
Jorge Pedraza Salinas
Los mejores tesoros de un pueblo no están en los metales, en las joyas, en el dinero o en las cosas materiales. El mejor tesoro lo constituye el ser humano: los hombres y mujeres son la mayor riqueza con que puede contar un municipio. En efecto. Un pueblo es grande no por sus minerales o su petróleo, por las cuentas de sus bancos o la altura de sus edificios. Tampoco lo es por el número de habitantes, de vehículos o por los negocios con que cuenta. Un pueblo es grande por su gente.
Según como se vea, un pueblo puede ser pequeño o puede ser grande. Para un extraño, tal vez ese pueblo no tenga gran importancia. Para los hijos de esa tierra, en cambio, posee un encanto especial que sólo ahí se encuentra. No importa a donde vaya, siempre estará en su mente y en su corazón la bendita imagen de su Plaza, de su Iglesia y de su Cementerio, ahí donde están sepultados los restos de sus abuelos. Esas raíces son las que lo habrán de sostener hasta el final del tiempo.
Cada 20 de Noviembre, se conmemora En Los Herreras el aniversario de su fundación (desde 1874) de Los Herreras. Esa misma fecha –20 de noviembre (en 1910)– fue escogida por don Francisco I. Madero para iniciar la Revolución Mexicana. Así es que el 20 de noviembre se celebra en Los Herreras por partida doble.
TAN GRANDE COMO PARIS O NUEVA YORK
Tal vez haya quien diga que Los Herreras es un pueblo pequeño. Sin embargo, para sus hijos es lo máximo. Eulalio González “Piporro” llegó a decir que Los Herreras es tan grande como Paris o Nueva York, sólo que un poco menos poblado. Para este popular actor, compositor y cantante cuyas canciones y películas traspasaron las fronteras de México, Los Herreras –su tierra natal— fue la antigua Capital de Grecia.
Y el Ing. Raúl Chapa Zárate, quien fuera Director Federal de Tránsito, lo llamó “florido valle y futuro puerto de mar”.
El cariño por la tierra que es de uno hace que tengamos un gran cariño por ella. Aunque un día hayamos tenido que salir de ese pueblo, ese pueblo jamás salió de nosotros.
Aun estando lejos, Piporro le cantaba a Los Herreras aquella canción suya que concluye así: Cuando vuelva yo a mi pueblo/ Como antes, quiero verlo/ Y pedirle que me mire/ Con los ojos del recuerdo….
MAESTROS, MÉDICOS Y ALCALDES
El maestro Ernesto Guajardo Salinas, quien llegó a ser Director de Educación Primaria en todo el país, también era de Los Herreras y cada vez que podía regresaba a su tierra. Lo mismo sucedía con el Dr. Juventino González Benavides, quien nació en San Vicente una hermosa comunidad de Los Herreras. Él fue un destacado dermatólogo que combatió con éxito la lepra y fue Alcalde de Monterrey, Director de la Facultad de Medicina y del Hospital Universitario “Dr. José Eleuterio González”.
Y así les puedo seguir enumerando a una serie de personajes. Al igual que el doctor Juventino, el señor Félix González –también de Los Herreras– fue alcalde de Monterrey cuando se realizó en la Sultana del Norte la entrevista de los Presidentes Manuel Ávila Camacho y Franklin D. Roosevelt (1943). El Dr. Eloy Ábrego Salinas, uno de los médicos nacidos en Los Herreras, fue Alcalde suplente de Monterrey y Diputado, así como líder estatal del PRI.
Otras poblaciones como Los Ramones, N.L., Río Bravo, Tamaulipas y Laredo, Texas, han tenido alcaldes con raíces en Los Herreras. Y si de raíces se trata, ahí las tienen también la escritora Carmen Alardín y la pintora Martha Chapa.
Mujeres inteligentes y hermosas ha tenido –y tiene— Los Herreras. Una de ellas es la famosa y legendaria Tía Melchora Salinas, quien merece un capítulo aparte por sus anécdotas.
LA TÍA MELCHORA
Fueron muchos los detalles chuscos, ingeniosos, pintorescos y folklóricos que ocurrieron a la Tía Melchora, a lo largo de sus 88 años de vida. Cuentan que en una ocasión llegó a la ciudad de Monterrey, con el propósito de retirar determinada cantidad de dinero que había depositado en un banco de la localidad.
El empleado de la ventanilla se puso a dar lectura en voz alta a la cuenta bancaria de doña Melchora Salinas (su nombre de pila), y cuando mencionó el Debe y el Haber, la pintoresca dama exclamó: – ¿Cómo que debe de haber, desdichado, si hace un mes que lo dejé aquí?
