El impulso que demanda la cultura y el arte

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El Galardón Empresarial

Por Fernando Fuentes García ©

Esta pieza es la tercer parte de una serie de tres artículos que tienen el fin de plantear mi perspectiva sobre la transformación que el sector de las artes visuales requiere  adoptar para hacer frente a los retos del presente siglo.   

“Es una decepción que en el tema cultural, todavía tengamos que hacer énfasis en la importancia que tiene para el país, en este caso los estados y los municipios”. Afirma Ricardo Marcos, presidente del Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (CONARTE), respecto al inminente recorte federal y estatal al presupuesto 2017.[1] Qué pasa con la cultura y el arte que no logran integrarse de forma positiva y contundente a la producción económica y al desarrollo social?

Un problema de antaño.

Fueron los mismos padres de la economía -Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823), quienes impulsaron el destierro del arte y la cultura, al considerar a las bellas artes como una actividad de ocio no productiva e incapaz de contribuir a la riqueza de una nación. No es sino hasta que Theodor Adorno (1903-1969) y Max Horkheimer (1895-1973) crean en 1940 el término industria cultural y que el profesor de Harvard John Kenneth Galbraith (1908-2006), advierte en Economía y Proyectos Públicos sobre la creciente  importancia de las artes en la economía y la sociedad, que la antigua visión de los padres de la economía comienza a transformarse.[2]

En los años veinte del siglo pasado se dio en México una gran oportunidad para consolidar la integración de estos sectores al desarrollo. El intelectual y político José Vasconcelos, al frente de la Secretaria de Educación Pública durante la Presidencia de Álvaro Obregón, se apoyó en ellos para transformar al país hacia la reconstrucción y modernización. Iniciativa que no perduró, debido a que el desarrollo y la modernización se concibieron cada vez más en términos económicos.

El despertar en el albor del siglo XXI.

Hoy avanzamos rápidamente de una economía del conocimiento, hacia la economía de la creatividad. Misma en la que el conocimiento, la información y la tecnología son indispensables para el desarrollo económico y social, -pero la creatividad es determinante. Y para aprovechar la creatividad con esos fines, comenta Richard Florida autor de The Rise of the Creative Class, es necesario no solo impulsar la creatividad tecnológica y económica (la innovación y la actividad emprendedora respectivamente), también la creatividad cultural y artística.[3]

Es así que en la medida en la que la economía creativa se afiance en nuestro país, la cultura y el arte se transformarán en un sector estratégico para el desarrollo. Para darnos idea de la contribución de esta economía podemos considerar el análisis de la UNESCO y el grupo EY (Ernst & Young). De acuerdo con el reporte, 11 sectores culturales y creativos contribuyen a la economía global con cerca de 30 millones de empleos en el mundo y $2,285 billones de dólares en ingresos, es decir 3% del PIB mundial en el 2013.[4]

Los datos están ahí para sorprendernos. En un estudio realizado por Ernesto Piedras en colaboración con Gonzalo Rojón y Viviana Vallejo (ambos del ITAM), se ha encontrado que las industrias protegidas por el derecho de autor, contribuyen con un 6.7%  en el producto interno bruto de México y un 3.6% en la Población Económicamente Activa. El autor concluye: La cultura es una de las potencialidades más grandes que tiene México a nivel mundial… Los recursos destinados al fomento y cuidado de estos sectores de actividad no representan un gasto, sino una inversión productiva y necesaria para el futuro económico de México.[5]

Liderazgo, el Impulso que demanda el sector cultura y arte.

Evidencia sobre la importancia del arte y la cultura en la economía y el desarrollo social hay mucha. Sin embargo, seguimos sin poder reconocer su peso. Y creo que los tres obstáculos que nos lo impiden son, por un lado la percepción errónea de que el máximo responsable de impulsar el arte y la cultura es la instancia gubernamental, por otro lado la falta de investigación propia del país sobre la economía del arte y su impacto intangible y finalmente la débil divulgación de su valor.

El informe presentado en el 2007 para el Senado de la República, por el Maestro en Artes Visuales e Investigador del Cenidiap, Alberto Argüello, lo denota. La pobre visión de nuestras actuales políticas culturales, aunado la indiferencia y falta de acción de los demás actores interesados en la materia, ha provocado que se siga subestimando el poder de la cultura y el arte.[6]

El análisis de la UNESCO y el grupo EY antes mencionado, resalta varios impulsores de cambio clave para fortalecer y crecer las industrias culturales y creativas. Entre otros, está la integración al interior y exterior de las industrias en la búsqueda del crecimiento y además el apoyo a la protección de los derechos de autor, que garantice a los creadores –el núcleo de estas industrias- la retribución y oportunidades de desarrollo  que merecen. Precisamente esta última acción la reconoce el profesor Argüello.

Si seguimos pensando que las instancias gubernamentales o el ámbito privado por sí solos, reconocerán la importancia que tiene nuestro sector y tomarán acción inmediata para fortalecerlo y llevarlo a ese posicionamiento estratégico, realmente equivocamos el rumbo.

México enfrenta una grave crisis de transformación. Retos de cambio arraigados en profundos valores, actitudes y comportamientos, que el mismo rector del Tecnológico de Monterrey, David Noel Ramírez Padilla, expone en su libro Basta de Indiferencia. Transformación hacia la creación de valor que propone, entre otras formas, mediante la unión, un alto al individualismo y un liderazgo por autoridad informal que convierta a los ciudadanos en agentes de transformación.[7] Es así que el sector cultura y arte demanda activar dos nuevos agentes de liderazgo y transformación -las organizaciones civiles y los mismos ciudadanos.

