Maestro Jorge Domínguez García
Facultad de Psicologia / UANL
Centro de Crecimiento Personal y Familiar, A.C.
Una fobia social es un tipo especial de miedo. Todos tenemos miedos a cosas como las serpientes venenosas, los perros rabiosos, las infecciones, los accidentes.
Aunque este miedo se traduce en un comportamiento de simple cautela frente a las situaciones de peligro, además ayuda a estar alertas en la vida cotidiana, en vez de interferir en ella de forma limitante y negativa.
Hablamos de fobias cuando la intensidad con la que experimentamos el miedo frente a los distintos peligros es:
•Injustificada, por la objetividad del peligro.
•Inoportuna (no la sentimos en el momento apropiado).
•Desmesurada (sentimos más de lo que deberíamos).
•Interfiere en nuestra vida normal de forma innecesaria, y reduce nuestra capacidad de acción y goce.
Según el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona. Masson, S.A. 1995) podemos definir la Fobia o ansiedad social como: “Temor persistente y acusado a situaciones sociales o a actuaciones en público por temor a que resulten embarazosas”.
TIPOS DE FOBIA SOCIAL
Podemos diferenciar dos tipos de fobia social:
Generalizada: Hablamos de fobia social generalizada cuando los temores se experimentan en la mayoría de las relaciones sociales o que comportan una cierta interacción con las personas.
Especifica: Cuando las situaciones de ansiedad sólo se dan en unas determinadas situaciones, como por ejemplo al hablar en público, o temer a ser observado mientras se come.
Algunas de las principales situaciones temidas por las personas con fobia social son:
• Hablar en público.
• Comer o beber en público.
• Asistir a fiestas.
• Sensación de ser observado y criticado.
• Escribir o firmar en público.
• Desenvolverse en comercios y relaciones administrativas.
• Mirar a los ojos a la gente.
• Iniciar una conversación.
• Ser presentados a otras personas.
• Realizar llamadas telefónicas.
• Dar o defender las propias opiniones.
• Encuentros con personas desconocidas o del sexo opuesto.
• Espacios cerrados donde hay gente.
• Hablar en un grupo pequeño.
• Hablar con personas de autoridad.
• Hacer o aceptar cumplidos.
• Miedo a quedarse en blanco.
• Preocupación por ser el centro de atención.
Todos solemos experimentar incertidumbre, ansiedad e inseguridad al conocer a personas nuevas, pero una vez roto el hielo, casi todos logramos convertir esos encuentros en una experiencia agradable.
ELEVADO GRADO DE ANSIEDAD
En cambio, las personas con fobia social experimentan un grado de ansiedad mucho más elevado en estas situaciones. Puede ser tanto el grado de ansiedad o vergüenza, que se produzcan señales físicas delatoras (sudor, temblor muscular y de voz, rubor, etcétera) que nos hacen más vulnerables e inseguros, y la situación social, en vez de convertirse en un tiempo aceptable en algo agradable, se transforma en algo cada vez más desagradable, con lo que nos desanima a pasar esos malos tragos y nos induce a la evitación, como forma de control de estas penosas situaciones.
El miedo no es un estado emocional inmóvil, como un estado de tristeza o alegría. Se alimenta de:
•Los estímulos temidos (estar en algún tipo de situación social que nos produce miedo).
•La anticipación (imaginar las situaciones que podrían suceder y sentir el miedo ‘como si’ estuvieran sucediendo los acontecimientos temidos).
•Los mecanismos de evitación (aunque sea una paradoja el alivio de subir por las escaleras aumenta el miedo a coger el ascensor de una persona con fobia al mismo). Por lo tanto, las conductas de ‘precaución’, como ponerse en un rincón, hablar poco, cruzar la acera, etcétera, hacen que sintamos más miedo la siguiente vez.
•Los pensamientos auto-críticos (del estilo “pareceré tonto/a”, “debería hablar pero no se me ocurre nada”. “estoy haciendo el ridículo”, “parezco torpe”, “me consideran inferior”, etcétera).
•La falta de práctica en expresión verbal (igual que la falta de ejercicio nos entumece) el expresarse demasiado poco, dificulta la facilidad y creatividad de comunicación.
•El círculo vicioso que producen las experiencias negativas: como lo hemos pasado mal una vez tememos que la siguiente será igual o peor, con lo que esta creencia hace de profecía que se auto-cumple y nos induce a estar más amedrentados y ansiosos la siguiente vez, con lo que de nuevo alimentamos el temor.
