Indira Kempis
Anoche me encontré con la noticia de que un locutor y columnista llamado Ángel Verdugo incitó en su programa de radio a “aplastar” ciclistas en el Distrito Federal. Con más excusas que argumentos, con más racismo que tolerancia, con más desinformación que conocimiento, comentó una serie de afirmaciones incitadoras a la violencia y amenazantes para los ciclistas urbanos.
Un fragmento: “Los señores estos… No sólo los que circulan en bicicletas propias, sino esta plaga que se creen europeos, se creen franceses. Y no señores, ¡ustedes no son franceses! Acéptenlo: son mexicanos con todo lo que ello implica. No están ustedes en París o en Champs Élysées… No señores, están ustedes en esta selva de concreto”. Asimismo, Ángel Verdugo instó a los automovilistas a causar daño a los que se transportan en bici: “láncenles el vehículo de inmediato”, “aplástenlos”, “son unos abusivos y unos gandallas”. Su compañero Francisco Zea (ambos pertenecen a la estación de radio Reporte 98.5), celebraba estas declaraciones desafortunadas.
Lamentable y efectivamente, los ciclistas urbanos no vivimos en ciudades cuya planeación urbana contribuye al desarrollo humano de sus habitantes como lo han hecho París, Bogotá o Barcelona. Sabemos que circulamos en contracorriente a los hábitos de un país dominado por la industria automotriz. Entendemos que la cultura vial no nos favorece. Sin embargo, a pesar de eso, lo hacemos por convicción y también por necesidad. No olvidemos los cientos de panaderos, carniceros, obreros, cuya movilidad es impulsada por los altos costos del transporte público.
Andar en bici por la ciudad representa un acto de libertad individual y colectiva, de despojarnos de una comodidad que ha sido responsable en gran parte de nuestros problemas de vialidad, obesidad e, incluso como han demostrado estudios recientes sobre prevención del delito, hasta de violencia e inseguridad.
El único punto en el que coincido con Ángel Verdugo es que el ciclista tiene la obligación de respetar al peatón y los reglamentos de tránsito (si es que en ellos se les incluye), pero repruebo de manera afirmativa y rotunda que se incite a la violencia justo en estos momentos cuando estamos tan necesitados de paz.
Los ciclistas urbanos o la “revolución ciclista” como se nos ha denominado estamos contribuyendo a la disminución de la contaminación, a la economía familiar y a nuestra salud, porque no necesitamos vivir en París para saber que este país, el nuestro, es posible una forma de movilidad urbana sustentable. #yosoyciclista

