Cruzó el camino de la vida con dignidad

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Jorge Pedraza Salinas

Este día, en la ciudad de Saltillo será recordado un destacado coahuilense: el maestro Jesús Alfonso Arreola Pérez, quien fuera historiador y maestro, Secretario de Educación Pública en el Estado, Presidente del Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas y Diputado local. El evento con el cual será conmemorado el quinto aniversario de su desaparición física se llevará a cabo hoy en el Recinto de Juárez, a las 18 horas, y será presidido por el maestro Arturo Berrueto, Presidente del Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas. El Recinto de Juárez se encuentra frente a la Catedral de Saltillo.

El maestro Arreola Pérez fue un historiador coahuilense  que destacó a nivel nacional. En torno a la Historia, él comentaba lo siguiente: “He ido a la Historia tomando conciencia de la realidad en la que hago proyectos de vida. Mi percepción registra hechos, imágenes y mitos que se suceden, contrapuestos unos, contradictorios otros, dificultando cualquier intento por organizar el hilo conductor  que  enlaza el origen y desarrollo  del hombre, en sus diversas formas de organizar su convivencia con los demás.

“La cambiante y dinámica sociedad de nuestro tiempo exige ir a la esencia de hechos y de biografías,  no perderlas en  el hilo de la percepción de épocas, unas  de creación, otras, de etapas de restauración, unas más de transición y otras degenerativas de las  que en algún momento  fueron  modernizadoras. “Es urgente recobrar lo fundamental del proceso”.

El maestro Arreola fue muy apreciado en Coahuila, Tamaulipas,  Nuevo León y en Texas. Maestro, Historiador, Político, Promotor Cultural, el maestro Arreola Pérez fue en dos ocasiones Secretario de Educación en Coahuila, en los gobiernos del profesor Oscar Flores Tapia y el profesor Eliseo Mendoza Berrueto.

Fue maestro en la Universidad de Coahuila y en la Normal del Estado, de la que fue Director. Fue Diputado Local en Coahuila y Director Nacional de Normales de la SEP. El distinguido historiador y maestro era originario de Saltillo, Coahuila, donde realizó sus primeros estudios hasta titularse, en 1954, en la Escuela Normal del Estado. Se especializó en Ciencias Sociales en la Escuela Normal Superior y en Lengua y Literatura Españolas, en la ciudad de México.

Su trayectoria en el campo de la educación es muy amplia. Se desempeñó desde profesor normalista, hasta funcionario público, especialmente en el ramo de su especialidad. Fue responsable del manejo de becas escolares para niños campesinos y director de Ediciones y Cultura del IPI de Coahuila; secretario ejecutivo del Consejo Nacional Consultivo de Educación Normal, presidido por Fernando Solana, luego con Jesús Reyes Heroles y finalmente con Miguel González Avelar.

Fue Coordinador general del Foro Nacional de Educación Básica y del primer centenario de la Escuela Nacional de Maestros, así como presidente del Comité Organizador del V Congreso Nacional de Educación Normal.

El Profr. Arreola Pérez fue un talentoso investigador de la historia coahuilense. Entre sus obras destacan la “Monografía de Coahuila”, que fuera utilizada como libro de texto gratuito en las escuelas de su Estado natal. El Recinto de Juárez le publicó el libro “Vito Alessio y los historiadores”. En ocasión del septuagésimo quinto aniversario de la Escuela Normal de Coahuila, publicó las biografías de los profesores Carlos Espinosa Romero y Leopoldo Villarreal Cárdenas.

Publicó también discursos y ensayos en importantes revistas nacionales y extranjeras, entre ellas: “Provincia”, y la “Revista del Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas”, de la cual fue secretario y más tarde Presidente de dicha institución. Fue Presidente de la Asociación Nacional de Historiadores de Provincia y pertenecía a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y a la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística.

Fundó y dirigió hasta el momento de su partida los Talleres de Historia en Saltillo, Ramos Arizpe, Parras de la Fuente, Sabinas y Piedras Negras, Coahuila.
Impulsor de los homenajes a Carranza y Madero, difundió la vida y la obra de estos dos revolucionarios en México y en el extranjero. Autor de varios libros, entre ellos la Monografía de Coahuila y la Historia de Saltillo, dirigió la Revista del Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas, que él presidió hasta el momento de su muerte. Dejó en prensa el número 100 de esta Revista.

