Doctora en Medicina Adelina Alcorta G. de González
Jefa del Departamento de Psiquiatría / HU
adalcorta@hotmail.com
La opción más práctica, efectiva y económica para vivir sin estigma es la enseñanza de la Psiquiatría a toda la comunidad. Todos queremos ayudar a mejorar nuestras condiciones de vida. Todos queremos hacer algo por la calidad de vida y enseñanza. Entonces, es urgente, y prioritario entre las prioridades, apoyar a nuestra institución, a nuestros estudiantes y pacientes. Si lo hacemos, exigiendo la ética en su práctica, depurada de añejos tabúes y malas alianzas, bajo principios inalienables pro salud psicosocial, lograremos apoyar a toda la sociedad.
La comunidad profesional entera debería ser ejemplo de apoyo contra el estigma, con el ánimo conjunto de promover una nueva visión de enseñanza para todos. Si sumamos todas las especialidades de la medicina, la psicología y el psicoanálisis, la enseñanza de la psiquiatría podría ser en unas décadas actualizada y la sacaríamos de la sombra de su historia despojada de humanismo, de errores en políticas de salud, de malos profesionales que actuaron más para satisfacer su patología que la de sus pacientes.
UNA CIENCIA PARA TODOS
¿Por qué es para todos? ¿Por qué no sólo para los médicos o psicólogos? Trataré de responder con ejemplos comunes y conocidos: porque es para todos como ir al dentista a fin de no dejar que una pieza con caries avance a un mayor problema. Los libros de primaria y secundaria lo contemplan y facilitan su enseñanza. Igual deberíamos entender que, por su naturaleza, el ser humano debería asistir a atender el menor síntoma de depresión, ansiedad o problema de conducta.
Si desde los griegos, Shakespeare y Octavio Paz se habló de conflictos psíquicos, y éstos se reconocen como universales, causa de malestar y sufrimiento al ser humano, ¡¿por qué reñir con quienes se percatan de ellos y acusarlos de débiles y estigmatizarlos?!
Con frecuencia escuchamos el concepto de calidad en la enseñanza; pero, ¿alguien sabe realmente a qué se refieren estos términos? Desde mi punto de vista, la calidad en la enseñanza es un proceso dinámico que requiere del sentido común y una gran apertura a ideas creativas e innovadoras, con argumentos prácticos para el día a día.
La Psiquiatría y su enseñanza debe ser prioridad en Salud; es de sentido común, y, si no, al menos aceptemos las estadísticas. Es un reto primordial el generar una cultura de enseñanza que desmitifique los miedos al enfermo psiquiátrico y su cuidador. El auge de los centros ambulatorios en medicina y psiquiatría obedecen en mucho a los avances que en cada materia se han dado.
Con detección y atención oportuna, los pacientes pueden ser cuidados en casa, sobre todo cuando la familia es funcional, cuando el entorno del paciente es empático y comprensivo. Si se hace bien y el enfermo responde, se evitará que los trastornos psiquiátricos avancen, simplemente por evitar cargas extras que complican los casos.
Las comorbilidades agravan el pronóstico. Pocos trastornos mentales ocurren libres de comorbilidad, y la disfunción familiar primaria o secundaria es la más frecuente. Nadie escapa al impacto de un enfermo deprimido o psicótico en casa; todos los trastornos emocionales afectan a por lo menos de cinco a 10 personas a su alrededor. Estas cinco a 10 multiplicarán su efecto en otras áreas de la comunidad, familia o trabajo.
TRATO IGUALITARIO
Porque todos lo resentimos aun más que si hubiera que convivir a diario con los enfermos cardiópatas, hipertensos, diabéticos, o con cáncer, debemos aceptar la urgencia de saber más sobre cómo apoyar a los terapeutas de los enfermos emocionales y psiquiátricos. Además, hay una diferencia básica: nadie censura en los casos primaria-mente médicos (cardiópatas o diabéticos por ejemplo) el que su médico tenga que recomendarles que acepten pasar unos días hospitalizados. Nadie censura en ellos requerir de medicamentos costosos, dietas, ejercicios, laboratorios y múltiples análisis. ¿Por qué no tratamos igual a los médicos y sus pacientes enfermos del alma, a los enfermos de sus emociones y conducta, a los enfermos mentales? ¿Por qué censuramos a quien acudió al psiquiatra y no censuramos a quien acudió al dentista? ¿Por qué crecen y se da enorme presupuesto a centros de enfermedades no psiquiátricas y no llega este presupuesto a los centros donde recibimos a enfermos psiquiátricos?
