Calles para la movilización

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Indira Kempis

Las calles han representado la imagen típica de las ciudades. Es común que los turistas en el mundo se tomen fotografías en la calle. Los momentos citadinos que vienen a nuestra memoria nos remiten a los espacios abiertos, los parques, las entradas del metro o de los complejos comerciales, los monumentos, entre otras cosas.

Las calles por siglos han sido los puntos de encuentro naturales para las civilizaciones. Son parte del encuentro cotidiano, del uso de nuestros cuerpos para entender en el lenguaje de quienes caminan. Son a veces las más caóticas por la falta de planeación urbana, las del miedo que perturba nuestras noches de ciudades inseguras. Son en ocasiones la referencia del amor y el desamor, la del reflejo social que aglutina todos los pensamientos, modas, sentidos.

Las calles han sido el motor también de la movilización. El uso de estos espacios que por vocación son públicos, también se convierte en catalizadores de masas críticas que apuntan hacia una nueva agenda global. Aunque, aparentemente, los objetivos no han sido tan claros o definidos, jóvenes de España, Chile, Estados Unidos han salido a tomar las calles para protestar por diferentes causas. Destacan el valor de la toma del espacio público como señal de organización cívica y también de las redes sociales para la difusión de sus actividades a nivel internacional.

Por primera vez en la historia reciente se le asigna amplios significados sociales a su función pública. No son fenómenos aislados a pesar de que los países en donde sucede son diferentes hasta en el idioma, pero hoy las calles se han convertido en el escenario que identifica y une a cada uno de estos movimientos cuyos planteamientos le han dado ya la vuelta al mundo tanto como replanteado el discurso de la movilización social.

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