
MEC Gisela Aguilar Martínez
Las erupciones volcánicas también tienen consecuencias climáticas y medioambientales, la pregunta es ¿hasta qué punto afectan al cambio climático?
La expulsión de grandes cantidades de magma fuera de la corteza terrestre podría traducirse en un aumento súbito de las temperaturas. Pero la realidad es algo más compleja. Si bien es cierto que los volcanes expulsan a la atmósfera gases de efecto invernadero, como el CO2, cabría recordar que también desprenden otro tipo de gases cuyo efecto es el contrario.
Las cenizas caen rápidamente desde la estratosfera y tardan días o semanas en ser eliminadas, no tienen efectos notables sobre el clima, aunque teniendo un efecto negativo en la biodiversidad. En algunos casos de erupciones, se tienen satos que han provocado una elevada contaminación en los mantos acuíferos y una rápida proliferación de plancton en el océano, aunque no se detectaron consecuencias notables ni en el clima, ni en la región, ni en el planeta a escala global.

Y es que, si bien es cierto que los volcanes expulsan a la atmósfera grandes cantidades de CO2, también arrojan otros gases volcánicos, como el dióxido de azufre (SO2).
El principal impacto de las erupciones en el clima está relacionado con la conversión de ese dióxido de azufre en ácido sulfúrico (H2SO4), un componente que se condensa rápidamente en la estratosfera para formar una capa de aerosoles que reflejan la radiación del Sol hacia el espacio, contribuyendo así al enfriamiento de la troposfera, la capa más baja de la atmósfera terrestre. Dichos aerosoles se instalan en las capas medias y altas de la atmósfera terrestre, provocando un descenso brusco de las temperaturas que pueden llegar hasta los 2 grados centígrados.
A lo largo del siglo pasado se han producido distintas erupciones que han provocado un pronunciado descenso de la temperatura media de la Tierra. En el caso del volcán Pinatubo, en Filipinas, producida el 15 de junio de 1991, se calcula que formo una nube de dióxido de azufre de hasta 20 millones de toneladas a la estratosfera. También está el caso de la fisura de Laki, en Islandia, que duró ocho meses, entre 1783 y 1784, y que se calcula que liberó grandes cantidades de dióxido de carbono. Al parecer, las dos erupciones fueron muy distintas, es muy probable que haya provocado episodios de enfriamiento.

Es muy probable que el dióxido de azufre liberado en las erupciones volcánicas contemporáneas haya causado ocasionalmente un enfriamiento global detectable de la atmósfera inferior, el dióxido de carbono desprendido en las erupciones contemporáneas no ha causado un calentamiento global detectable. Las investigaciones demuestran que las emisiones globales de dióxido de carbono volcánico tanto de volcanes superficiales y submarinos actuales, liberan menos de un porcentaje del dióxido de carbono que las actividades humanas.
Diversos estudios hablan que la tasa de emisión global de CO2 de todos los volcanes terrestres y submarinos sitúan las emisiones de estos fenómenos dentro de un rango de 0,13 a 0,44 gigatoneladas a por año. Se calcula que en 2019 la emisión antropogénica de CO2 alcanzaron más de 30 gigatoneladas CO2 , una cantidad casi 70 veces superior.

Se menciona que la erupción del Monte Saint Hellens en 1980 expulsó a la atmósfera aproximadamente 10 millones de toneladas de CO2 en 9 horas, una cantidad que la humanidad puede llegar a expulsar en mucho menos tiempo, alrededor de unas 2,5 horas. Además, las grandes erupciones como las del Saint Hellens son esporádicas, mientras que la actividad antropogénica se desarrolla sin pausa.
En conclusión, se podría decir que los volcanes contribuyen a expulsar gases de efecto invernadero (responsables del calentamiento global), aunque en una proporción mucho menor de la que hace la sociedad. Son las personas, y no los volcanes, los responsables de la emergencia climática.

