Derechos y ciencia

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Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

A pesar de todos los horrores que nos exponen cotidianamente los medios –y de las ocasionales e inevitables decepciones de la vida diaria–, nunca he coincidido con esos pesimistas que están convencidos de que la humanidad no hace más que empeorar y se encamina inevitablemente a su perdición.

No hablo de cosas como cambio climático, contaminación o la desaparición de especies –amenazas reales que tenemos que esforzarnos en combatir–, sino de la calidad humana de nuestras sociedades.

Y es que, aunque siga habiendo guerra, desigualdad, hambre y odio, no puede negarse que la humanidad, poco a poco, a lo largo de los siglos, ha ido mejorando. Y con ella, la calidad de vida para muchos millones de personas en todo el mundo.

¿Suena exagerado? Considere usted, por ejemplo, temas como la salud: la esperanza de vida, que durante milenios no superaba, en promedio, los 40 años (del paleolítico a la edad media no llegaba ni a los 30), a partir de mediados del siglo XX, con el avance de la investigación médica y la implantación de medidas sociales de salud (como la vacunación obligatoria) subió primero a 53 años, hacia 1950, y actualmente alcanza casi los 70. Una humanidad maligna podría investigar en salud, pero no se esforzaría por compartir los resultados y beneficios de ésta.

Pero no sólo eso: la humanidad ha avanzado también en el área de los derechos humanos más abstractos. Como ya he comentado en alguna ocasión en este espacio, hasta hace pocos siglos era visto como normal el que un ser humano fuera propiedad de otro. Hoy la idea de la esclavitud es repudiada en el mundo entero (aunque sigue habiendo miles de personas que sufren esclavitud laboral, marital o de otros tipos). Igualmente la discriminación por raza, especialmente hacia negros e indígenas, vista como “normal” hasta hace relativamente poco, es hoy intolerable en casi cualquier sociedad civilizada, al menos en principio. Lo mismo ocurre con la discriminación hacia las mujeres: aunque la lucha es larga, hoy es claro que considerarlas en cualquier forma “inferiores” a los hombres es un absurdo.

casa blanca arcoiris

Las recientes decisiones de las cortes supremas de México yEstados Unidos para declararanticonstitucionales las leyes que impidan que personas del mismo sexo contraigan matrimonio –por más que hayaquien se desgañite gritando que “se atenta contra la familia”, como si sólo hubiera una forma de crear familias– son otro importante hito en el avance civilizatorio que va, paulatinamente, logrando extinguir toda forma dediscriminación, contra quien sea.

Aunque hay quien sigue manteniendo la visión de que la ciencia es más bien algo peligroso y bastante dañino que habría que tener muy controlado (sin mencionar a quienes insisten en queestaríamos mejor sin ella y promueven un “regreso a la naturaleza” que seguramente los horrorizaría si lo vivieran), lo cierto es que es precisamente la ciencia la que ha aportado el conocimiento firme y confiable que ha permitido informar estos debates. Hoy sabemos con certeza que las diferencias aparentes entre castas, entre razas o entre sexos son irrelevantes frente a las que hay entre individuos
, y que los comportamientos no heterosexuales son completamente naturales. Por tanto, ninguna de estas formas de discriminación se justifica. Y hoy comenzamos, incluso, a examinar con bases científicas la cuestión ética de los derechos de los animales, y hasta donde se deberán extender.

Si bien los problemas éticos y sociales no pueden resolverse mediante el método científico, la ciencia ha sido, históricamente, el aliado más importante en la lucha contra la discriminación. Brindemos por ello.

http://lacienciaporgusto.blogspot.mx/2015/07/derechos-y-ciencia.html

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