El gobernador más joven de Nuevo León

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Jorge Pedraza

Una figura de la Revolución a la que ni la historia ni los hombres han hecho justicia plena, es la del general Ildefonso V. Vázquez, quien después de una vida intensa en el ejercicio de las armas, murió a los 25 años de edad. Para entonces, había tenido una carrera meteórica, pues había logrado ya el grado de general de división, y había ocupado la Gubernatura de Nuevo León.

El Gobernador más joven de Nuevo León era originario de Coahuila y este año de 2015 se cumple el centenario de su fallecimiento.

Nació en 1890 en Piedras Negras, Coahuila. Sus padres fueron Ildefonso Vázquez y Concepción Tamez, quienes le dieron esmerada educación, ya que realizó sus estudios en Monterrey, en Kansas City y en la capital de la República. También estuvo algún tiempo en el Seminario de Monterrey, pero lo abandonó convencido de que su vocación no era definitivamente la eclesiástica.

A LOS 20 AÑOS EN LA REVOLUCIÓN

Cuando estalló la revolución maderista, Vázquez tenía 20 años de edad. Desde un principio simpatizó con la figura y con la lucha del apóstol de la democracia, de modo que, para seguirlo, se incorporó a las fuerzas de la Revolución el 22 de enero de 1911, con el grado de capitán segundo, bajo el mando del general Pablo González, en El Carmen, Coahuila.

Participó en la Batalla de Cuatro Ciénegas, Coahuila, y tomó la plaza. Asimismo, combatió en Monclova y en otros sitios, en todos los cuales dio pruebas de su indomable valor y su innato sentido para la táctica militar.

Triunfante la Revolución maderista, dejó las armas una vez que fueron licenciadas las tropas, pero volvió a tomarlas para combatir a los rebeldes de Pascual Orozco, en defensa de don Francisco I. Madero.

En contra de su voluntad, pues simpatizaba en cierta forma con los ideales del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata, lo combatió cunado éste se rebeló contra Madero. Ildefonso Vázquez formó en las filas de los Carabineros de Coahuila, y con este carácter participó en el ataque a La Ciudadela, en la ciudad de México, donde se habían fortificado, provistos de fuerte arsenal, los sublevados contra el presidente Madero.

AL LADO DE CARRANZA

Tras el asesinato de Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez, Vázquez se sumó a la Revolución Constitucionalista encabezada por don Venustiano Carranza, que desconoció al usurpador Victoriano Huerta.

Para ello, se dirigió a Monclova, Coahuila, donde se presentó en el cuartel del Ejército Constitucional, y fue de inmediato aceptado, con el grado de capitán primero. Ocurría esto el 13 de marzo de 1913.

Por entonces, la plaza de Candela, estaba en manos de las tropas federales, fuertemente armada, de manera que una victoria de las fuerzas constitucionalistas se consideraba poco probable. Sin embargo, al mando de sus hombres, Vázquez logró tomar la plaza.

Participaría más tarde en el combate de San Buenaventura, también en el estado de Coahuila, donde resultó herido.

Recibió el ascenso a teniente coronel el 29 de agosto de 1913, y se incorporó a la Brigada del Nordeste, al mando del general Antonio I. Villarreal, que se dirigía a Monterrey.

Participó en la batalla del Topo Chico, donde derrotó a las fuerzas del general Miguel Quiroga, y el 22 de abril de 1914 llegó a las inmediaciones de Monterrey, para pernoctar en San Nicolás de los Garza.

Monterrey estaba por entonces en poder de las fuerzas federales, fuertemente parapetadas, pero las tropas carrancistas lanzaron un ataque masivo sobre la ciudad.

Ildefonso V. Vázquez resultó herido de gravedad en el ataque a las graseras de la Fundición, por lo que fue enviado, para su debida atención a la ciudad de Matamoros, Tamaulipas.

Mientras se encontraba hospitalizado en aquella ciudad fronteriza, recibió el anuncio de que había sido ascendido al grado de coronel. Era el 12 de mayo de 1914.

Al siguiente año, tomada la plaza de Monterrey por las fuerza villistas, fueron desalojadas nuevamente por elementos del Ejército Constitucionalista.

En esta ocasión, don Venustiano Carranza designó comandante militar de la plaza y gobernador interino de Nuevo León al general Ildefonso V. Vázquez, quien ya para entonces había sido ascendido a general de brigada.

GOBERNADOR POR UNOS DÍAS

Asumió el cargo el 29 de mayo de 1915, pero por unos días, ya que el 11 de junio de ese mismo año entregaba el mando al general Pablo A. de la Garza, designado por el primer Jefe del Ejército Constitucionalista.

Elevado ese día al rango general de división, se puso al frente de las tropas para combatir a los villistas recién desalojados de Monterrey.

En efecto, éstos, en lugar de retirarse a una población lejana para rehacerse de su derrota, se hicieron fuertes en la Hacienda de Icamole, jurisdicción del municipio de Villa de García, Nuevo León.

Durante este combate, Vázquez subió a un lugar conocido como Cerritos, para observar mejor el campo de batalla, pero fue herido por una bala que le atravesó el vientre.

Fue conducido de inmediato de la ciudad de Monterrey, pero dada la gravedad de la herida no dudo en sobrevivir. Murió en el nosocomio el 15 de junio de 1915.

NUEVO LEÓN EN DEUDA

Rogelio Garza Elizondo, biógrafo del general Vázquez, asegura que, a pesar de su juventud, se había ganado el respeto y el cariño de los ciudadanos de Monterrey, quienes se reunieron en grandes cantidades para acompañarlo a su última morada.

El funeral fue impresionante comparable solamente al que el año anterior, había tenido lugar tras la muerte del general Jerónimo Treviño.

«En mi concepto personal –dice Garza Elizondo– pienso que tanto las autoridades del Estado y el pueblo de Nuevo León estamos en deuda con el valiente y temerario general Ildefonso V. Vázquez quien, muy joven, llegó a divisionario, y gobernador interino, así como también jefe de las operaciones militares de Nuevo León debiendo honrarse su memoria en la nomenclatura de alguna de sus calles, a llevar su nombre; también que sus restos mortales deberían reposar en la Gran Plaza, en los nichos especiales de los monumentos a Hidalgo y Juárez, al lado de insignes próceres que en una gran ceremonia fueron depositados con los más altos honores».

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