•La costumbre de ‘repasar’ y ‘rumiar’ lo sucedido: el no haber sido capaces de actuar con la soltura de los demás (el fóbico puede fijarse en la persona más popular y maravillosa para compararse con ella) nos genera desasosiego y ácida incomodidad personal, recordando cada uno de los pequeños detalles de impotencia y comportamiento penoso con la precisión de un latigazo, y de pronto aparecen iluminadas como por un foco las palabras y las cosas que deberíamos haber dicho o hecho.
•La propaganda negativa que hacemos sobre la imagen de nuestro yo.
A base de vernos torpes, inseguros, empobrecidos, poco interesantes, etcétera, un número elevado de veces entramos en la ‘secta’ de los ‘no valgo nada’, con lo que ya ni nos atrevemos a aspirar a las cosas sanas y bonitas que los demás nos parece que sí tienen derecho a tener (amor, admiración, amistad). Esto puede influir poderosamente en nuestras decisiones (aspiraciones laborales, proyectos, el tipo de pareja que nos parece adecuada, los derechos que creemos que nos merecemos, etcétera).
•La angustia como aparición ‘maldita’ e ‘intrusa’. Nos angustiamos por la posibilidad de sentir angustia y al percibir que nos estamos angustiando sólo por pensarlo, sentimos que es una angustia incontrolable. La angustia se convierte por sí misma en el peor enemigo -más allá incluso de las situaciones que empezaron a provocar. Tenemos miedo de tener miedo, y que además ese miedo sea visible y nos delate como miedosos dignos de desprecio, lo cual mantiene el círculo vicioso de la fobia social. Una forma de simplificar lo anterior es a través del siguiente esquema:
DIAGNÓSTICO
Para que sea posible efectuar correctamente el diagnóstico de fobia social diferencial de la timidez, por lo general los especialistas se basan en los criterios diagnósticos DSM-IV, dictados por la American Pshychiatric Association, y también en los CIE-10, decretados por la Organización Mundial de la Salud.
Una de las diferencias entre la timidez y fobia social o ansiedad social radica en que las personas tímidas pueden sentirse muy incómodas cuando están con otros, pero no sienten una profunda ansiedad al anticiparse mentalmente a una situación social, y su miedo a afrontar ciertas situaciones no las limita, y normalmente, aunque no lo pasen del todo bien, las afrontan. Es frecuente la sensación de ser la única persona a la que le pasa eso, pero no es así. Muchas otras personas también la padecen.
Anualmente, más de cinco millones de personas, sólo en los Estados Unidos lo sufren.
La fobia social afecta del 10 al 15 por ciento de la población, y es un trastorno de ansiedad altamente tratable.
VIVIR LA VIDA
¿Qué puede uno hacer para ayudarse? Hablar con su médico o con un terapeuta sobre sus temores y preocupaciones; informarle si estas preocupaciones le impiden hacer las tareas cotidianas y vivir su vida. Si uno lo desea, puede mostrarle esta información, pues le puede ayudar a explicarle cómo se siente.
¿Qué puede hacer un médico o un terapeuta para ayudar? El médico puede indicar medicación que ayudará a uno a sentirte menos ansioso. Pero los medicamentos pueden tomar varias semanas en surtir efecto. Muchas personas encuentran ayuda hablando con un médico o terapeuta especializado. Esto se conoce como “terapia” o psicoterapia, y ayuda a sentirse uno más cómodo en situaciones sociales. La psicoterapia puede incorporar aspectos cognitivos (control de pensamientos) conductuales (habilidades sociales) e incluye aspectos de la hipnoterapia, Psicoterapia Breve (6 a 10 sesiones), técnicas de relajación y/o desensibilización sistemática.
HISTORIA DE LA VIDA REAL
En el colegio, aunque supiera las materias, siempre sentía timidez y temor de participar en clase. Cuando comencé a trabajar, temía tener que reunirme con algún jefe. No podía siquiera sentarme a comer con mis compañeros de trabajo. Me sentía nervioso al pensar que me estaban mirando o juzgando y que iba a hacer algo estúpido. Mi corazón latía fuertemente y empezaba a transpirar nada más de pensar que tendría que asistir a una reunión.
Estos síntomas empeoraban mientras más se acercaba el evento. A veces no podía dormir ni comer por varios días previos a una reunión.
Una amiga me dijo que llamara a mi médico. ¡Qué bueno que lo hice! Mi médico me indicó psicoterapia que me ayudaría a sentir menos temor al estar con otras personas. No ha sido fácil, pero la terapia me está ayudando a aprender a controlar la ansiedad y mis temores en situaciones sociales.