Veamos por ahora otras damas. El Lic. Arturo B. de la Garza, quien habría de llegar a ser Gobernador de Nuevo León, se enamoró de una inteligente herrerense, la Sra. Morena González, y además de hacerla su esposa y madre de sus hijos, la hizo Primera Dama del Estado.
Años después, un hijo del Gobernador De la Garza, el prominente ganadero y político Arturo de la Garza González, se enamoró de otra hermosa herrerense, María de la Luz Tijerina, con quien contrajo nupcias y formó una sólida familia.
De ahí son, además, el Premio Nacional de Economía, Lic. Eliézer Tijerina y el Lic. Artemio Hinojosa, Director del Archivo General del Estado. En fin, la lista de herrerenses distinguidos es muy amplia. Este pueblo está orgulloso de ellos y ellos también de su tierra. Eso es natural. Sólo un ingrato puede renegar de su tierra.
TIERRA DE GENIO E INGENIO
Que alguien hable bien de su tierra no es extraño. Lo maravilloso es que personas de otros lugares hayan expresado en distintas ocasiones su simpatía por este poblado que se llama Los Herreras, Nuevo León.
Este sábado 18 de julio, a las 11 horas, pasará por XEFB Canal 2 de televisión (Televisa Monterrey Canal 154 en Cablevisión), el programa “Reportajes de Alvarado”, que fuera creado por don Horacio Alvarado Ortiz y que ahora conduce su hijo Eduardo Alvarado Ginesi. En esta ocasión dedicará una hora a hablar del municipio de Los Herreras y de su gente. Los invitamos a que vean este documento que ofrece un paseo por la historia, las costumbres, los platillos y los personajes de esta tierra.
Por otra parte, no podemos dejar de mencionar a un distinguido historiador, cronista y periodista. Nos referimos al buen amigo Armando Fuentes Aguirre “Catón”, quien colabora en más de un centenar y medio de periódicos de todo el país y quien calificó a Lo Herreras como “tierra de genio e ingenio”.
Veamos lo que Catón escribió:
“Acompáñame a Los Herreras, Nuevo León. Quiero que vayas conmigo a ver si es cierta una teoría que tengo. Aprovecharemos el viaje –no todo es teoría– para comer cabrito. En Los Herreras se prepara el mejor cabrito guisado que se puede gustar en el continente americano, desde el estrecho de Bering hasta la Patagonia. No sé más allá, pero más acá no.
“Pero volvamos a las cosas teóricas. Yo tengo muchas hipótesis y ningún axioma. Te voy a decir ahora mi teoría, y luego tú me dirás si es verdadera o falsa. Tendrás problemas para determinarlo: todas las cosas son falsas y verdaderas a la vez. La verdad absoluta no existe. Ésa es una verdad absoluta.
“Mi teoría consiste en afirmar que así como hay personas ingeniosas, y otras aburridas, también hay pueblos con ingenio y otros hechos para el bostezo por falta de imaginación. Existen lugares alegres por naturaleza, como existen seres humanos con donaire y sal desde su nacimiento; y hay pueblos aburridos iguales que hay tipos –y tipas– ácimos y sosos que piensan que son más importantes cuanto más solemnes y estirados son. No diré de los poblados fastidiosos. Tantos hay que se podría llenar con ellos un mapa universal. Ahí la gente muere sin darse cuenta de que estuvo viva. Ahí la gente vive sin percatarse de que ya está muerta.
“Diré sí, de los alegres sitios. Uno de ellos es Los Herreras, Nuevo León. Ingenio y genio tiene esa galana población, y trasmite esos carismas a sus hijos e hijas como gratuito don. Hacer una lista de los señeros personajes herrerianos es formular una guía telefónica más gorda que la de Nueva York. En ese lugar vivió la Tía Melchora, figura singular de “Los Herreras”, Nuevo León, tierra de origen de Lalo González, “Piporro” y de otros nuevoleoneses distinguidos, como mi gran amigo Jorge Pedraza Salinas, historiador y periodista, notable conocedor de don Alfonso Reyes y hombre de agradabilísima conversación. En Los Herreras nació Ernesto «El Chaparro» Tijerina, con cuyos dichos y hechos se podría escribir otro Quijote.” De él era esta frase célebre: “El dinero no hace la felicidad, sobre todo si es poco”.
Hasta aquí este texto. Muchas gracias Armando, muchas gracias Catón, por tus palabras.
