
MEC Gisela Aguilar Martínez
Pertenecemos a un club exclusivo: el de los animales que reconocen su propio rostro en el espejo. Además de nosotros, los únicos que demostradamente se reconocen a sí mismos son los grandes simios, el elefante asiático, la urraca común y el delfín mular. Con solo siete meses de edad los delfines ya posan, hacen piruetas y presionan el ojo contra el espejo para observar su reflejo. Los humanos son los únicos animales conocidos que expresan consternación al contemplar su imagen reflejada.
La cara es considerada un órgano maravilloso pero esto se olvida al querer encontrar imperfecciones como arrugas, líneas de expresión, etc. Es la parte más distingue de otro ser humano, es un misterioso mosaico de lo físico y lo psíquico. Expresa las emociones, comunica los significados, lleva a cabo funciones básicas necesarias para la vida y permite experimentar el mundo a través de los sentidos.

Desde etapas tempranas de la vida, el ser humano nace buscando rostros. Los recién nacidos se giran hacia ellos en los primeros momentos de su vida fuera del útero de la madre. Los bebés observan expresiones, reaccionan a ellas y las imitan como si fuese la misión que tienen asignada. Desde el punto de vista evolutivo, la cara ha permitido al humano hacerse un animal social.
El rostro reflejado en un espejo es la imagen que se asocia a la consciencia interna del yo, a quiénes somos y el lugar que ocupamos en el mundo. El rostro demuestra la cultura en donde en algunas se oculta, la destacan con tatuajes, perforaciones y escarificaciones. En la modernidad, el rostro suele ser un espacio en blanco que puede ser manipulado con cirugía estética, inyecciones y técnicas complejas de maquillaje. Al envejecer, el rostro cuenta la historia de toda una vida. Es traer del pasado a nuestros ancestros y ver el futuro de la descendencia.

Las emociones que expresa en el rostro, son adaptaciones evolutivas o conductas sociales aprendidas. Los seres humanos, en todas las culturas, reconocen manifestaciones faciales específicas asociadas con las emociones básicas: ira, asco, miedo, alegría, tristeza y sorpresa.
Además de mostrar (u ocultar) emociones, la cara enriquece la capacidad de comunicación lingüística. Sonreír, guiñar el ojo, hacer muecas, las expresiones faciales mientras se dialoga.
El rostro cuenta con 43 músculos miméticos con los que se expresan emociones y se articulan las palabras. Son cuatro grandes músculos a cada lado de la cara para mover las mandíbulas y complejos músculos linguales que ayudan a tragar y a hablar. La cara también se compone de capas de vasos sanguíneos, nervios sensitivos y motores, cartílago, hueso y grasa. Los nervios craneales controlan los músculos motores y transmiten información sensorial al cerebro, permitiéndonos ver, oler, gustar y sentir con la piel.
El rostro es la presentación de un individuo ante el mundo, otras personas, los animales y el espejo. Identidad propia que al ser dañada tendría una segunda oportunidad con un trasplante de cara, el cual en la actualidad ya es posible teniendo una cuenta de 39 cirugías de este tipo.

