Doctor Mario César Salinas Carmona
La importancia de la inmunología en las enfermedades de la piel es un tema relativamente reciente, ya que tradicionalmente no se le consideraba parte del sistema inmunológico. En los últimos años, sin embargo, ha quedado claro que la piel juega un papel fundamental en el control de infecciones, de tumores etcétera…
Como en casi todas las enfermedades, las que afectan la piel también se acompañan de inflamación, y la respuesta inmune reacciona ante cualquier agente agresor que la afecte. La piel es el órgano más grande del cuerpo; es responsable de la vigilancia inmunológica en los tejidos normales (no inflamados), y se sabe que contiene un complejo de células asociadas al sistema inmune. De este modo, la piel representa una línea de defensa y una barrera mecánica para protección contra agresiones físicas, químicas y microbiológicas, así como contra las radiaciones ultravioleta.
La piel está dividida por dos capas firmemente adheridas entre sí: la capa exterior, llamada epidermis (capa externa de la piel), y la dermis, soporte de la epidermis. En estas regiones existen una gran cantidad de células inmunológicas y de mediadores químicos, que participan en la respuesta inmune del huésped.
INTEGRIDAD DE LA PIEL
La integridad de la piel y de las mucosas es de gran importancia, ya que, además de representar una defensa mecánica contra la invasión microbiana, también contribuye con la producción de ácidos grasos, los cuales tienen efecto bactericida, proporcionan un pH ácido, y producen péptidos antimicrobianos. Cuando la producción de estos péptidos antimicrobianos es deficiente, la piel está expuesta a infecciones bacterianas y por hongos.
De este modo, el inmunológico es un sistema de vigilancia o protección, cuyo objetivo principal es actuar contra toda sustancia extraña a nuestro organismo, principalmente contra los microorganismos patógenos. En el caso de las infecciones de la piel causadas por agentes patógenos (virus, bacterias, hongos o parásitos) éstas se presentan cuando las células o moléculas del sistema inmune están disminuidas o afectadas.
Existen enfermedades en que la respuesta inmune que se produce contra algún agente extraño es exagerada o excesiva, a tal grado, que puede causarnos daño. A este tipo de respuesta inmune se le conoce como reacción de hipersensibilidad. Tal es el caso de ciertas enfermedades de la piel, en que la reacción de hipersensibilidad se desencadena debido a ciertos agentes del medio ambiente, llamados alérgenos, los cuales no son patógenos, pero resultan extraños a nuestro sistema inmune y desencadenan una respuesta alérgica.
En este tipo de respuesta, el huésped reacciona excesivamente, y desarrolla enfermedades alérgicas. En el caso de la piel, existen enfermedades de este tipo; por ejemplo, la urticaria, cuya condición es un síndrome o conjunto de signos o síntomas que presentan los pacientes, en que se ven afectadas la piel y las mucosas. Esta reacción se caracteriza por edema y ronchas circunscritas a la dermis, y dura algunas horas. Se puede originar después de la ingestión de algún medicamento o alimentos, como mariscos, chocolate o huevo.
Existen algunos alérgenos inhalados, como el polvo de casa y el polen, por decir algunos, y finalmente existen otros, presentes en insectos o artrópodos, cuya picadura desencadena este tipo de enfermedad.
Por otra parte, existen los autoantígenos o antígenos propios, moléculas normales de nuestro organismo; pero, en ciertos individuos existe una condición consistente en que su sistema inmune no es capaz de diferenciar lo propio de lo extraño, por lo que reacciona fuertemente, y causa un daño que conduce al desarrollo de las enfermedades autoinmunes.
ENFERMEDADES AUTOIMUNES
Entre las enfermedades autoinmunes de la piel, se encuentra el Pénfigo vulgar, que predomina en adultos, y se presenta cuando hay una pérdida en la adhesión de los queratinocitos, debido a la presencia de anticuerpos dirigidos contra la desmogleína 3, la cual es una molécula de adhesión de queratinocitos.
En el caso de la dermatitis atópica, la cual está asociada al asma y rinitis alérgica, se observa la disminución de los linfocitos T; por lo tanto, los pacientes que presentan esta enfermedad son más susceptibles a infecciones. Existen ciertos factores que agravan este padecimiento, tales como jabón, detergentes, textiles sintéticos y calor.
Otra enfermedad cuya causa es la destrucción de los melanocitos, es el vitíligo, donde el paciente desarrolla anticuerpos para estas células, y se caracteriza por la presencia de manchas acrómicas e hipocrómicas, localizadas o diseminadas.
Otra enfermedad de tipo inflamatorio, que afecta al 2 por ciento de la población caucásica, es la psoriasis, la cual se presenta con placas eritematosas bien delimitadas, cubiertas de escamas; aparece en zonas de extensión y piel cabelluda. Esta enfermedad tiende a ser hereditaria, y presenta una proliferación aumentada de queratinocitos y recambio en la epidermis; además, existe acumulación de neutrófilos.
Finalmente, la piel también puede ser el origen de tumores malignos es decir de cáncer que aunque localizados, algunos pueden llegar a producir la muerte. Es necesario crear una cultura de cuidado de la piel no sólo desde el punto de vista cosmético, sino desde el punto de vista médico, para que logremos proteger a este órgano, ya que cualquier alteración en las funciones de los componentes del sistema inmune de la piel o pérdida de la integridad de este órgano puede dar lugar a infecciones por bacterias u hongos.
Además, la piel también se puede ver afectada por diferentes reacciones inmunológicas resultantes de las reacciones de hipersensibilidad cuyo agente causal puede ser un alergeno o algún autoantígeno. En esta tabla se mencionan otros ejemplos de enfermedades autoinmunes, así como el antígeno contra el cual está dirigida la respuesta autoinmune.
