MEC. Gisela Aguilar Martínez
El poder observar los colores de los árboles, de cuan altas son las olas del mar o un excelente espectáculo en el teatro, permite transformar esas imágenes en sensaciones de alegría, placer, aprendizaje y llevarlas en la memoria por siempre. Estas actividades y otras más, se pueden apreciar gracias a una joya invaluable en el cuerpo humano, los ojos. Los ojos son los responsables de la recepción de imágenes del mundo exterior, para pasar directamente al encéfalo.
Estas estructuras llamadas ojos, hacen nítidas las imágenes, distingue los colores brillantes de los opacos, diferencia el sol de la luna. Pero ¿qué pasa cuando, sin molestia alguna, empiezan a observarse la luces de los autos con destellos o la vista periférica no se realiza con normalidad? Puede pensarse que el ojo está empezando con un problema silencioso llamado glaucoma.
El glaucoma es una enfermedad del ojo que le roba la visión de manera gradual. Por lo general no presenta síntomas y puede resultar en la pérdida de la visión de manera repentina. Anatómicamente, el ojo está conformado por las siguientes estructuras:
La cubierta rígida de color blanco se llama esclera y sirve para proteger el ojo; se puede ver parte de ésta en la parte anterior del mismo. Además existe una membrana clara y delicada llamada conjuntiva, que cubre la esclera.
En la parte anterior del ojo se encuentra la córnea, que es la parte transparente de la cubierta protectora del órgano y que permite que entre la luz. El iris es la parte de color de su ojo que se contrae y se expande para que la pupila deje entrar la cantidad adecuada de luz, la cual dirige hacia el cristalino, que a su vez enfoca la luz sobre la retina (el recubrimiento interno del ojo. Las fibras nerviosas de la retina llevan la luz y las imágenes al cerebro por medio del nervio óptico.
El fluido intraocular o humor vítreo es producido por el cuerpo ciliar, este sale por el ojo a través de la pupila y posteriormente es reabsorbido por los vasos sanguíneos, para así salir del ojo, llevándose así el drenaje normal en el ojo. Si el drenaje es adecuado, la presión del ojo se mantendrá en niveles normas. La presión interna del ojo (presión intraocular o PIO) depende de la cantidad de fluido que se encuentre dentro del mismo. Así mismo, la producción de humor acuoso en cantidades adecuadas mantiene la salud del ojo.
Cuando el ojo tiene glaucoma, el sistema de drenaje del ojo se tapa y el fluido intraocular no puede drenar. Al acumularse, causa un aumento de presión en el interior del ojo que daña al nervio óptico que es muy sensible, llevando a la pérdida de la visión.
El ojo tiene millones de fibras nerviosas que van desde la retina al nervio óptico, las cuales se juntan en el disco óptico. Conforme aumenta la presión del fluido dentro del ojo, daña estas fibras nerviosas que son muy sensibles y empiezan a morir. Cuando ocurre esto, el disco óptico comienza a hacerse hueco, rechazando las fibras del nervio óptico, el cual adoptará la forma de copa o curva. Si la presión se mantiene muy alta por mucho tiempo se puede dañar el nervio óptico, resultando en pérdida de la visión.
Los síntomas que se presentan son: visión borrosa, dolor de ojos y de cabeza, nausea y vómito, aparición de destellos alrededor de las luces y perdida repentina de la visión.
Las personas con mayor índice de riesgo son: Mayores de 60 años, hispanos de edad avanzada, de ascendencia africana, los parientes de personas con glaucoma, miopes, con diabetes o que usan esteroides de manera prolongada. Las revisiones están indicadas a partir de los 40 años, de dos a cuatro años.



