
MEC. Gisela Aguilar Martínez.
En las últimas décadas, se han hecho grandes descubrimientos en relación con cómo la dieta influye en la salud. Esto es especialmente cierto cuando se trata del azúcar. Todos sabemos que el exceso de azúcar es perjudicial. Puede causar obesidad, diabetes y caries. Además del daño que causa a nuestro cuerpo, también afecta al cerebro. Sabemos que la ingesta de cantidades exageradas de azúcar afecta al cuerpo y comportamiento.
Es algo complejo renunciar a los postres y caprichos, pero cuando se entiende cómo y por qué, se ve que el cambio es posible. En tiempos remotos, cazadores y recolectores tenían que trabajar duro para nutrirse adecuadamente. Con la evolución, se empezaron a apreciar los alimentos dulces por ser, normalmente, importantes fuertes de energía. Además, quienes conseguían alimentos de alta densidad calórica, tenían más posibilidades de sobrevivir.
Las personas tienden a rechazar los sabores agrios o amargos, ya que podrían indicar que el alimento está estropeado. Cuando se ingieren alimentos dulces, se dispara una reacción química en el cerebro relacionada con el sistema de recompensas, ya que se libera dopamina.
La liberación de dopamina se interpreta como una señal de estar viviendo una experiencia positiva. Por lo tanto, la dopamina impulsa a repetir la dosis de azúcar. Esta sustancia solía reforzar conductas que eran buenas para la supervivencia. Está claro que los antecesores prehistóricos necesitaban comer alimentos ricos en azúcar para sobrevivir. No obstante, la gente no tenía acceso a tantas comidas dulces como el día de hoy.
Actualmente, el cuerpo no ha cambiado demasiado en comparación al de épocas pasadas, pero la dieta, sí. Se cuenta con un fuerte sistema de recompensas que refuerza el deseo de azúcar, pero actualmente perjudica más de lo que nos ayuda.
La dieta moderna incluye una cantidad excesiva de comidas azucaradas, lo cual da lugar a una enorme variedad de problemas de salud. Es difícil luchar contra el instinto de consumir más y más. Es importante entender cómo responde el cerebro al consumo de azúcar para poder controlarlo.

El cerebro es flexible y se remodela y se reconfigura continuamente. Este proceso se llama neuroplasticidad o plasticidad neuronal y también puede darse en el sistema de recompensas.
El consumo frecuente de alimentos azucarados hace que el sistema de recompensas del cerebro se active una y otra vez. A través de la neuroplasticidad, el cerebro se adapta a su frecuente estimulación y desarrolla una especie de tolerancia.
Cuando se desarrolla tolerancia, se necesita consumir más y más para experimentar el mismo nivel de placer. Esto ocurre con las drogas peligrosas, pero también con el azúcar.
La adicción a la comida es un tema controvertido entre los científicos y médicos. A pesar de que cosas como el azúcar activan el mismo patrón neuronal que algunas sustancias ilegales adictivas, es difícil decir si puede surgir una adicción a algo que realmente es necesario para la supervivencia.
Investigaciones hechas en ratones muestran que las personas que llevan una dieta alta en azúcar tienen más dificultades para controlar su comportamiento y tomar decisiones. Esto sugiere que la ingesta de azúcar no solo activa el sistema de recompensas, sino que también reduce la capacidad para controlar los impulsos y tomar buenas decisiones.
Con el objetivo de recuperar el control y superar los impulsos de consumir azúcar, se debe inhibir la respuesta natural del cuerpo.

El córtex o corteza prefrontal es una zona del cerebro que es responsable de la toma de decisiones, del control de los impulsos y de retrasar la gratificación. Si se practican y se refuerzan comportamientos como el control de los impulsos, se construiran más neuronas inhibitorias en esta parte del cerebro, reforzando la capacidad para controlar los antojos de azúcar.
Estudios han revelado que la capacidad de recordar disminuye con la ingesta de azúcar porque este ingrediente reduce el número de neuronas nuevas del hipocampo, que son esenciales para procesar los recuerdos.
Algunas investigaciones también sugieren que la excesiva ingesta de azúcar puede causar inflamación y problemas de memoria. Las pruebas arrojan resultados que, al reducir la ingesta de azúcar y aumentar la de ácidos grasos omega3, la memoria mejora.
La ingesta de azúcar también afecta al humor, incluso en personas sanas, ya que los niveles altos de glucosa en sangre disminuyen la capacidad de procesar las emociones.
Los beneficios de reducir la ingesta de azúcar están claros. La pregunta es ¿cómo resistir a la tentación de consumirlos?
El cerebro está programado para desear la cantidad de azúcar que actualmente sueles ingerir. Sin embargo, si se reduce la cantidad de azúcar en la dieta, el cerebro se adaptará gracias a la neuroplasticidad.
Según se reduzca la cantidad de azúcar que se ingiere, también se mejora la memoria y el control de los impulsos. Al principio, es difícil, pero los antojos se reducirán y el autocontrol mejorará.

