El intestino como un segundo cerebro

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MEC. Gisela Aguilar Martínez

El sistema nervioso entérico, encargado de controlar el sistema digestivo, esconde multitud de secretos sorprendentes. Este «segundo cerebro» aporta nuevas pistas sobre cómo tratar el síndrome del intestino irritable y otros trastornos digestivos.

Este sistema (SNE) tiene una subdivisión de sistema nervioso encargado de controlar directamente el sistema digestivo. El SNE es un sistema local, organizado y con capacidad de operar de manera autónoma compuesto por una red de unos 100 millones de neuronas.

Dicho sistema es notablemente independiente: los intestinos podrían realizar muchas de sus tareas habituales incluso si de alguna manera se desconectaran del sistema nervioso central. La cantidad de células especializadas del sistema nervioso (neuronas y células de glía) que viven en el intestino de una persona, se pueden encontrar en el cerebro de un gato. Es por eso que se menciona que se tiene un segundo cerebro en el intestino debido a la extensa red de neuronas y células de glía que recubren el sistema digestivo.

Las células más conocidas del sistema nervioso son las neuronas encargadas de conducir las señales eléctricas dentro del mismo. Las células de la glía, por su parte, no son eléctricamente activas, lo que ha hecho que para los investigadores resulte mucho más difícil descifrar cuál es su función. Así que una de las teorías que proponen los investigadores es que las células gliales brindan un apoyo pasivo a las neuronas.

Las células gliales ahora han demostrado un papel mucho más activo en el sistema nervioso entérico de lo que se pensaba las investigaciónes revelan que la glía actúa de una manera muy precisa para influir en las señales transportadas por los circuitos neuronales; situación que ha favorecido el desarrollo de nuevos tratamientos para enfermedades intestinales que afectan a gran de la población.

Analógicamente, si se piensa en este segundo cerebro como en un ordenador, la glía serían los chips que trabajan en la periferia, son una parte activa de la red de señalización, pero no funcionan como las neuronas, si no que actúan modulando o modificando la señal.

Muy aparte de dicha analogía, la glía funciona de un modo integral para asegurarse de que las cosas funcionen sin problemas y su actividad resulta más importante de lo que los científicos entendían con anterioridad. Esta investigación muestra una imagen más completa, aunque más compleja, de cómo funciona el sistema nervioso entérico, y esto también crea nuevas oportunidades para tratar potencialmente los trastornos intestinales.

Tratar de desentrañar el papel de la glía en el sistema digestivo podría conducir hacia nuevas formas de tratar algunas enfermedades, por ejemplo, el síndrome del intestino irritable, una condición dolorosa que actualmente no tiene cura y afecta a entre el 10% al 15% de los estadounidenses.

La glía también podría estar involucrada en otras afecciones de salud, por ejemplo, los trastornos de la motilidad intestinal, como son el estreñimiento, y una afección poco común conocida como pseudo-obstrucción intestinal crónica. Actualmente, no hay una causa conocida para esta enfermedad. Las personas desarrollan lo que parece una obstrucción en el intestino, solo que no hay obstrucción física, solo hay una sección del intestino que deja de funcionar.

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