Doctor Javier Jiménez Pérez
Director de la Facultad de Ciencias Forestales
Universidad Autónoma de Nuevo León
jjimenez20@prodigy.net.mx
El fenómeno atmosférico de mayor importancia mundial es el cambio climático derivado del incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI); tales como el bióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos (HFC), pentafluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6), que provocan el incremento de la temperatura global de la atmósfera.
El efecto invernadero ocurre por la incidencia de los gases en la atmósfera, que permiten que la mayor parte de la radiación solar penetre hasta la superficie del planeta, mientras que absorben y remiten una fracción de la radiación infrarroja que el planeta emite de regreso al espacio exterior.
Cuanto mayor es la concentración de los gases de efecto invernadero, menor es la cantidad de radiación infrarroja que el planeta libera al espacio exterior. De esta manera, al aumentar la concentración de gases de efecto invernadero, se incrementa la cantidad de calor atrapado en la atmósfera, lo que da origen a que se eleve la temperatura superficial del planeta.
GRANDES DESAFÍOS AMBIENTALES
De acuerdo con los escenarios de las emisiones de estos gases y de las proyecciones de vulnerabilidades utilizadas por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), la temperatura de la tierra se incrementará entre 1.1 y 6.4 grados centígrados durante el período 2010 a 2100; se presentarán mayores precipitaciones en las regiones tropicales y se acentuará la sequía en las latitudes medias y semiáridas; habrá un aumento en el nivel del mar y una disminución de las extensiones de nieve y glaciares.
Asimismo, existirá un desplazamiento geográfico de especies y un mayor riesgo de incendios incontrolables. Por otra parte, se registrará una tendencia descendente en la productividad agrícola. Este fenómeno se considera uno de los más grandes desafíos ambientales de alcance mundial.
En este contexto, el bióxido de carbono es el principal gas de efecto invernadero producido por las actividades humanas. La evidencia científica señala que las crecientes concentraciones de CO2 en la atmósfera son la causa principal del cambio climático, ya que se estima que en los últimos 150 años el aumento del CO2 en la atmósfera se ha incrementado de 280 a 379 ppm. América Latina, como resultado de la actividad antropógena, aportó en el año 2000 el 5.5 por ciento del total de las emisiones de COa escala mundial.
El incremento de las concentraciones de CO2 en la atmósfera está ampliamente relacionado con la actividad humana, principalmente por la utilización de los combustibles fósiles en la industria (57 por ciento); seguido por el incremento de la tasa de deforestación mundial (17 por ciento) provocado por las prácticas no sustentables en el aprovechamiento de los recursos naturales; así como por el uso irracional de fertilizantes en los cultivos agrícolas.
El calentamiento global de los tres últimos decenios ha ejercido probablemente una influencia discernible a escala mundial sobre los cambios observados en numerosos sistemas físicos y biológicos.
PROTOCOLO DE KYOTO
La respuesta internacional al cambio climático inició con la adopción de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en 1992. Esta Convención estableció un marco de acción, cuyo objetivo es la estabilización de la concentración de GEI en la atmósfera, para evitar que la actividad humana interfiera con el sistema climático.
La CMNUCC entró en vigor el 21 de marzo de 1994, y actualmente incluye a 188 países. Las intensas negociaciones posteriores culminaron en la Tercera Conferencia de las Partes en Kyoto, Japón, en 1997, cuando los delegados acordaron un protocolo, que pasaría a denominarse Protocolo de Kyoto, el cual compromete a los países desarrollados y a los países en transición a alcanzar objetivos cuantificables de reducción de emisiones de CO2.
En este protocolo se establecen mecanismos flexibles para reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero. Los que mayor aplicación tienen para los países en transición son el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) y el Comercio de Emisiones (CE).
MERCADOS DEL CARBONO
Los mercados del carbono se han desarrollado vertiginosamente, mediante las transacciones de CO2 derivadas del desarrollo de proyectos de Mecanismo de Desarrollo Limpio; el mercado ha crecido constantemente desde 13 millones de toneladas de CO2 en 2001, hasta más de 70 millones en 2004, mientras que el Comercio de Emisiones se desarrolla entre los países desarrollados y las economías en transición. Gran parte de este incremento procede de América Latina y Asia.
