Gabriel Contreras
A lo largo de muchos años, me he dedicado a leer con interés la obra de Alfonso Reyes, siempre con gusto y con sorpresa. Pero también me he detenido a indagar aspectos de su vida personal, especialmente elementos de su infancia.
De ese esfuerzo, surgió un pequeño libro que he acercado a los niños lectores por diversos medios.
Han sido años de esfuerzo, prescindiendo siempre de todo apoyo. Conarte, en su momento, mostró un perfecto desinterés en editar mi libro “Alfonsiiito”. En su departamento de desarrollo de proyectos, se me dijo, tras esperar ocho meses… “es interesante, pero no estamos dispuestos a invertir en este libro”. Y algo similar ocurrió con el ITESM y su famosa Cátedra Alfonso Reyes.
La única figura cultural que ha mostrado interés en mi libro “Alfonsiiito” hasta hoy es el filósofo español Fernando Savater, quien en algún momento me pidió que habláramos acerca de la infancia de Alfonso Reyes.Esa conversación fue grabada para un programa de televisión que él mismo conduce.
Hoy, sigo trabajando acerca de la infancia de Alfonso Reyes, y la razón es la siguiente:
Alfonso Reyes fue regiomontano sólo hasta los once años. Luego, se fue, se convirtió en un ciudadano del mundo, y volvió sólo a estudiar en algún momento en el Colegio Civil, y poco, muy poco más.
¿Por qué pongo mis esfuerzos en Alfonso Reyes?
Primero, porque es la figura cultural más importante producida hasta hoy por Monterrey.
Segundo, porque sus supuestos defensores lo tienen en el olvido. Escriben libros sobre él desde las universidades, y se benefician de ello, pero no mueven ni han movido un dedo por recuperar su legado físico.
Por ejemplo, les entrego ahora una foto de lo que fue la famosa Casa Degollado. En estos momentos, de esa casa sólo queda un fragmento, ya que como espacio de venta de tacos fracasó.
Les muestro también una foto de La Casa del Mirador, donde Bernardo y Alfonsito pasaban los fines de semana, está en el abandono.
Les muestro ahora la cama de Bernardo Reyes. Miren y juzguen.
Bernardo Reyes fue el mejor gobernador de Nuevo león, pero hoy su cama se pudre en el olvido, lo mismo que su bañera.
¿Y respecto a Alfonsito? Miren ustedes como se encuentra el que fuera, alguna vez, su silloncito de lectura.
Así tratamos al que fue alguna vez el mejor conductor de los nuevoleoneses, y así tratamos a nuestro máximo escritor.




