
MEC Gisela Aguilar Martínez
Los problemas de ansiedad son unos de los principales detectadas en las clínicas de psicología. Los problemas de este tipo pueden interferir en todos los ámbitos de nuestra vida, incluyendo nuestros hábitos alimenticios.
Cuando los pacientes acuden a un centro de nutrición, se deja entre ver que detrás de estos malos hábitos alimenticios hay algún tipo de alteración emocional, en donde la ansiedad tiende a ser un factor principal.
A muchos les ha pasado que comen algo sin saber por qué, sienten que te resulta muy difícil controlar la ansiedad por comer aun sabiendo que no se debería. La clave es dejar de escuchar al estómago y preguntarse qué emoción hay detrás.

Si las costumbres y conductas relacionadas con la alimentación están condicionadas por el estado de ánimo, en este caso un estado de ánimo ansioso, se puede hablar de alimentación emocional. Estas rutinas también puede verse afectadas por otros humores, como la tristeza
Cuando hay ansiedad, se sienten preocupaciones o miedos, el cerebro lo que hace es buscar respuestas para reducir esas emociones de inseguridad. Y una de los efectos más primitivos es el falso alivio es a través de la comida. Pero cuando el estómago se vacía, vuelve la ansiedad y el problema sigue ahí.
En el momento en el que se ingiere algo, el mensaje que recibe nuestro cerebro es que ya se sacio el hambre; la sangre va hacia el estómago y nos calma. .
En el caso de las personas con baja autoestima y demasiadas inseguridades y se siente incertidumbre o la sensación de vacío, el primer impulso son las ganas de comer. En el caso contrario, cuanto aumenta la autoestima y la confianza, el sentimiento es de seguridad y satisfacción.
Es por eso que las emociones tienen más importancia de lo que se imagina, en casos de ansiedad por comer o cualquier otro tipo de trastorno alimenticio. No es cuestión de quitar el apetito, sino entender realmente por qué el cerebro lanza esos mensajes equívocos y responder a la pregunta de por qué tengo ansiedad.

En otros casos cuando se tienen ataques de hambre sin saber por qué, no se piensa en alimentos sanos, sino por el contrario, lo menos que se imagina es en preparar una ensalada porque se busca el placer rápido, y se recurre a cosas fáciles, calóricas y con tendencia al azúcar.
Y regularmente cuando pasa esto comemos sin apetito porque no existe una necesidad real y fisiológica de comer. Lo que se hace es aliviar una necesidad psicológica.
Para detectar las causas se pueden hacer preguntas como: ¿por qué tengo ansiedad realmente? ¿En qué momentos sucede? ¿Es justo después cuando me pongo a comer? ¿He llegado hasta el punto de tener algún ataque de ansiedad?
Si las respuestas coinciden con las visitas a la cocina seguramente serán momentos de estrés y exceso de preocupación.
Cuanto se está mejor emocionalmente hablando, cuanto más se aumente la confianza y más se crea en uno mismo, todo fluirá como debe. Ese será el mejor de los remedios para mejorar en todos los aspectos de tu vida.

