Juan Roberto Zavala
Con motivo de la proclamación el día ayer de Donald Trump como candidato oficial del Partido Republicano a la presidencia de los Estados Unidos y su ofrecimiento de reconstruir el ejército norteamericano, recordamos las declaraciones del entonces aspirante y hoy candidato, que fueron una abierta amenaza de intervención militar en nuestro país, si nos negáramos a pagar el muro fronterizo que propone para frenar la entrada de inmigrantes mexicanos a los EUA.
Con ello vino a mi memoria también aquel gran pensador estadounidense, de origen puritano, David Thoreau, quien en 1846, se opuso a la intervención y guerra con México, por considerarla injusta.
Este personaje, autor del ensayo Desobediencia Civil, que ha sido publicado en casi todos los idiomas y ha sido libro de cabecera de filósofos, literatos, economistas y políticos, como Tolstoi, Mahatama Gandhi y Martin Luther King, no solo se opuso a la guerra con México, sino que desafió al presidente James K Polk, negándose a pagar impuestos para financiar la injusta intervención armada a nuestro país.
Importante también es la obra de John Douglas Pitts Fuller, “The Movement for the Acquisition of all Mexico”, quien después de estudiar diversas obras y periódicos de la época, concluyó que por el debate que en ese país había sobre la esclavitud, México se salvó de una anexión total.
Con el conflicto 1946-1948, planeado con mucho tiempo por los Estados Unidos, los mexicanos perdimos, por virtud del tratado Guadalupe Hidalgo de fecha 2 de febrero de 1848, más de la mitad de nuestro territorio, 2.100.000 km2, los ahora estados norteamericanos Texas, California, Arizona, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.
Como después de la independencia de Texas el presidente norteamericano James K Polk hizo gestiones para comprarnos territorio, especialmente California, y no lo logró, el 7 de julio de 1846, con el argumento de que los habíamos invadido y hostilizado, nos declararon la guerra y nos invadieron, con las consecuencias arriba anotadas.
En esa época los Estados Unidos tenían una mayor población que México, (17 y 7 millones respectivamente) y para el 2 de marzo de 1836, en el que se firmó el acta de independencia texana, en ese territorio la población norteamericana también superaba con mucho a la mexicana, pues desde las primeras décadas del siglo XIX México había facilitado la colonización de este territorio con población estadounidense.
Además, nuestros vecinos vivían ya la revolución industrial y poseían superioridad naval y de armamento en general, en tanto que nuestro país, vivía en constantes luchas internas.
Ante esta superioridad y con la idea de que México siguiera existiendo como nación, nos vimos precisados a aceptar la derrota y con ello la pérdida de más de la mitad nuestro territorio y un deshonroso pago de 15 millones de dólares.
Aunque este episodio de nuestra historia nacional ha sido superado, ahora este candidato a la presidencia de los Estados Unidos Donald Trump, abiertamente hostil a nuestro país y a los mexicanos, veladamente nos amenaza con una nueva intervención si no cedemos a su capricho de pagar un muro que separe a nuestras dos naciones.
Sin embargo, como los mexicanos lamentamos las consecuencias de esta injusta guerra, nos oponemos a un nuevo conflicto y confiamos en que de llegar este señoral poder ejecutivo en nuestro vecino país, la población de los Estados Unidos, especialmente los artistas, filósofos, sociólogos, juristas y literatos, detendrán estos absurdos propósitos y continuará la buena vecindad.


