
MEC Gisela Aguilar Martínez
Regularmente los humanos no apreciamos todo lo que tenemos, como la capacidad de caminar, gatear o incluso, después de haber bebido una copa de más, dirigirnos hasta una adorable persona del sexo opuesto. En el caso de las plantas, ellas no tienen ese privilegio.
Gran parte de la larga historia de la vida vegetal terrestre, las plantas tenían que estar muy cerca unas de otras, casi tocándose, para emparejarse o reproducirse. En un principio, el reino vegetal sólo podía sobrevivir en rincones húmedos de la tierra donde las gotas de agua comunicaban regularmente a los machos con las hembras.
El polen fue la solución que las uniría en la larga novela de las plantas ya que el conflicto era la distancia entre ellas, a través de metros o incluso de un continente a otro.
Hace más de 375 millones de años, las cosas dieron un cambio. Una linea de plantas desarrolló granos de polen y semillas, y desde entonces nada volvió a ser lo mismo. Pero llamemos a las cosas por su nombre. El polen viene siendo el esperma de las plantas, con dos espermatozoides por grano. Fue el truco evolutivo que transformó el mundo, haciendo posible el sexo entre dos plantas desconocidas.

Pero en los comienzos, el éxito no se daba por completo. El polen se dejaba llevar por las ráfagas de viento con la idea de que unos pocos granos alcanzaran su objetivo.
El objetivo de miles de millones de granos de polen es el primordio seminal desnudo (la futura semilla) de otra planta de la misma especie. Allí, el grano de polen empieza a desarrollar un tubo que pone en contacto el espermatozoide con la ovocélula del primordio (célula sexual femenina). Si el polen cae sobre una especie diferente o sobre una planta demasiado débil o vieja, el tubo polínico no se forma, así de sabias son las plantas. Pero de vez en cuando lo consigue, y entonces uno de los dos espermatozoides fecunda la ovocélula e inicia el desarrollo de una semilla viable. El simple hecho de que existan plantas da fe del éxito relativamente frecuente en ellas.
Con el tiempo, los animales empezaron a llevar el polen de una flor a otra con más eficacia que el viento. Las flores desarrollaron entonces muchos colores y el suculento néctar, un premio añadido. Los animales llegaron por millares.

Mantener la riqueza y variedad de los polinizadores es primordial para que las plantas sigan reproduciéndose. Es especialmente necesario que las abejas sigan gozando de una perfecta salud y su existencia no se vea amenazada ya que son los polinizadores más importantes.
Las abejas se han convertido en los principales insectos polinizadores de polinización cruzada. De ahí la importancia de estos insectos en la continuidad de la vida vegetal.
La muerte de abejas en los últimos años, especialmente por depredadores de abejas, como el avispón europeo, y el uso de insecticidas, supone un peligro para la continuidad de numerosas especies vegetales.
Es de vital importancia la conservación de estos insectos a través de estudios sobre los enemigos de abejas que permitan resolver los problemas que supone su disminución.
