Gabriel Todd
Hace algunos días me toco observar como unos niños rodeaban en bicicleta un parque cercado. Pasaron unos minutos inconsciente, anestesiado ya por la normalidad de la realidad hasta que reaccione. Estaba preocupado del mensaje que se envía al no permitir el acceso libre al parque. Porque al final del día, los niños siguen siendo niños y ven al parque como un sistema de juego. Circulaban ya los niños acostumbrados por la calle mientras el parque permanecía cercado y bien habilitado esperando a usuarios especiales, esos con derechos privados de un bien público.
Con diferentes excusas u objetivos pero cada vez son mas los parques en esta situación de privacidad. Se hace costumbre que un fraccionamiento en su proceso de venta o por quejas de una «invasión extranjera» habilita un parque con exclusividad de uso para compradores o habitantes registrados de esa colonia.
También se protegen esas áreas para que los niños no se salgan y se genere un ambiente de mayor seguridad. Y ya nos hemos acostumbrado a los espacios públicos en comodato para negocios particulares de actividades recreativas de paga.
Con esta lógica practica, comercialmente muy válida pero socialmente inequitativa se envía un mensaje de separación entre los ciudadanos. Los menos privilegiados son excluidos y son ellos los que, siendo mayoría en la población, terminan jugando sus ultimas cartas en actividades que encausan emociones de impotencia y odio que sembramos entre nosotros mismos.
Nadie cuestiona el alto sentido practico y la buena intención detrás de cerrar los parques o privatizar algunos espacios públicos pero asombra que no nos hayamos dado cuenta de lo que estamos provocando al no compensar estas acciones.
Es por ello que debemos de normar correctamente estas practicas para evitar que por comodidad de unos se alimente el proceso de putrefacción de nuestro tejido social , proceso alentado sin duda por el consumismo y la necesidad de TENER para ser aceptado. Así las cosas en esta oportunidad simplemente levanto las preguntas conciente de que en teoría todas ya sabemos que los espacios públicos son públicos pero que la realidad se esta llenando de excepciones. ¿Es válido cercar un parque? La colindancia de un parque de clases sociales diferentes justifica su exclusión de uso para los que son vecinos? ¿Cuales serian las reglas justas para satisfacer la percepción de seguridad y asegurar el buen mantenimiento de un parque? ¿Como podría un parque ser una oportunidad y no una limitante del desarrollo social? una política publica coordinada en favor del urbanismo social podría compensar estas practicas ? Usted lector tiene las respuestas.
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Si no tenemos cuidado corremos el riesgo de crear un «apartheid de facto.»
Buen trabajo, felicidades!
Gabriel, muy buena reflexión, es increíble como sembramos este tiempo de cosas y luego nos sorprendemos de las cosechas que obtenemos…
NO es valido cercar ningún bien público, eso esta claramente regulado en las leyes. El problema que el gobierno (y nosotros) justificamos esta ilegalidad y aún se fomenta.