
Ismael Vidales Delgado
Hace mucho tiempo que don Miguelito olvidó su apellido, pero aún recuerda que una ocasión su hijo lo llevó a la iglesia y lo abandonó, habían ido en busca de un milagro para su bronquitis, pero otra era la intención de su ingrato vástago. No obstante, don Miguelito no pierde las esperanzas de que un día su hijo pase a recogerlo debajo del puente donde ahora vive, si a eso se le puede llamar vivir.
Don Miguelito es sólo uno de los muchos ancianos que año con año incrementan las cifras de abandonados por sus familiares en cualquier punto de la ciudad. Muchos de ellos fueron ingresados con datos falsos a los centros de salud de emergencia. Muy pocos volverán con su familia, cuando sea localizada por las autoridades, pero sólo encontrarán de nuevo rechazo y maltrato.
Los familiares recurren al abandono, porque es la manera más fácil de deshacerse de los ancianos. Desgraciadamente esta práctica es más común de lo que las estadísticas nos muestran. Cada año son más y sólo en muy contadas ocasiones se ha podido proceder jurídicamente contra los familiares que fueron localizados y que se rehusaron a recibir a sus parientes nuevamente.
Para una familia que abandona, los adultos mayores representan una carga emocional, económica y social que les impide continuar su vida como ellos quisieran; por eso cuando se enferman, es su oportunidad de deshacerse de ellos, abandonándolos en los hospitales, donde los internan, para no regresar.
Muchos son dejados en asilos de dudosa calidad humana, los ancianos internados sufren maltrato físico y psicológico. Algunos, como don Miguelito guardan bien sus recuerdos de la memoria remota y eventualmente los confunden con el presente, por eso no pierden la esperanza de que sus familiares volverán. Lo cierto es que un día lo dejaron sentado en una banca de la iglesia y nunca regresaron por él.
Algunos son transferidos de un hospital a otro, porque nadie sabe qué hacer con ellos. Mientras cientos de indigentes que una vez tuvieron familia, hoy simplemente son seres perdidos cuya única familia está formada por otros indigentes alcoholizados, cargados de dolencias y de hambre.
Don Miguelito busca afanosamente a su hijo que un día lo llevó al templo para pedirle a la virgen que lo sanara de su bronquitis pero el milagro no llegó, ni su hijo tampoco.
Esta es una historia de ficción, pero te invito a reflexionar sobre el aumento en que va el abandono y maltrato a los ancianos. ¿Vive en tu casa uno o varios familiares ancianos? ¿Te parece que los ancianos “dan mucha lata” y deben terminar sus días en un asilo? ¿Qué piensas de las personas que se deshacen de sus familiares ancianos como lo dice el relato? ¿Qué harás con tus ancianos el día que enfermen, pierdan sus facultades físicas y mentales y se vuelvan “una lata” para la familia? ¿Qué puedes decidir de la forma como estás tratando a “tus viejos”?
No olvides que la gente buena cuando se muere sólo deja una piel vacía, porque en vida lo dio todo.
