Innovación tecnológica: base para el desarrollo de los pueblos

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Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez

Investigadora / UANL

El conocimiento científico, ni duda cabe, innova y transforma la tecnología; resuelve problemas y, de paso, genera trabajo y satisfactores personales y hasta colectivos. Hoy, es impensable proyectar el desarrollo socio-económico y cultural en un país, sin la incorporación de la innovación tecnológica que garantiza la reduc-ción de la pobreza y las desigualdades sociales, y con ello engrandece no sólo al Estado que lo impulsa, sino a pueblos y naciones enteras. Escribir sobre innovación tecnológica y competitividad internacional en México es tan difícil como doloroso. La actual política científica y tecnológica no incide aún ni siquiera en los niveles de competitividad nacional.

La política de nuestra nación en ciencia y tecnología está en pleno proceso de transición, y pretende pasar de una política gubernamental a una política de prioridad pública; empero, los problemas y las deficiencias son demasiados. Vivimos bajo la presión de una transición demográfica; adolecemos de una insuficiente capacidad científica y tecnológica, con pocos investigadores y escasos programas de posgrado de alta calidad.

A lo anterior, hemos de añadir la frágil y rezagada capacidad de innovación ante la existencia de lazos débiles para la vinculación entre empresas productivas y centros de investigación; marcos jurídicos que no impulsan esta actividad; la ausencia de una visión de largo plazo para no reducir este vital tópico a pareceres sexenales; la desatención sistemática de oportunidades y áreas estratégicas del conocimiento; y, por si fuera poco, padecemos las debilidades e insuficiencias de un modelo institucional agotado. La falta de atención se evidencia en un solo hecho: para la ciencia nos agobia un financiamiento insuficiente, inadecuado e inconsistente.

RAQUÍTICO PRESUPUESTO PARA CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Para el desarrollo de ciencia, tecnología e innovación, el país destinó durante los últimos 35 años el raquítico 0.5 por ciento del Producto Interno Bruto; Aquí, la inversión del sector privado es sumamente limitada. De este 0.5 por ciento históricamente erogado para ciencia y tecnología, en México, apenas un 0.4 por ciento es aportado por las empresas privadas; en Japón, este sector financia el 73 por ciento de los proyectos; Corea lo hace en 72 por ciento; Estados Unidos en 67 por ciento; España en 47 por ciento, y Brasil en 38 por ciento. El país, en suma, reclama la articulación de las cadenas del valor del conocimiento que inician en la educación dentro y fuera del aula, y termina en la creación de tecnología para crear empleos y riqueza.

DESARROLLO ECONÓMICO EQUILIBRADO

Hacerlo no es cosa fácil ni de visiones limitadas a sexenios o partidos. Precisa, para ello, del esfuerzo de todos para lograr la generación de conocimientos y su transferencia a la innovación; está urgido de presupuestos con financiamientos crecientes y sostenidos; de descentralizaciones que impulsen el desarrollo regional y den paso con ello, a la cooperación internacional bajo objetivos permanentes de inclusión social, reducción de la miseria y desarrollo económico equilibrado.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología para competir nacional e internacionalmente no es asunto ni mérito reservado a ingenieros, médicos o biólogos. Es un reto y, sobre todo, una política que reclama cambio de mentalidad entre los mexicanos, y, prioritariamente, la instrumentación de nuevos mapas conceptuales-operativos para el Estado, las empresas y las universidades.

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