
MEC Gisela Aguilar Martínez
Cuando el calor del verano se hace sentir, cuesta más trabajo conciliar el sueño, el mal humor, la ansiedad y el cansancio aparecen poniendo los nervios de punta. Se podría decir que estos efectos son normales y a la vez más frecuentes, ya que cada año las temporadas de calor hacen que los termómetros no paren de romper récords, pero las previsiones no son nada alentadoras, ni en lo que se refiere a las temperaturas ni a los efectos en la salud. Se predice que la temperatura aumentará entre 3 y 5 grados durante el siglo XXI, según la Organización Meteorológica Mundial, y el cambio climático traerá consecuencias en la salud mental. En realidad, no hay que esperar para ver estas consecuencias porque ya se está mostrando.
Conforme aumenta la temperatura ambiente, la salud mental se ve deteriorada durante un mes particularmente caluroso hay más suicidios y las personas mandan mensajes con sentimientos más depresivos.

Cuando se da un incremento de las temperaturas, se alteran los patrones del sueño, empeora el estado de ánimo, se reducen los hábitos saludables como hacer ejercicio, aunque todavía no se conocen las causas exactas de las variaciones en el clima en la salud. Una explicación fisiológica a estas variaciones seria la forma en que trabajan los neurotransmisores como la serotonina, que regula la emoción y la temperatura corporal, parece estar detrás de estos cambios. En el cuerpo, los procesos fisiológicos están regulados por los factores ambientales, y el cambio climático genera cambios en la homeostasis, rompe nuestro equilibrio con el entorno convirtiéndose en una fuente de estrés. Todo ello incide especialmente en poblaciones más vulnerables como las personas mayores, dependientes o quienes tienen algún problema mental. La Organización de Naciones Unidas ha incluido ya la salud mental entre sus indicadores para analizar el impacto del cambio climático.

La vinculación del cambio climático con el deterioro de la salud mental apunta a que en épocas con variaciones importantes del clima como por ejemplo la lluvia por encima de lo normal o temperaturas altas poco habituales, las consultas por trastornos mentales se incrementan.
Para llegar a esta alarmante conclusión, se analizaron datos de dos millones de personas entre 2002 y 2012 en el país norteamericano, lo que les permitió establecer una relación entre el aumento de las temperaturas y el incremento de problemas como la ansiedad, el estrés y la depresión.
Cambios climáticos como sequías, tormentas, inundaciones y otros desastres se hacen más frecuentes el papel de afecciones en la salud mental, que precisa un cuidado más atento de lo que a veces pensamos. Sus consecuencias se traducen en traumas que se hacen aún con mayor fuerza cuando obligan a las personas a desplazarse dentro de su propio país o a emigrar a otro. Cuando suceden estos casos surgen problemas de pérdida de identidad personal y profesional, sentimientos de impotencia y miedo, ausencia de autonomía, así como también aparecen dolencias como la llamada solastalgia, este fenómeno que se caracteriza por un sentido de desolación y pérdida parecido a lo que experimentan personas obligadas a migrar de su entorno familiar.
Los cambios climáticos extremos no solo alteran ecosistemas, afectan la producción de alimentos y el suministro de agua, dañan infraestructuras y asentamientos humanos, también tienen consecuencias para la salud mental y el bienestar humano.

Estos cambios puede considerarse una fuente adicional de estrés a las preocupaciones cotidianas, ya que la más rápida destrucción del planeta inquieta a una ciudadanía a la que la pérdida de biodiversidad, los grandes incendios o la desaparición de especies afectan de una u otra manera. A esta preocupaciones se le conoce como ecoansiedad o ansiedad climática, a la que se define como el miedo crónico a la destrucción medioambiental lo cual sucede porque una persona empatiza con ese sufrimiento del planeta bien porque ha vivido una situación directa de catástrofe ambiental.
