Ismael Vidales Delgado / ividales@att.net.mx
La psicopatía es un trastorno de la personalidad que consiste en una incapacidad importante para sentir emociones y empatía hacia los demás. Los psicópatas hacen lo que hacen sin complejo de culpa, no tienen aparato de censura, no tienen remordimiento. Miran a los demás como objetos, los utilizan y manipulan para conseguir sus objetivos, para satisfacer sus intereses personales. Un psicópata no es un loco, sabe que está haciendo daño al otro, pero al no tener censura moral simplemente no percibe el daño que causa a los demás. No se sabe exactamente cuál es el origen de este trastorno aunque hay una o dos teorías al respecto. El psicópata tiene sus capacidades intelectuales normales, sin que alcance niveles de genialidad.
Científicos ingleses han estudiado recientemente grupos de psicópatas que cumplían condenas carcelarias y descubrieron por qué el origen de este trastorno está asociado a una comunicación defectuosa entre la parte del cerebro relacionada con las emociones y la otra parte encargada de la toma de decisiones razonadas. Aunque admiten que eso no es suficiente para diagnosticar la psicopatía, pero contribuye a explicarla.
Agregan los investigadores que en la realidad la cantidad de sicóticos como los muestra el cine -especialmente el norteamericano- es exagerada. El cine muestra al psicópata como asesino en serie; la realidad es que la mayoría de los psicópatas no son asesinos y los asesinos no son necesariamente psicópatas.
Lo que llama la atención, es que estos investigadores afirman que la mayoría de personas con conductas psicópatas pertenecen a grupos políticos, policiales, de negocios y religiosos.
Dan como características de sus conductas psicópatas: que aman el poder y se aferran a él como verdaderos desequilibrados, son mentirosos deliberadamente, manipulan a otros, y son capaces de hacer verdaderas indecencias.
El ejercicio del poder va transformando a estas personas (políticos, policías, hombres de negocios y líderes religiosos) en psicópatas funcionales, es decir, en individuos que pueden cometer cualquier tipo de abusos y tropelías sin que ello les represente algún problema moral o de conciencia.
Una invariante en su conducta, es que apelan a la salvación de la ciudadanía común y corriente según sus propias ideas y actúan “en el nombre de Dios” inspirados por un mandato supremo, se asumen como salvadores de cuerpos y almas y lo peor de todo, es que esta gente no tiene remedio.
El tests denominado Lista de Comprobación de la Psicopatía (PCL-R, en inglés) consta de 20 ítems que permiten descubrir la falta de empatía con los demás como posible origen de la psicopatía. Este instrumento ha mostrado que el 99.9 % de los psicópatas no matan, y que la mayoría están en la política, la policía, los negocios y los grupos religiosos.
El investigador norteamericano Harold D. Lasswell, estudió en 1930 a un amplio grupo de a políticos que tenían problemas psicológicos y psiquiátricos. Como producto de esa investigación publicó su libro Psicopatología y política. En esta obra el autor escribe que algunas personas que se dedican a la política, cuando adquieren el poder, actúan de manera desquiciada, personas aparentemente normales se transforman con el poder y muestran una faceta de déspotas y dictadores. Estos individuos llegan a creerse únicos e insustituibles, incluso llegan a creer que son la reencarnación de otros personajes que han tenido mucho poder, y en fases de delirio, llegan a considerarse predestinados convencidos de que su destino mesiánico es ser jefes o caudillos, por la “gracia de Dios”. El poder los convierte en verdaderos monstruos, insaciables de riqueza, de aduladores, y necesitados hasta límites enfermizos, de servidores incondicionales.
Para evitar la proliferación de este tipo de individuos -que pudieran ser una importante mayoría, en el futuro cercano- propongo inducir la educación ética en los servidores públicos, en los políticos, en la policía, en los hombres de negocios, en los líderes religiosos, para que dimensionen su actividad como servicio dirigido al bien común y no como una conducta dirigida al logro de poder, riqueza, fama, servidores incondicionales que les da cada vez mayor discrecionalidad, honores y “prestigio social”, siempre a costa del bienestar de los ciudadanos y del interés público.
También hay que tomar medidas eficaces para evitar la acumulación de poder personal, y esto sólo puede ser a través de los valores de la democracia real, el establecimiento de un Estado de Derecho tangible, el desarrollo de contrapoderes políticos eficaces y la limitación legal de la prolongación en el poder, esto es la reelección, de lo contrario, los hombres del futuro estaremos a merced de un grupo cada vez mayor de psicópatas… y eso no está bien.
