Cuando la perfección nos lleva a la autoexigencia

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Cinthya Araiza

Los seres humanos tendemos a exigirnos más de lo que podemos dar. La autoexigencia es pues, una manera perfeccionista que puede derivar en estrés y baja autoestima. Los expertos creen que nos autoexigimos para evitar cometer errores, algo que es imposible y el intento mismo es agotador. Fijarse objetivos muy altos, tanto que para concretarlos resultaría difícil, se debe dedicar mucho tiempo y energía y hacerlo además elevaría el nivel de tensión, suena característico de alguien perfeccionista. Detectar pequeños detalles, ser muy selectivo y percibir ó evadir los defectos y errores son característicos de alguien perfeccionista. Las personas así, suelen no darse cuenta de esto, sin embargo quienes les rodean sí lo notan, además de que sus propios logros parecen siempre insuficientes.

Los psicólogos hablan de padecer el perfeccionismo, es como una enfermedad y en ocaciones una adicción. Frustrarse al no poder realizar tal o cual meta trae como consecuencia que  la persona sufra de una baja autoestima al no creerse capaz; se auto reprocha, hay desaprobación ó decaída del ánimo.  Si esto se repite, a veces la persona preferiría no tomar nuevos desafíos ó metas para no sentirse mal, se vuelve un círculo vicioso haciendo que su vida sea más monótona y rutinaria.

Ser perfeccionista es contraproducente para el ser humano y no estoy diciendo que no sea bueno esforzarse por hacer bien las cosas, sino que es válido equivocarse y entender que existen nuevas posibilidades ó maneras de llegar a un objetivo. La simple idea de perfección es imposible!  El valor de una persona no depende necesariamente de cuantos logros ó éxito tenga en su vida; el éxito no es medible, es una variable que cada quien se atribuye a sí mismo. Si bien es verdad que la tendencia del ser humano es a ser aceptado y valorado pues es un ser social y espera ser bien visto por la sociedad que le rodea. La clave es entender que se vale equivocarse… esto es ganancia, y más si se entiende que es parte del proceso de aprendizaje; se aprende por ensayo y error. La mayoría de los errores que cometemos a diario no tienen consecuencias irreversibles ni trágicas, entonces lógicamente, se pueden remediar.

A pesar de que a la gran mayoría de las personas nos fastidia hasta cierto punto equivocarnos y un error acaba por echar a perdernos el día, es necesario reconocer el esfuerzo, mirarnos con cariño sin castigarnos pues bien es cierto que de los errores se aprende. Vale la pena ser entonces más realistas con nuestros objetivos y proyectos y diferenciar entre lo real y lo ideal. Durante el día hacemos miles de actividades, porque no centrarse en las cosas buenas que nos pasen.

No está mal desear ser excelentes siempre y cuando no se pierda el sentido de lo que se realiza y se adecue a las posibilidades, recursos y límites para llevar a cabo dicho objetivo. Es mejor estar atento al proceso que a los resultados.

La licenciada en psicología, Gisela Holc recomienda contestar 3 preguntas para detectar si se es autoexigente:

  1. ¿Necesito ser mejor en todo?
  2. ¿Reviso repetidas veces algo que ya terminé?
  3. ¿Tiendo a posponer aquellas actividades en las que creo que no tendré éxito?

Si se respondió “sí” a a las 3 preguntas, entonces es autoexigente…

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