
Jorge Pedraza Salinas
Enterado del levantamiento del Padre Hidalgo en Dolores, Fray Servando Teresa de Mier decidió trasladarse a Londres. Allí se constituyó en uno de los más fervientes propagandistas de la causa de la Independencia y luchó por obtener recursos para sostenerla. Fue entonces cuando escribió, bajo el seudónimo de José Guerra, su Historia de la Revolución de la Nueva España, editada allí en la imprenta de Glindon, en 1813. Este importante libro se encuentra entre los tesoros que conserva la Capilla Alfonsina de la UANL, que este viernes celebra su 35 aniversario.
Recorrió distintos caminos en México, en los Estados Unidos y en Europa. Cada vez que caía se volvía a levantar. El tiempo que pasó en cautiverio, lo dedicó a escribir. Su obra escrita es sumamente importante, tanto en el aspecto histórico como en el literario. En las páginas de sus Memorias, en los textos de sus discursos, en sus poemas, en sus defensas en los procesos que se le siguieron, en sus cartas, hay de todo y todo es interesante.
De las muchas etapas que le tocó vivir, queremos destacar en esta ocasión, uno de los momentos más brillantes, aquel que vivió al lado de Francisco Xavier Mina, importante personaje que la historia parece haber olvidado y que el día de hoy será recordado, a las 11 horas, en el Monumento a la Independencia de la ciudad de México, por los miembros de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, encabezados por su Presidente, el Lic. Julio Zamora Bátiz.
Fray Servando tenía una gran habilidad para escapar, no diremos de la justicia, sino de las injusticias de que era objeto. Durante su estancia Londres, conoce al español Francisco Xavier Mina, a quien consigue persuadir de que lo acompañe en su expedición del año de 1817.
Tal vez este es uno de los momentos más importantes de su vida, cuando conoce a Mina, el joven revolucionario español que tanto hizo por nuestra independencia. Fray Servando logra convencer a este luchador navarro que entregó su vida por México.
Acompañado de Mina, Fray Servando regresó a México trayendo consigo una prensa y un impresor: Samuel Bangs. Mier estaba plenamente consciente de la importancia de este medio para divulgar la información. A su llegada de México, publicaron una proclama. Esto sucedió el 26 de abril de 1867, en Soto la Marina.
Esta imprenta y el impresor han sido motivo de interesantes estudios en los vecinos Estados de Tamaulipas y Coahuila, así como en Texas. En uno de sus párrafos, la proclama decía: «…es indispensable que todos los pueblos donde se habla el castellano, aprendan a ser libres y a conocer y hacer valer sus derechos. En el momento en que una sola sección de la América haya afianzado su independencia, podemos lisonjeamos de que los principios liberales tarde o temprano expenderán sus bendiciones a los demás países. Esta época terrible es la que los agentes y partidarios de la tiranía temen sin cesar. Ellos ven, en el exceso de su desesperación, desplomarse su imperio y quisieran sacrificarlo todo a su rabia impotente.
«En tales circunstancias, consultad, españoles, lo pasado para sacar lecciones capaces de hacer arreglar vuestra conducta futura. La causa de los americanos es justa, es la causa de los hombres libres, es la de los españoles no degenerados. La patria no está circunscrita al lugar en que hemos nacido, sino más propiamente al que pone a cubierto nuestros derechos individuales.
«Vuestros opresores calculan que para restablecer su bárbara dominación sobre vosotros y sobre vuestros hijos, es preciso esclavizar el todo. Con razón temía el célebre Pitt esas consecuencias cuando justificaba a presencia del Parlamento británico la resistencia de los angloamericanos.
«Tales son los principios que me han decidido a separarme de la España y adherirme a la América a fin de cooperar a su emancipación. Si son rectos, ellos responderán satisfactoriamente de mi sinceridad. Por la causa de la libertad e independencia he empuñado las armas hasta ahora; solo en su defensa las tomaré de aquí en adelante.
«Mexicanos: permitidme participar de vuestras gloriosas tareas, aceptad los servicios que os ofrezco en favor de vuestra sublime empresa y contadme entre vuestros compatriotas. ¡Ojalá acierte yo a merecer este título, haciendo que vuestra libertad se enseñoree o sacrificándole mi propia existencia!
