Gabriel Contreras
Él está afuera, en el asiento del chofer. Su auto es un Sentra blanco y la cabina está llena de música. Huele a lavanda. Él espera el momento de entrar y quiere hacerlo en forma sorpresiva, no puede revolverse con los parroquianos. Es de otra madera.
No es la mejor de las noches para El Ahuizote. Es lunes y fin de quincena. Pero se programó a Fufito y la idea es hacer reír, cueste lo que cueste.
El stand up está de moda, podría ser que se llene. O podría no ser. Fufito quiere correr el riesgo. Sabe que Moani Compeán tiene problemas de lana, y ésta sería una manera de ayudar.
El Café Nuevo Brasil sufrió un desalojo y alguna gente ligada a la política quisiera verlo abierto de nuevo. De ser un centro de conversación, el Brasil pasó a ser materia de escándalo y humillación. La vida es así… Por eso este evento, “por eso”, diría el Fururufo…
La verdad es que hace dos años que Fufito no se para en un escenario, está fuera de forma, no tiene chistes nuevos, y los temas han cambiado, todo ha cambiado con la llegada de los milenials.
Para hacer reír, Fufito tendría que contar lo que todos los standoperos cuentan, como “No entiendo a las mujeres”, “Mi hijo se apena de mí”, “Juntas de padres”, temas así. Eso no ocurrirá…
Lo cierto es que Fufito no se ha detenido a observar esa gama de temas, él prefiere ir directo a los terrenos que conoce, como burlarse de Maderito, de Mauricio, atacar al Bronco, decir que Nicho es un reciclado, cosas así, porque tiene poco tiempo, la gente pagó y no tiene más opción que seguir adelante.
La hermana de Fufito se encarga de abrir el show, ella canta e invita a los parroquianos a aplaudir el inminente show del hijo del Fufurufo. Fufito entra, luces, música, él viste un saco negro, camisa blanca y una cachucha que no deja adivinar su edad. Su sobrina opera la música desde un celular…
Hay aplausos de compromiso, aplausos, y las historias del Fufito se van empujando la una a la otra como reses en medio del monte.
“Quiero que me aplaudan como si fuera Lyn May hace veinte años, no piensen en la de ahorita, porque no sabemos si es hombre o mujer o qué… Voy a meterme al baño, y cuando salga, todos aplauden, pero con huevos, porque el pinche Moani trajo bien poquita gente, órale, pónganle huevos, o no salgo…”.
Esta no es la mejor de las noches del Ahuizote, pero, aun así, las cosas marchan.

