Por Francis Fukuyama | Financial Times
(Tomado de Courrier International. Traducción de Félix Ramos Gamiño)
Hace ya varios meses que yo fabrico mi propio dron de vigilancia. Mi aparato es un cuadricóptero teledirigido –un pequeño helicóptero de cuatro rotores, que tiene la apariencia de una X voladora-, dotado de una cámara de video, que envía imágenes en directo a mi computadora portátil, y transmite igualmente los datos telemétricos (altura, velocidad, posición y situación geográfica), que recibe de un GPS. Pienso equiparlo con un sistema de pilotaje automático, que le permitirá desplazarse entre dos puntos señalados por el GPS, sin que tenga yo que intervenir.
UNA TECNOLOGÍA ACCESIBLE
Después de haber oído hablar del RQ-11 Raven, del ejército de los Estados Unidos, decidí que yo también necesitaba uno. Este aparato, fabricado por una compañía denominada AeroVironment, no es otra cosa que un avión teledirigido, que uno hace despegar lanzándolo al aire. Es capaz de enviar videos a los soldados en tierra, a fin de que sepan, por ejemplo, si hay enemigos ocultos tras un obstáculo que se encuentra ante ellos.
Y no es que haya muchos terroristas en el barrio donde vivo, cerca de la Universidad Stanford, en California; por otra parte, no he sido tan malo en la práctica de la fotografía amateur, y pensé que un dron añadiría, literalmente, otra dimensión a mis tomas. Así, yo podría, por ejemplo, fotografiar los bosques de secuoyas no solamente desde el suelo, sino por encima de las copas de los árboles. Una vez dicho esto, y ahora que ya he comenzado, el dominio de la tecnología se ha impuesto sobre los motivos artísticos.
Me he quedado sorprendido por todo lo que pueden hacer los drones de aficionados; y, de hecho, existe un gupo de apasionados, conocido como DIY Drones [Do it yourself Drones –Drones hechos por uno mismo], que cuenta con más de 20 mil miembros, que se dedican a crear nuevos sistemas de control y lograr que esta tecnología sea accesible para todos.
