Sergio Parra / Xataca
La rata topo desnuda (Heterocephalus glaber) es inumne al dolor, al menos lo suficientemente inmune como para inmutarse si mordisquea una guindilla o el agua en la que está sumergida es demasiado caliente.
Investigadores del centro Max-Delbruck de Medicina Molecular de Berlínacaban de publicar en Cell Reports un estudio donde han descifrado el mecanismo molecular que impide que el cerebro de estos animales registren el dolor.
Según explica el autor principal de este estudio, Gary R. Lewin:
Creemos que la evolución ha seleccionado para esto un truco muy sutil que consisten en hacer que la señal del dolor se vuelva parcialmente no funcional, pero no totalmente, sino solo suficiente para que no se convierta en un peligro para el animal.
¿Para qué sirve el dolor?
El dolor no es más que información (del tipo, sal de aquí o vas a morir o deja de hacer eso o puedes sufrir daños irreparables), de modo que la selección natural ha porfiado en mantenerlo como el principal sistema de supervivencia de muchos animales. Sin embargo, ¿por qué no sucede así en la rata topo desnuda?
Probablemente porque vive en el infierno, metafóricamente hablando, y sentir dolor todo el tiempo no le ayudará a sobrevivir mejor en su hábitat: túneles subterráneos que excava en las sabanas del este de África (Etiopía, Somalia y Kenia), escasos niveles de oxígeno y bastante calor en general.

