
MEC Gisela Aguilar Martínez
La misofonía es una condición en la cual una persona presenta una alteración intensa y negativamente a pequeños sonidos que la mayoría de las personas no se dan cuenta o no les presta atención como por ejemplo el sonido de masticar, toser o masticar chicle.
Este comportamiento puede dificultar la relaciones interpersonales, debido a que sonidos como toser o estornudar no pueden ser evitados y, por esto quienes padecen misofonía puede comenzar a evitar estar con quienes hagan estos sonidos más frecuentemente.
Estos son los sonidos más comunes que provocan estos sentimientos negativos relacionados a la misofonía son: beber, masticar, eructar, besar, bostezar o cepillarse los dientes; ronquidos, estornudos o respiración ruidosa; susurrar, voz áspera o el uso repetido de palabras; sonido que producen las teclas, televisión prendida, el sonido cuando se pasan las páginas de un libro o el ruido del reloj funcionando; perro ladrando, pájaros volando o animales tomando agua o comiendo.

En algunos casos se presentan los síntomas solamente cuando escuchar uno de estos sonidos, mientras que otras pueden tener dificultad para tolerar más de un sonido.
Este tipo de comportamientos pueden provocar síntomas físicos como aumento de los latidos cardíacos, dolores de cabeza, problemas en el estómago o dolor en los maxilares.

La condición de misofonia se da cuando las ondas sonora vibran en los huesos del oído se transforman posteriormente en señales eléctricas que viajan por el nervio auditivo hasta el cerebro. La señal llega al tálamo, una parte del cerebro que actúa como un conmutador central de información sensorial. Desde aqui, la señal sigue dos caminos diferentes, uno que es a la amígdala, que se encuentra profundamente en el cerebro y que está involucrado en el procesamiento de las emociones como el miedo y el placer. La otra ruta es más larga y va primero a la corteza prefrontal medial antes de llegar a la amígdala. La corteza prefrontal medial es una parte más avanzada evolutivamente del cerebro que puede regular las emociones y permitir una interpretación más exigente de una situación. Los especialistas consideran que en las personas que padecen misofonia no hay participación de esa ruta más larga y que por eso reaccionan automaticamente ante ciertos ruidos.
Aun no existe un tratamiento específico por lo que la condición todavía no tiene cura, pero hay algunas terapias que pueden ayudar a la persona a tolerar los sonidos con mayor facilidad.

Los psicólogos recomiendan terapias como la Terapia cognitivo-conductual, donde el especialista ayuda a la persona a sustituir los sentimientos negativos que se sienten al oír determinados sonidos. Otras alternativas incluyen añadir otros ruidos en el ambiente para disfrazar los sonidos irritantes o utilizar tapones de oído para reducir la sensibilidad al sonido.
En casos más severos, puede ser necesario recurrir a un psiquiatra para tomar medicamentos para la depresión o ansiedad como Fluoxetina, Sertralina o Escitalopram.