«Americanos: no perdáis la ocasión, ahora es el tiempo de correr a las armas, echar fuera a los gachupines que os fueron contrarios y separarnos para siempre de la madrastra España, cuyo gobierno ha sido, es y será siempre tirano para nosotros por la distancia y la contradicción de sus intereses con los nuestros».
La vida de Fray Servando está llena de injusticias y persecuciones. En Soto la Marina tuvo que separarse de Mina y fue capturado por Joaquín Arredondo. El l7 de junio de ese mismo año, el brigadier realista Joaquín Arredondo se traslada hasta ese lugar y toma el fuerte. Hace prisionero a Fray Servando, a quien despoja de sus pertenencias, entre ellos sus libros y la prensa, esa prensa que actualmente se encuentra en el Museo del Obispado de esta ciudad.
La imprenta existía en la Nueva España desde el año de l539, cuando Juan Pablos puso en marcha el taller del impresor Juan Cromber. Sin embargo, la hazaña de Fray Servando es de suma importancia para la región, ya que se trata de una nueva época. En ese siglo XIX habrán de aparecer en Nuevo León las primeras publicaciones, proclamas y manifiestos.
En Monterrey contamos, en el Museo Regional del Obispado, con esta prensa. De ésta salieron bandos, proclamas y todo género de propaganda a favor de la causa. El brigadier Joaquín de Arredondo capturó esta pieza y la trasladó a Monterrey. No sólo la prensa fue capturada, también fue capturado Fray Servando y conducido a México. Tratado inhumanamente en el camino, se rompió un brazo, el mismo que se había fracturado en las nevadas calles de Londres. Confinado en un calabozo, la Inquisición le sometió a un largo proceso; se trataba de un enemigo temible y se acordó remitirle nuevamente a España.
Mientras tanto, ¿qué pasaba con Mina?
Mina sale de Soto la Marina con 300 hombres, apoderándose de 700 caballos en la Hacienda del Cojo, y deja la plaza al mando del teniente coronel catalán José Sardá, internándose tierra adentro. El 3 de junio toma Valle del Maíz; el 15, Peotillos; el 19, Real de Pinos; el 22 se une a una partida insurgente y el 24 entra en el Fuerte del Sombrero, defendido por el insurgente Pedro Moreno. Mientras tanto, en Soto la Marina los soldados que dejó fueron derrotados, siendo aprehendido, entre otros, el padre Mier. El 1 de agosto se presentó frente al Fuerte del Sombrero el mariscal Pascual Liñán con un poderoso ejército, sitiándolo. Los defensores del fuerte trataron de salir de él varias veces en busca de víveres, pero no lo consiguieron. Mina logró salir el 8 de agosto y fue a auxiliar al Fuerte de los Remedios, donde el padre José Antonio Torres hacía resistir a los realistas.
Luchó en numerosos lugares hasta que, desalentado por la indisciplina de sus tropas, el 12 de octubre llega a Jaujilla, donde estaba la Junta de Gobierno. La Junta le encomienda atacar Guanajuato, pero sus tropas son dispersadas por el enemigo. Mina hizo público un manifiesto afirmando que no combatía la soberanía española en sus territorios de Ultramar, sino la tiranía del rey Fernando VII. No obstante, se nombró general del «Ejército Auxiliador de la República Mexicana» y el 24 de mayo empezó a avanzar hacia el interior del país para unirse a los insurgentes de Pedro Moreno en el Fuerte del Sombrero, al noreste de Guanajuato.
Se refugió con el coronel Pedro Moreno en el rancho de «El Venadito», donde fueron atacados el 27 de octubre de 1817, muriendo Moreno. Mina fue hecho preso y llevado ante el coronel absolutista Orrantia, que al día siguiente entra en Silao con Mina prisionero y la cabeza del coronel Moreno clavada en una lanza.
Días después, Mina es llevado al destacamento de Pascual Liñán. El 11 de noviembre de 1817 fue conducido por un piquete a la cresta del Cerro del Bellaco o Cerro del Borrego, frente al fuerte de los Remedios, cerca de Pénjamo, donde fue fusilado por los soldados del Batallón de Zaragoza. Sus restos descansan en la Columna de la Independencia en la Ciudad de México, donde el día de hoy se le rendirá homenaje.
Pese a su brevedad, la campaña de Mina fue uno de los actos de guerra más importantes en el período de la Guerra de Independencia de México, conocido como «Etapa de la Resistencia».
