Gabriel Leyva
A pesar de todos los avances culturales y sociales que ha habido en la humanidad, nuestro sistema de castigo no ha cambiado mucho desde el comienzo de la civilización. Aunque los métodos de castigo se han vuelto mucho menos brutales, estos siguen enfocados en la venganza y el miedo. En otras palabras, los sistemas legales están basados en crear suficiente miedo al castigo para que las personas piensen dos veces antes de cometer un crimen. No sorprendentemente este sistema es igual para los menores, donde los castigos a los delincuentes menores de edad son simplemente un nivel más alto de lo que un padre enojado haría: encerrarlos y esperar que aprendan su lección. Adolescentes con problemas de comportamiento agresivo siempre han sido un problema para las personas que trabajan con estos jóvenes ya que los incidentes de agresión ocurren una y otra vez. Pero estudios psicológicos han revelado que esta debería ser la última opción en cuanto a crímenes violentos se refiere. Existen métodos mucho más efectivos para lidiar con jóvenes enojados.
El estudio, que fue publicado recientemente en el Journal of Psychiatric and Mental Health Nursing, y basado en observaciones hechas en universidades a través del mundo, revelo que medidas restrictivas deberían ser el último recurso en casos de actos violentos en adolescentes. La intervención verbal estructurada y clara es la técnica más favorecida, especialmente cuando se hace en las etapas tempranas de la agresión. También es muy importante hablar sobre el incidente después, para que tanto el joven como sus encargados estén conscientes de por qué paso el suceso y como podría ser prevenido en el futuro.
Otro aspecto importante es la creación de una rutina. Esto no solo ayuda a crear un sentido de estabilidad que es importante para el desarrollo de una persona, también hace más fácil que personal que está tratando al individuo responda en caso de un acto violento. Si es necesario medicar al adolecente es preferible que esto sea decidido con la aprobación tanto de la persona como del resto del personal. Solo en casos muy extremos se debe medicar a la persona. La agresión muchas veces está ligada con una falta de control o al menos la percepción de esto, por lo cual medicar a alguien sin su consentimiento puede traer consecuencias graves. Para decidir cuál es la medida más adecuada para lidiar con un individuo agresivo es necesario tomar en cuenta el nivel de agresión en el incidente ocurrido, la historia del paciente, y que métodos han funcionado en el pasado.
En caso de que estas medidas fallen y sea necesario separar al agresor es recomendable que los tiempos de reclusión se mantengan cortos, solo lo suficiente para que la persona se calme y sea capaz de razonar y hablar sobre el incidente. El aislamiento prolongado debe ser usado como último recurso y solo en caso de que la persona se niegue a calmarse después de un incidente agresivo.
Yo personalmente creo que es hora de que nuestro sistema legal se transfiera de un sistema basado en el castigo a un sistema basado en la reintegración. Es difícil lograr esto porque la sociedad está obsesionada con la idea de que es moral castigar a los que cometen ofensas. Pero ha sido demostrado muchas veces que un sistema basado en tratar de hacer que los delincuentes se recuperen y vuelvan a la sociedad es mucho más eficiente, más efectivo, y a la larga, más humano. Tal vez sea más fácil empezar a lograr esto con los jóvenes, donde es más comprendido que muchas veces los delincuentes jóvenes no están completamente consciente de sus actos y por lo tanto no son completamente responsables. A la larga espero que estudios como este nos ayuden a llegar a una era donde el viejo dicho de “ojo por ojo” sea historia.