Todos estamos de acuerdo en no hospitalizar a los enfermos psiquiátricos, pero: ¿qué acaso no hemos entendido que ellos han pasado el límite de los cuidados ambulatorios?
CRITERIOS DE INTERNAMIENTO
Entre los criterios de internamiento, el intento de suicidio o la idea persistente y resistente a cuidados ambulatorios es la más común indicación. Cuando se interna un paciente suicida, es porque ya no hay forma de control ambulatorio. El suicida niega su derecho a ocupar recursos médicos, gran parte por su deseo autodestructivo, pero también por la censura familiar y social que le recrimina el gasto que esta hospitalización implica. Aun si no se internara, hay una gran inversión de tiempo y recursos humanos que conlleva su cuidado y que también se traduce en problemas de economía.
¿Por qué encima de todo esto el enfermo y su familia asumen otro reto agregado: el estigma que le espera ante su “debilidad humana”, genética o familiar, por ser un sujeto que, en lugar de infartarse del cerebro, el pulmón o el corazón, “sólo” tiene ansiedad, depresión y deseos de morir? ¿Por qué al primero se le puede internar y ofrecerle todo tipo de recursos y al segundo lo dejamos cuestionando sobre lo justo del juicio del clínico?
Si vemos la depresión, la enfermedad bipolar y la esquizofrenia como se ve al enfermo del hígado o de cáncer, deberíamos estar atentos a su tratamiento, facilitando la investigación diagnóstica terapéutica y sus costos de hospitalización.
Sabemos que para ninguno es fácil; sabemos que para todos es caro, para todos hay ventajas y desventajas, pero nos esforzamos porque sean mejor atendidos y en lugares más dignos. Nos esforzamos porque sean bienvenidos en todos lados. Que ellos no lleven cargas agregadas a su lucha por la salud. Que su lucha sea apreciada como digna de fe, de esperanza y caridad. ¿Dónde está la caridad para los pacientes que se ingresan y hospitalizan en el Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario? ¿Dónde está la fe que queremos otorgarles a sus familias y con ellas a los hijos de sus hijos? Si se les señala por haber estado ahí, estamos dañando más al enfermo y deberían prohibirse los hospitales psiquiátricos. Entonces, ¿usted estaría dispuesto a cuidarlos en casa? Hágalo, o dignifiquemos el concepto de hospital psiquiátrico y sus modelos de enseñanza
El reto es a que lo hagan porque, si no lo hace nadie profesionalmente y humanamente, los pacientes agudos y complicados con problemas de carácter e impulsividad o suicidas, sólo podrán ser tratados por los programas ambulatorios después de ser asistidos en esas fases bajo modelos hospitalarios; más aún cuando no tenemos una cultura de detección oportuna; ésta apenas empieza.
UN CASO
El agotamiento de las familias que luchan solas, sin apoyo hospitalario, testimonia esta necesidad. Un día que consultaba un menor de 11 años con varios intentos suicidas, el residente de guardia me llamó para revisar conmigo la oportunidad de internarlo.
La madre del paciente venía acompañada de otros tres menores, y aceptó que su hijo fuera internado, pues había estado en lista de espera por una semana, y ella, agotada, pedía y abogaba por un lugar para su hijo. El día que se le llamó para asignarle el lugar, vino a consulta y confesó su deseo de dejar a su hijo, pero a la vez nos dijo cómo venía manejando su carro con la fantasía de estrellarlo con todos. Estaba muy deprimida y confirmó su idea suicida al salir de la consulta.
La hija menor ya jugaba con las tijeras de su casa tratando de cortarse las venas; la hermana mayor había intentado antes hacerlo y ahora cuidaba a un hermano menor. La madre estaba abrumada por su situación e historia de maltrato; el padre tenía una restricción sugerida por el juez, para aclarar la situación de la pareja y la patria protestad de sus hijos. El residente me preguntaba: “¿A quien interno? ¿Cómo evaluamos esto?”. No había un familiar que la señora indicara como responsable.
