Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez
Investigadora /UANL
Sin ella, no hay progreso ni ciencia aplicada. Ella, por sí sola, expone el empuje de lo más bello que tienen el hombre y la mujer: su necesidad de saber, de orientarse en todo y para todo. A ella compete el conocimiento más vasto: desde el origen del universo hasta la configuración del cerebro y del átomo. Su nombre es tan bello como su radical concepto: ciencia pura. La ciencia pura, aquélla que en sus orígenes no tiene en cuenta su aplicación práctica, es la que ha movido mentes ilustres de filósofos, sociólogos, científicos de todas las ramas, que desde las diversas escuelas – desde Platón hasta el constructivismo- , han disertado sobre ella.
UTILITARISMO Y CIENCIA PURA
Hoy, cuando el mundo parece moverse sólo en función del utilitarismo, ésta, la ciencia pura, nos recuerda algo fundamental para nuestra esencia como sociedad: la democratización de las innovaciones pasa necesariamente por el libre ejercicio de la ciencia pura, que históricamente ha permitido avanzar no sólo con aplicaciones pragmáticas derivadas de ésta, sino sobre todo, en el análisis de las alternativas para tomar decisiones filosóficas conscientes que nos lleven al servicio de los valores sociales y ambientales de nuestras comunidades.
La importancia de la ciencia pura como fuente infinita de generación de conocimiento es apoyada incluso por los científicos más destacados del país. Una encuesta realizada con absoluta seriedad, y dada a conocer en 2005 por la Academia Mexicana de la Ciencia, así lo ratifica.
Un cuestionario enviado vía correo electrónico a miembros adscritos al Sistema Nacional de Investigadores, expone la postura de la comunidad científica sobre este concepto: Estado, universidades y sector privado deben apoyar por igual a la ciencia pura y a la aplicada.
A pregunta sobre si en este momento en México debe favorecerse el desarrollo de la ciencia y la tecnología, apoyando la investigación aplicada sobre la básica, la comunidad científica nacional no dudó: el 81 por ciento de los investigadores opinó que deben fortalecerse ambas por igual; un 10 por ciento se pronunció por respaldar prioritariamente la investigación aplicada sobre la básica, y el resto se inclinó de manera fundamental por la ciencia pura.
Ellos, los científicos y los investigadores, saben que la rentabilidad de la investigación científica no debe ni puede estar reñida con la razón, la paciencia y la tenacidad que ocupa y preocupa a la ciencia pura, porque la mayor ganancia de ésta no se traduce necesariamente en millones de dólares, euros o yenes, sino en la mejor y más grande divisa: el universo infinito del hombre.
