Gabriel Contreras
Desde muchos ángulos, todo nuevo gobierno representa una oportunidad.
Por ejemplo, para los amargados y los rencorosos significa la posibilidad de despotricar contra posibles promesas incumplidas, desaires y decepciones.
Para los optimistas, es el momento para hacer sonar las matracas y agradecer al destino por esta nueva luz que se cierne sobre el horizonte de nuestra política.
Para los de pensamiento crítico, es la hora de analizar con microscopio las trayectorias del nuevo gabinete, y predecir cada uno de sus potenciales aciertos y fracasos.
Pero hay un grupo más, que pocas veces se considera. Es el grupo de los que no sabemos qué pasa. Esos, los que no sabemos qué pasa, una vez más veremos que ocurren cosas inesperadas y, en cierta medida, extrañas. Y al reconocerlas, simplemente, diremos: “no sabemos qué pasa”. ¿Y cuándo lo sabremos? Cuando pase. O tal ni entonces sabremos realmente qué es lo que pasa.

