Para Competir, hay que crear tecnología

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Ricardo Viramontes  Brown

A pesar de que en el despertar industrial de México se dio el modelo ideal de articulación entre las instituciones que generan el conocimiento y los responsables del desarrollo tecnológico, me atrevo a mencionar como ejemplo la experiencia que se vivió en la ciudad de Monterrey en donde la escuela de Técnicos, Álvaro Obregón, el Tecnológico de Monterrey o la facultad de Ciencias Químicas fueron la respuesta a las necesidades de la industria en un claro esfuerzo de colaboración y desarrollo.

Así como este ejemplo me atrevo a pensar que se dieron muchos otros casos como debió ser entre la industria de laminería y la Universidad de Guanajuato o los diferentes sectores industriales a los que atendió la Universidad Nacional Autónoma de México o el nacimiento del Instituto Politécnico Nacional.

El esquema de economía cerrada en que se desarrolló nuestra industria es quizás una de las principales causas que originaron la desarticulación entre las instituciones que generan el conocimiento y que fueron creadas por los usuarios, llegando incluso a la total independencia entre ellos, mal que aún padecemos. En esta desafortunada época la industria aprendió a comprar tecnología y a tocar puertas en instituciones del extranjero en donde encontró la respuesta que ya no buscaba y por ende, no encontraba en sus propias instituciones. Aquí es cuando surge la tan escuchada frase: «Es que no nos entendemos».

Las respuestas que a lo largo del tiempo, hemos creado para compensar este mal, nos han colocado en una espiral que dificulta retomar el camino correcto y que nos cuesta mucho trabajo sostener. Quiero mencionar, como ejemplo de esta situación, el Sistema Nacional de Investigadores, creado para compensar adecuadamente a los investigadores mexicanos que perdieron la oportunidad de que sus trabajos fuesen reconocidos y retribuidos por los usuarios: la industria. Ahora, el trabajo científico es evaluado por extranjeros: «revistas de alto impacto» peor aún, estos trabajos de mucho valor, no son aprovechados por los usuarios mexicanos, pues en la mayoría de los casos ni se conocen; o sea, que el escaso recurso que el gobierno destina para la ciencia no lo aprovechamos los mexicanos.

Yo creo que los tiempos y fenómenos que vivimos llegaron al punto en donde nos enfrentamos a la realidad y vemos con desesperación que los esquemas creados se desmoronan y ya no funcionan. Un claro ejemplo es la lucha que vivimos por el presupuesto para ciencia y tecnología: la ciencia ve cómo amenazan a sus espacios ya conquistados los esquemas de estímulos que se empiezan a dar para fomentar el desarrollo tecnológico, que se dan en todos los países con los que México tiene relaciones comerciales.

Quiero aprovechar este espacio para proponer que nos demos la oportunidad de pensar en nuevos modelos y esquemas novedosos y creativos que establezcan plataformas que fuercen a los actores a restituir la comunicación y a colaboraren la lucha por un México mejor. Creo que el desarrollo tecnológico es el motor de la verdadera vinculación entre el talento y la producción. Ahora bien, nos preguntamos: ¿Cómo le hacemos?

Mi propuesta es que juntos busquemos aquellas carencias o espacios que ofrezcan a los usuarios oportunidades de mejorar en productividad y competitividad o en colocar nuevas ofertas en el mercado. Creo que las oportunidades son muchas y me atrevo a mencionar tan sólo una de ellas: la energía.

La energía es la herencia que, por malas administraciones de los recursos, la estamos utilizando para comprar la comida en lugar de destinarla a enriquecer nuestro patrimonio y futuro. Tenemos una excelente oportunidad para que con talento desarrollemos nuevos procesos para convertir en energía limpia tantos energéticos alternos que desperdiciamos sin darnos cuenta día con día. ¿Por qué esperar a que alguien en otro país desarrolle algo para luego nosotros adoptarlo?

Así como este ejemplo, nuestro país nos ofrece un sinnúmero de oportunidades en casi todas las ramas de la industria, como la construcción, los alimentos, el transporte, el textil, etc. En este ejercicio vale la pena preguntarnos si las únicas oportunidades tecnológicas están en los campos que más nos asombran, como la electrónica.

Quiero recalcar la urgente necesidad de crear nuevos modelos que sustituyan al SNI, que fortalezcan las funciones del CONACyT, que dignifiquen a nuestros investigadores; en fin, que nos lleven a aprovechar mejor nuestros recursos.

Estamos convencidos de que nos encontramos ante la oportunidad de generar este gran cambio; nos comprometemos a seguir participando con aportaciones creativas y positivas, pues definitivamente no es tarea de un solo actor, sino de todos: investigadores, industriales, gobierno e instituciones de crédito.

 

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