Este desarrollo en el mercado internacional del carbono se debe al interés que existe por adquirir las Reducciones Certificadas de Emisiones (RCE), principalmente por la Comunidad Europea, Canadá, y Japón. Actualmente, se consolidan también mercados regionales independientes, como el Mercado del Carbono Europeo, los mercados de Japón, Canadá, Inglaterra y un mercado paralelo en los Estados Unidos y Australia.
En 2004, los países insertos en el Protocolo de Kyoto se reunieron en la conferencia de las partes en el CMNUCC, celebrada en Buenos Aires, Argentina. Entre las cuestiones abordadas, se citan los proyectos de repoblación forestal y reforestación en pequeña escala, y la utilización de las buenas prácticas silvícolas previstas en el mismo protocolo, así como el carbono procedente de los productos madereros de los aprovechamientos forestales y técnicas de medición sobre la degradación de los bosques.
LOS BOSQUES, COMO SUMIDEROS DE CARBONO
La importancia de los ecosistemas vegetales surge de una ecuación básica, según la cual: CO2+agua+energía solar = oxígeno+azúcares; además de la producción de oxígeno, que es lo interesante en esta ecuación, hoy se considera aún más importante el hecho que representa la captura y transformación de CO2, en fijación de carbono. Esta ecuación es el proceso natural denominado fotosíntesis:
Fotosíntesis = CO2 + H20 radiación lumínica + clorofila C6H1206+602
Considerando esta ecuación biológica, se propuso que las emisiones de CO2, podrían transformarse en nuevos bosques, mediante el proceso de la fotosíntesis. ya que la mayor parte del CO2 que utilizan los vegetales termina por convertirse en celulosa, componente principal de la madera. Es importante destacar que los almacenes de carbono en un árbol son el follaje, las ramas, las raíces, el tronco, así como el detritus que se desprende de estos organismos vivos.
Como producto de este proceso fotosintético, en las últimas décadas ha surgido un interés considerable por aumentar la fijación de carbono en la vegetación terrestre, mediante la conservación forestal, la forestación, la reforestación, los sistemas agroforestales y otros métodos de buen uso del suelo. Actualmente se reconoce la importancia de los bosques como un medio para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero, de modo que los ecosistemas forestales se han convertido en importantes sumideros de CO2.
En este contexto, se señala que a través de la restauración ecológica de las áreas degradadas mediante prácticas de rehabilitación, plantaciones y/o regeneración natural, se pretende almacenar el carbono a través del crecimiento de árboles y, al extraer la madera, convertirla en productos durables. El carbono acumulado se mantendrá durante la vida útil del producto.
CONCLUSIONES
Para mitigar el cambio climático, se considera cualquier acción que dé como resultado una reducción en el incremento de las emisiones de carbono en un área determinada y/o por la sustitución de combustibles fósiles.
Además, se identifican dos opciones básicas para mitigar el cambio climático en el sector forestal: a) conservación, que consiste en fijar las emisiones de carbono a través de la preservación de áreas naturales protegidas, el fomento hacia el manejo sostenible de los bosques naturales y el uso renovable de leña, así como la reducción de incendios; y b) reforestación, dedicada a recuperar áreas degradadas mediante acciones como la protección de cuencas, la reforestación urbana, la restauración con fines de subsistencia, el desarrollo de plantaciones comerciales para madera, pulpa para papel, principalmente, así como las plantaciones energéticas y los sistemas agroforestales. Acciones como éstas tienen por objetivo incrementar la fijación y almacenaje de carbono.
Para proponer estrategias viables dirigidas a la mitigación del cambio climático, es imprescindible conocer la dinámica del carbono en los ecosistemas forestales y las modificaciones de los flujos de carbono, derivadas de los cambios de uso de suelo. Asimismo, se requiere tener la información técnica sobre el contenido de carbono en los diversos almacenes del ecosistema.
Los ecosistemas forestales contribuyen en gran medida a la mitigación del cambio climático, identificando tres estrategias principales de manejo de carbono:
* Incrementar la cantidad o tasa de acumulación de carbono, mediante la creación, desarrollo y conservación de los ecosistemas forestales (sumideros de carbono).
* Prevenir o reducir la tasa de liberación de carbono ya fijada en los sumideros de carbono existentes.
* Reducir la demanda de combustibles fósiles, mediante la incorporación de nuevos sistemas de energía alternativa.
