
MEC Gisela Aguilar Martínez
La palabra placenta proviene del latín, y significa “torta circular”. Es un órgano de apariencia viscosa, con una forma más o menos circular que existe única y exclusivamente en las mujeres embarazadas o en el caso de los animales, hembras preñadas. Es decir, que crece durante la gestación y es expulsado en el parto trás el nacimiento del bebé o producto. En las mujeres mide unos 25 centímetros de diámetro, tiene un grosor de 2,5 centímetros y pesa alrededor de medio kilo.
La placenta es el órgano más importante para el bebé, ya que es el que le mantiene vivo hasta su nacimiento. Le suministra alimento, oxígeno y le facilita la excreción (elimina los deshechos que produce él bebe). Se aloja en la cara interna del útero y está en contacto directa con la sangre de la madre.
La placenta nace a partir de las mismas células de las que nacerá el bebé: del óvulo y el espermatozoide. Empieza a formarse a partir de la segunda semana de embarazo y tiene dos componentes: uno de ellos es una porción fetal y la otra es una porción materna.
La placenta es un órgano cambiante según el mes en el que se encuentre, se podría decir que evoluciona a lo largo del embarazo, desde que se implanta (en la segunda semana del embarazo) hasta el final del mismo. Podríamos decir que es un órgano que nace, crece y muere.

La placenta recibe todos los nutrientes que transporta la sangre de la madre. Él bebe los recibe través del cordón umbilical. Es el que une a su vez al bebé con la placenta. El cordón umbilical es una estructura que es un conducto vascular por donde circulan los nutrientes y el oxígeno desde la placenta hasta el bebé, y por donde retornan los deshechos y dióxido de carbono desde el bebé a la placenta. En ningún momento se mezclan la sangre del bebé y la de la madre.
Se podría decir que la placenta es un órgano casi perfecto por la cantidad de funciones que realiza durante el embarazo. Entre ellas están la de posibilitar la circulación de oxígeno, aminoácidos, grasas y glucosa entre la madre y el bebé; consigue eliminar los deshechos del bebé y purificar su sangre; es capaz de generar hormonas que transformen el metabolismo de la madre para asegurar el correcto desarrollo del embarazo, a su vez consigue que el sistema inmunitario de la madre no considere al feto como ‘un intruso’ al que hay que eliminar, le protege; funciona como barrera para frenar sustancias nocivas para el bebé, como los virus, parásitos o bacterias; también ofrece protección física: junto con la bolsa de líquido amniótico, ofrecen al bebé un lugar acogedor y seguro, con una temperatura constante y protección ante golpes externos o cambios bruscos de temperatura.