La amistad tenía una gran prioridad en él. Se reunía constantemente con sus amigos. Además, cada semana convivía con los integrantes de los Talleres de Historia en cinco ciudades de Coahuila. Otras ciudades, como Monclova, Torreón, Rosita y Acuña también recibían sus visitas y su cátedra. En Monterrey siempre fue bien recibido. Perteneció a la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, institución que le otorgó la Medalla al Mérito Histórico “Capitán Alonso de León”, por sus trabajos de investigación.

La vida da y quita. Nos ha dado a los hijos y los nietos, pero ya no están con nosotros los abuelos, los padres, algunos maestros y muchos de nuestros amigos. Hace cinco años partió el maestro Arreola. Octavio Paz dijo en alguna ocasión que sus amigos ya eran más los muertos que los vivos.

Con la muerte de cada amigo hemos sepultado una parte de nosotros mismos. Pero en nosotros permanece, para sostenernos en un mundo difícil, su contribución a nuestra felicidad, a nuestra fortaleza y a nuestra comprensión de los demás. Un sabio dijo en una ocasión: “un verdadero amigo es la persona que entra, cuando el mundo entero sale”.

Existen grandes momentos en las vidas de todos nosotros, y la mayor parte de ellos nos han llegado a través del aliento de otros. Sin importar lo grande, famoso o exitoso que puede ser un hombre o una mujer, siempre está hambriento de la amistad de los demás.

Cuando se despidió al maestro Arreola hace cinco años, el maestro Eliseo Mendoza Berrueto, ExGobernador de Coahuila y gran amigo del profesor Arreola, dijo: “Una íntima tristeza infinita nos agobia.

Al detenerse el diapasón de tu aliento, estamos aquí, Jesús Alfonso Arreola para despedir tu cuerpo, y dar fe de que con nosotros se queda el calor de tu amistad, la brillantez de tu talento, el recuerdo de quien supo cruzar el arduo camino de la vida con señorío y dignidad.

“Arreola fue un gran coahuilense, un maestro incondicionalmente comprometido con la educación. Decía, como afirmara mi tío el Profesor Federico Berrueto:   “Soy maestro, nada más, pero nada menos”. Talentoso y liberal, historiador reflexivo y docto, político de firme ideología revolucionaria, servidor público leal y honesto, amigo entrañable, amoroso jefe e impertérrito tronco moral e intelectual de una familia digna y unida.

“El maestro Arreola fue un adicto fiel a la docencia. Esa y la de historiador eran las vocaciones fundamentales de su vida. Ya jubilado, sin ningún compromiso oficial ni retribución alguna, simplemente por vocación de servicio, por su indeclinable entusiasmo por difundir el conocimiento, como un inspirado educador peregrino, acompañado de su entrañable Roxana, recorría la geografía estatal como aquél hidalgo que, alucinado y soñador, cabalgaba los campos de La Mancha”.

“Amigo de toda  la vida,  fue para mí un leal compañero de muchas batallas. Cuando fui Sub Secretario de Educación Superior, me ayudó como Secretario Técnico del Consejo Nacional de Educación Normal. Luego, junto con Pepe Fuentes,  fue mi consejero en la Cámara de Diputados y, finalmente, Secretario de Educación Pública en mi gobierno. Me apoyó en mis campañas para Senador, para diputado federal y para gobernador del estado. Y realizamos uno y mil coloquios en los que desarreglábamos el mundo para volverlo a componer en nuestra siguiente conversación.

“Amigo Arreola: Tomaste la vida como es: Un reto que hay que hay que dominar.

Y la transitaste como un peregrino trashumante que remonta el sendero con alegría.  Como marinero que cruza el mar  con el optimismo en el  rostro, porque sabe que con su esfuerzo y talento acabará por superar los avatares del destino. Y que ya en el mar, gozará intensamente la vida con sus amaneceres de policromías deslumbrantes,  la brillantez del sol en su apogeo, el plácido declinar de la tarde y la esplendidez del crepúsculo vespertino, para, finalmente dejar la barca en la arena, en una noche de esplendorosas estrellas. Fuiste un amigo leal y un amoroso esposo, padre y abuelo”.

 

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