“¿Cuánta ciencia esconde un simple acto poético?”

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Milton Maciel Mata Guerrero / Divulgador Científico.

milton.ciencia@gmail.com

Recuerdo un muy emocionante y tan fascinante viaje que realicé hace varios años al campo; desperté un día muy temprano cuando el Sol apenas se asomaba por detrás de las montañas y decidí salir a dar un paseo, pude mirar hermosos paisajes, respirar aire limpio y fresco; simplemente pude disfrutar de la Naturaleza.

Después de caminar por un rato me senté a descansar bajo la sombra de un frondoso árbol, cerca de mí había un pequeño montón de hierba del cual se asomaba una linda flor solitaria, me acerqué a ella y pude contemplar su belleza; fue entonces cuando me pregunté: ¿Cuánta ciencia esconde el simple acto poético de mirar una linda flor?…

El Sol es un gigantesco reactor nuclear, en su núcleo la temperatura alcanza los 15 millones de ºC, es aquí donde se producen reacciones termonucleares, cada segundo 600 millones de toneladas de hidrógeno se convierten en 596 millones de toneladas de helio y 4 millones de toneladas de materia se transforman en energía y el Sol emite luz, es decir, brilla.

La luz emitida por el Sol viaja por el espacio a una velocidad de 299,792.458 kilómetros por segundo, ya que la distancia media entre el Sol y la Tierra es de 149,598,262 kilómetros, a la luz del Sol le toma unos 499 segundos en llegar hasta el límite donde termina la atmósfera de la Tierra y comienza el espacio exterior.

La luz solar consistente en fotones es una combinación de todos los colores de la región visible del espectro electromagnético, donde cada color posee una diferente longitud de onda y una frecuencia distinta, dicha luz tarda unos 3 milisegundos en atravesar la atmósfera terrestre; estos fotones que han transportado energía a través del espacio llegan hasta la flor, cuando esta luz la ilumina, dichos fotones transfieren energía a los electrones de los átomos que constituyen la flor, después de que estos electrones absorbieron energía, nuevamente sueltan energía y los átomos la emiten. La absorción y emisión de energía que se da, depende de la naturaleza misma de la materia que compone dicha flor.

Es de acuerdo a esta naturaleza que la flor es capaz de emitir y absorber ciertas longitudes de onda (colores). La luz (fotones) emitida por los átomos de la flor llega hasta una membrana sensible del ojo llamada retina, la cual posee millones de células visuales fotosensibles. La retina tiene unos 3 millones de células sensibles a los colores llamadas conos y unos 100 millones de células sensibles a la luz llamadas bastones.

El ojo humano es capaz de percibir luz cuya longitud de onda sea de entre 400 y  750 nanómetros. Lo que nos permite ver son las reacciones químicas que la luz visible provoca en nuestros ojos; los cuales son capaces de percibir más de 7 millones de colores (matices) distintos. Todo esto se traduce en impulsos nerviosos que alcanzan una velocidad de 360 kilómetros por hora, estos impulsos pueden viajar por las más de 100,000 millones de neuronas y por los más de 5,000 billones de sinapsis que hay en el cerebro humano; el cual, después de realizar miles de millones de cálculos crea una imagen de la flor que se está mirando…

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