En enero del 2015, los asistentes a la cumbre Davos, Suiza, identificaron a la falta de liderazgo como uno de los diez principales retos que el mundo enfrenta. Un ejemplo claro es el que evidencia el reconocido crítico de arte radicado en Monterrey, Xavier Moyssen. En su artículo ¿Voto por voto?, el maestro cuestiona al sistema de vocalías del Conarte y afirma que los logros alcanzados, generalmente se deben más al consejo que a los gremios.[8] Por qué? Para el caso de las artes plásticas, puedo afirmar que la respuesta es simple, -No existe un gremio organizado. Es decir que no existe un liderazgo genuino que represente los intereses de los productores y vea más allá de las soluciones tácticas, operacionales o fiduciarias. Por lo tanto el representante en el consejo, NO tiene una verdadera representación y difícilmente cuenta con la fuerza y la visión para abogar por los cambios que nuestra industria requiere.

El CONARTE está en lo correcto al ofrecer la representación a través del sistema de vocalías. Quienes estamos encallados en el pasado y sub-ejerciendo el poder de esta representación somos los productores. Que en la ausencia de un liderazgo visionario, enérgico y eficaz, hemos cedido ante la fuerza centrífuga que separa y divide. Y en la idea de que el arte está exento de la premisa de la unión y la sinergia, hemos provocado que nos sigan descartando como una industria capaz de agregar valor al desarrollo económico y social de nuestro país.

Sin duda alguna nuestro sector demanda crear un liderazgo de transformación basado en la autoridad informal. Aquel que con su visión nos unifique y nos ilumine con el futuro, nos brinde dirección y nos articule el valor a crear. Aquel liderazgo que se fundamenta en la credibilidad y la confianza. Aquel que se preocupa por el bienestar común y que piensa de manera estratégica. Porque la planeación estratégica [9] es lo que nuestro sector requiere para progresar. Es decir, la proyección a futuro de lo que queremos hacer, y hasta donde nos proponemos llegar con ello en el largo plazo para aprovechar al máximo las oportunidades y el potencial existente. 

Tan claro es el problema como la solución. 

Para integrar de forma positiva y contundente a la cultura y el arte en el desarrollo económico y social del país, se requiere considerar la estrategia que proponen los autores de un estudio de Harvard Business Review. Construir una plataforma de cambio -en la forma de una organización civil no lucrativa. Que en su núcleo contenga a ese liderazgo. Que impulse el crecimiento de los jugadores con el debido apalancamiento. Y finalmente que defina los estándares y las prácticas que soportarán la transformación, entre otras el cabildeo tanto para mejorar la regulación y legislación, como para buscar el apoyo de la comunidad y la movilización del sector público y privado.[10]

En un artículo publicado ya hace dos años, por el portal Reporte Ciencia UANL. He expuesto no solo algunos de los retos de cambio que plantea el rector David Noel, también he expuesto la solución: Crear el Consejo Mexicano de las Artes Visuales.[11]

¿Será posible este dramático cambio de cultura y organización tan necesaria para crecer? La respuesta es –SÍ, pero para lograrlo es necesario armarnos de valor para actuar de una forma diferente. Tomemos inspiración en la transformación que Reynold Levy realizó en el Lincoln Center de Nueva York, en su período (2002-2014).[12] Un centro de las artes, hogar del Metropolitan Opera House, en el que sus residentes se comportaban más como rivales y adversarios que como aliados y socios.

EL RETO DEMANDA concentrarnos en crear una coalición que facilite el apoyo de líderes, tanto externos como internos a nuestra industria. De manera que la primara acción a emprender consiste en convocar a líderes visionarios y empáticos, capaces de ver a nuestra sector como un sistema y de encontrar coincidencias entre todos los eslabones de la cadena de valor.

Y esto es lo que nos llevará a detonar la imaginación para crear y dar soporte a este organismo, que realmente podría transformar a las artes visuales en México en un sector líder capaz de agregar una ventaja competitiva para nuestro país.

 

Fernando Fuentes García es un escultor originario de Monterrey, N.L. comprometido a ampliar la apreciación del arte y la escultura y a transmitir su contribución única y vital a la sociedad.

 

[1] Félix, Victoria. “Agenda cultural les pasó de noche”: Ricardo Marcos. Milenio Diario. Noviembre, 15, 2016.

[2] Castro Rascón, Cristina. Para entender. La economía del arte. Nostra Ediciones, 2009.

[3] Dreher, Christopher. Be creative or die. Salon. June 6, 2002.

[4] Cultural Times. The first global map of cultural and creative industries. EY, CISAC & UNESCO. Dec. 2015.

[5] Piedras, Ernesto. ¿Cuánto vale la cultura? México, Conaculta, 2004.

[6] Argüello Grunstein, Alberto. Cultura y arte, revisión y expectativas. Revista Discurso Visual No. 15. Julio-Diciembre 2010.

[7] Ramírez Padilla, David Noel. Basta de Indiferencia. McGraw-Hill, 2017.

[8] Moyssen Lechuga, Xavier. ¿Voto por voto? Grupo Milenio. Firmas. Julio, 12, 2016.

[9] Fuentes Flores, Antonio. Para qué sirve la planeación estratégica. Planeación Estratégica.

[10] Hagel III, John. Seely Brown, John. Davison, Lang. Shaping Strategy in a World of Constant Disruption. Harvard Business Review. October, 2008.

[11] Fuentes Garcia, Fernando. Tan Cerca el ejemplo y tan lejos de entender el Mercado del arte mexicano. Reporte Ciencia. Febrero, 10, 2015.

[12] Levy, Reynold. They told me not to take that job. Tumult, Betrayal, Heroics, and the Transformation of Lincoln Center.

 

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