Oliverio Anaya
Muchos y variados estudios se han realizado sobre el tema de la violencia, sus causas y consecuencias y la ayuda que se puede prestar a las víctimas de ella. La que en este caso me ocupa es la que surge en el hogar, entre padres e hijos y entre cónyuges, la muy comúnmente llamada violencia intrafamiliar.
Por lo general, prestamos más atención a la violencia física pues es aquella que se ve, que se nota, que hace ruido y cuya presencia genera múltiples apoyos hacia quienes la padecen por parte de la familia y las autoridades aunque casi siempre las mismas víctimas son quienes se niegan a salir de ella.
Pero… ¿ Qué ocurre cuando el tipo de violencia consiste en el desamor, la desatención, la humillación y el desprecio, cuando las heridas de las víctimas son dejadas en el subconsciente, en las emociones y en todo aquello que vive dentro del único tesoro incalculable de libertad que tiene el ser humano : la mente ? Lo realmente preocupante es que en este tipo de violencia, el daño avanza lentamente y de manera desapercibida tanto para la víctima como para quienes la rodean.
Cuando la víctima, quiere tomar decisiones que afecten a la pareja o la familia, se encuentra ante la incomprensión de la sociedad en general, amigos y familiares la culpan de ocasionar los problemas creándole sentimientos de insatisfacción, menosprecio y frustración prolongados llegando a provocar tal desgaste emocional por el estado de tensión permanente en el que vive que a su vez acarrean consecuencias de orden psíquico como desgaste intelectual, incapacidad hacia la reflexión, nerviosismo, irritabilidad, desórdenes del sueño, alteraciones digestivas y pequeños problemas que pueden llegar hasta más graves enfermedades.
Desgraciadamente es muy común restarle importancia a esta manifestación de violencia, si no tienes un ojo morado o un hueso roto se cree que todo es posible recuperar, nada más alejado de la realidad ya que en la violencia física, la víctima cuenta con el apoyo incondicional de la sociedad y el apoyo familiar quienes son partícipes importantes para poder sanar, en cambio, la violencia psicológica es la más complicada de erradicar y dejarla atrás puesto que la víctima está sola e incomprendida aparte de ser culpada de cualquier posible ruptura en la relación, debe luchar contra todos para poder salir de este estado de manipulación y chantaje en el que se encuentra, por lo que es necesario y apremiante prestar ayuda a quienes la padecen y saber diagnosticarla con precisión, reglamentarla y legislarla correctamente para que la víctima pueda encontrar el apoyo necesario para sanar sus heridas que casi siempre dejan secuelas y poder reincorporarse normalmente a la sociedad.
