe extranjero para que viniera a gobernar el país, dándoles –por supuesto— un lugar a los conservadores mexicanos.

Recordemos aquel año de 1862, año de la Batalla de Puebla y del triunfo de Zaragoza. A principios de marzo llegó a Veracruz el conde Laurencez con nuevos refuerzos para los franceses. También hizo acto de presencia el General Almonte, que se declaró jefe supremo de la nación y otros conservadores identificados como enemigos del gobierno liberal, quienes habían asegurado a los franceses que, al presentarse las fuerzas intervencionistas, una gran parte del pueblo mexicano se levantaría en armas para destituir a Juárez y habría de unírseles, lo cual afortunadamente no sucedió.

Cuando los representantes de Inglaterra y España se percataron de que el propósito de los franceses era derrocar al gobierno de Juárez para traer después a gobernar a un representante suyo, declararon rota la alianza (abril de 1862), y después de arreglar satisfactoriamente sus respectivas reclamaciones con el gobierno de Juárez, decidieron reembarcarse con sus tropas.

El ejército francés, uno de los más poderosos del mundo, siguió adelante en su lucha contra México. Dicho ejército estaba compuesto de 6 mil hombres, perfectamente armados y disciplinados, con abundantes víveres y municiones, y eran considerados excelentes soldados por sus brillantes victorias en Europa. A este ejército invasor se sumaron militares conservadores al mando de Leonardo Márquez.
Los franceses jamás imaginaron enfrentar tanta resistencia por parte de los mexicanos a quienes consideraban fácil vencer. Laurencez ordenó el asalto a los fuertes de Loreto y Guadalupe, desde los cuales se defendía la ciudad de Puebla.

EL TRIUNFO DE PUEBLA

El joven general Ignacio Zaragoza, al mando del ejército mexicano y con 4 mil 800 hombres, defendió la ciudad de Puebla para detener el avance del ejército invasor que fue rechazado con grandes pérdidas al intentar en repetidas veces tomar las fortificaciones, teniendo que abandonar el campo, retirarse vencidos y perseguidos por la caballería mexicana.

Auxiliado por el nuevoleonés Lázaro Garza Ayala, Zaragoza elaboró el parte de guerra e informó del triunfo al Presidente Benito Juárez, con un comunicado que decía lo siguiente: “Sr. Presidente: Las armas nacionales se han cubierto de gloria”. “Puebla, Mayo 5 de 1862. – Puebla a las cinco y cuarenta y nueve minutos de la tarde – General Ministro de la Guerra – Las Armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria; el enemigo ha hecho esfuerzos supremos por apoderarse de la plaza, que atacó por el oriente de izquierda y derecha durante tres horas; fue rechazado tres veces en completa dispersión y en estos momentos está formando su batalla fuerte de cuatro mil y pico de hombres, frente al cerro de Guadalupe, fuera de tiro. No lo bato como desearía, porque el Gobierno sabe que para ello no tengo fuerza bastante. Calculo la pérdida del enemigo, que llegó hasta los fosos de Guadalupe en su ataque, en 600 y 700 entre muertos y heridos; 400 habremos tenido nosotros. Sírvase dar cuenta de este parte al Ciudadano Presidente de la República. Libertad y Reforma. Cuartel General en el Campo de Batalla. General Ignacio Zaragoza”.

ASÍ SE ESCRIBIÓ LA HISTORIA

Este triunfo levantó la moral de los mexicanos y consternó a los enemigos. América entera tenía simpatía por los mexicanos y consideraba injusta la intervención francesa. En los Estados Unidos de Norteamérica, el 5 de mayo es una de las fechas conmemorativas que se celebran con gran entusiasmo.
El triunfo de la Batalla de Puebla tiene un gran significado.

Después de la triste etapa de la invasión norteamericana, esta fue una gran lección que levantó el ánimo de los mexicanos. Fue el prólogo de una gran lucha a favor de la República, la cual culminó en el Cerro de las Campanas en Querétaro con la rendición de Maximiliano ante un nuevoleonés distinguido: el General Mariano Escobedo.

Así se escribió uno de los capítulos más importantes de nuestra historia.

 

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