El proyecto de crear un parque eólico en la proximidad de las costas normandas ha suscitado la incomprensión casi unánime de los soldados veteranos americanos, canadienses, australianos. Una solicitud en línea ha recabado ya dos mil 500 firmas
(Tomado de Courrier International. Traducción de Félix Ramos Gamiño).
Sesenta años después, el recuerdo de las playas ensangrentadas de Normandía atormenta todavía la memoria del mayor Roy Eddy. El 6 de junio de 1944, acababa él de cumplir 20 años, cuando se encontraba al frente de una barcaza de desembarco, llena de soldados con destino a Juno Beach.
La mayor parte de ellos no volvieron jamás. Actualmente, a los 87 años, Eddy vive en Mississauga, no lejos de Toronto. Desde el fin de la guerra, él ha regresado 22 veces a Europa. Hoy en día, no acierta a comprender el proyecto del gobierno francés, que desea instalar un parque eólico a lo largo de Juno Beach, donde murieron 340 soldados canadienses el día del desembarco. «Esto le quitaría todo carácter sagrado al lugar», explica Eddy. «Para un lugar en que miles de soldados encontraron la muerte, esto desviaría terriblemente la atención», señala.
Anunciado el pasado mes de enero por Nicolas Sarkozy, este proyecto de 20 mil millones de euros prevé la construction de 600 turbinas de viento, en cinco sitios, a lo largo de las costas francesas, en el Atlántico y La Mancha. La licitación acaba de ser lanzada, y la propuesta ganadora se conocerá a principios de 2012. El parque eólico deberá estar en operación el año 2015.
En Francia, el colectivo Epaw (Plataforma Europea contra la Industria Eólica), que agrupa a 483 organizaciones, critica vivamente este proyecto, y hace un llamado a una moratoria sobre todo sitio eólico, por toda una serie de razones sanitarias, estéticas e históricas.
«Es un grave error para la imagen de Francia en el mundo», declaró en el curso de una entrevista telefónica. «Muchas familias de soldados ingleses y canadienses consideran que Francia no debería hacer una cosa así».
Con una altura de 150 metros, las turbinas eólicas, instaladas a diez kilómetros de las costas, crearán un efecto «discoteca» durante la noche, explica Jean-Louis Butré. Mientras que el gobierno afirma que el centenar de turbinas eólicas, previstas a lo largo de Courseulles-sur-Mer serán apenas visibles desde la playa, los opositores al proyecto sostienen que todo mundo las podrá ver desde una de las cinco playas del desembarco.
La petición en línea contra este pryecto ha reunido ya cerca de dos mil 500 firmas en Europa, Australia y América del Norte. Sin embargo, no todos los veteranos del desembarco son hostiles al proyecto francés. Garth Webb, presidente y director de la Juno Beach Centre Association, no se opone a la creación de un paque eólico a lo largo de Courseulles-sur-Mer, donde se encuentra el Centro Juno Beach.
Para él, las turbinas eólicas no tendrán ningún impacto negativo sobre el museo o el centro cultural que conmemora el sacrificio de los soldados canadienses en Europa. «Es difícil de visualizar, pero yo no veo en qué nos podría perjudicar», explica el veterano de 92 años. «Estamos en el siglo XXI ; es necesario vivir con el tiempo. Yo no veo en eso nada de ofensivo».