Por situaciones en extremo complejas, los hospitales psiquiátricos deben tener terapeutas familiares de cabecera. Deben tener psiquiatras infantiles con un equipo de psicólogos y enfermeros y trabajadores sociales que agilicen la tarea.
Primero que nada, el médico debe tratar de contactar al familiar responsable, dar aviso a la autoridad y ofrecer vigilancia estrecha para el adulto y menores que se quie-ren hacer daño. ¿Podremos mandar a tratamiento este cuadro a un centro de primer nivel sin antes conocer más alternativas de solución?
¿El estigma de internar el caso es evitable por ahora?
Debemos ser reconocidos como unidades de apoyo a enfermos en situaciones que requieren controles médicos más estrictos, ajustes medicamentosos en situaciones extremas para, con menor demora, tratar la conducta que se ha desviado del autocuidado. ¿Dónde están esos centros de búsqueda de nuevas fórmulas de vida cuando la esperanza está perdida y la familia y la sociedad alrededor del enfermo son virtuales?
NUEVA VISIÓN DE LA PSIQUIATRÍA
Debemos aprender y enseñar esta Nueva Visión de la Psiquiatría. Pero, mientras, los psiquiatras nos proponemos ser activistas y luchadores ante la adversidad por excelencia. En lo institucional, por decenios no hemos sido prioridad en los planes de desarrollo y, aunado a ello, al querer mitigar el estigma con centros comunitarios ambulatorios, seguimos agregando estigma a los que requieren indispensable hospita-lización. Requerimos aún de ambos.
Entiendo que legos en la materia o al servicio del sistema quieran cerrar los hospitales psiquiátricos por no entrenar y pagar más y mejores y más calificados recursos humanos. Entiendo que la población debe cooperar en estas tareas. Pero ser psiquiatra de un centro como el nuestro no me permite decir mentiras. Hay una demanda creciente de pacientes que no podrían ser tratados ambulatoriamente porque su indicación primaria es el internamiento. Los servicios de tercer nivel deben hablar para no sumarnos a errores mayores. Requerimos recursos humanos calificados en primero, segundo y tercer nivel de atención.
Es bueno que se promueva otra cultura para prevención de casos que deberán ser atendidos tempranamente por el médico general, psicólogo o psiquiatra. Pero ese nivel aún no ha evitado los casos que llegan, como el que describí antes. La comunidad y la calidad de vida son prioridad y superiores a todo esto. Pero los depresivos, bipolares, psicóticos, alcohólicos, adictos, y sujetos con problemas de carácter grave con riesgos de auto o hetero agresión, resistentes a tratamiento y de difícil manejo ambulatorio: ¿a dónde van a ir para ser atendidos por ahora y sin estigma? ¿Quién va a tener los recursos humanos suficientes y supervisados para estos casos?
La enseñanza y psicoeducación complementan, pero no nos substituyen. Ojalá que pronto se hiciera cierto que se eviten casos graves por el abordaje temprano. Deseamos ser un centro ambulatorio más. No es el momento y trabajamos para ello con toda nuestra fuerza de recursos, pero no se puede empezar por la z si el abc no se ha cumplido. Primero hay que aliviar al agudo y estabilizarlo, para luego externarlo.
Nuestra Universidad debe entender que, como en el fútbol, los goles llegan con más frecuencia cuando el goleador trae equipo. Pero el goleador no puede fallar a su ética profesional por quedar bien con el árbitro o con el dueño del equipo y decirle que sí a todo, si él sabe que para meter goles hay un abc básico que cumplir. Si el equipo lo hace y se colude con el dueño o alguien más y bloquea al goleador, todos cooperan al autogol tarde o temprano.
A ENDEREZAR EL CAMINO
Así estamos en nuestra historia. Nos duelen los autogoles. ¿Por qué no enderezamos el camino? No se puede negar nuestra prioridad en salud y en salud mental. Hemos tenido que crear una asociación Civil para trabajar en apoyar a nuestro centro. La asociación te invita a unirte en nuestra búsqueda de recursos para el programa de desarrollo del Departamento de Psiquiatría. Todos se orientan a la Salud Psicosocial. El beneficiario primario eres tú. Por una visión integral profesional Pro Salud Psicosocial www.pro-salud-psicosocial.org. Llama al 83 47- 6147; 83 35- 1408 y 68.
