LicenciadaHermelinda Fuentes
Psiquiatra de niños y adolescentes
Los niños y adolescentes son muy hábiles físicamente; están dotados de fuerza muscular y ósea; desarrollan con gran agilidad actividades de todo tipo. Sin embargo, aunque muchos adolescentes y menores se ven muy comunicativos, esta comunicación no es fácil, tratándose de problemas psicológicos; en estos casos batallan para dar información de sus propios sentimientos. Surge entonces la opción de compartir éstos en grupo, una inclinación natural a estas edades, cuando los chicos buscan a otros de su camada para compartirles dudas y experiencias. La psicoterapia en grupo facilita esta expresión; pero, en un campo terapéutico, ¿cómo trabaja esta técnica para lograr cambios?
Las técnicas de acción permiten representar escenas pasadas o futuras, vivenciadas en el presente, haciéndolas accesibles a la comprensión de los participantes. Por ello, la terapia de grupo es ideal para trabajar con niños y adolescentes, sobre todo en aquellos grupos de púberes y adolescentes tempranos (de 12 a 14 años) entre los cuales observamos dificultades para que expresen sus ideas y sentimientos. En esta etapa de la vida, los jóvenes también se resisten a hablar de temas que les resultan angustiantes o que aún consideran prohibidos, por lo que a veces des-criben sus problemas de manera global. Los terapeutas que trabajamos tanto en técnicas individuales como en las de grupo, apreciamos cómo éste “auxilia” para que haya una mejor comunicación y apoya para que se desarrolle la terapia.
DRAMATIZACIÓN
Por ejemplo, con las evidencias (conductas observadas entre los miembros del grupo), el terapeuta y el grupo construyen una escena que se ha de dramatizar. Resulta significativo que la escena por representar esté cercana a su reciente experiencia, y al mismo tiempo sea diferente. En estos grupos especiales de terapia, los jóvenes pacientes se encuentran en una etapa de transición en su desarrollo, por lo que es importante el deslinde entre lo que corresponde al mundo de la fantasía y lo que es propio de la realidad.
En este sentido, uno de los requisitos para la escenificación es que el grupo se mantenga en el nivel de la representación simbólica, con la conciencia de que los hechos son, a la vez, reales e irreales. En situaciones donde en vez de representación simbólica se cae en actuaciones, es conveniente detener el proceso de la dramatización para evitar la expresión directa del impulso.
Una de las ventajas de estos grupos de jóvenes es la uniformidad en sus edades, ya que comparten los mismos intereses y el código de comunicación. Otro punto favo-rable para el proceso terapéutico es cuando, por identificación, comparten igual problemática, como sucedió en el grupo que se expone como ejemplo a continuación: Púberes con bajo rendimiento escolar y problemas de conducta como actos delictivos de robo y rebeldía, todos con un padre ausente. El tratamiento duró ocho meses, con frecuencia de una hora y media por semana. Se emplearon las técnicas de acción, con el propósito de romper resistencias, como los silencios prolongados.
Otras representaciones tocaban la problemática grupal común, que se seguía elaborando en subsiguientes sesiones de terapia verbal habitual.
Las técnicas psicodramáticas que más se emplearon fueron: del espejo, inversión de roles y doblaje. Su aplicación ayudó a un aumento en la duración y frecuencia en la participación de los jóvenes, y se encontró que sus efectos continuaron después de la dramatización, aspecto que permitió la elaboración del conflicto focalizado del grupo (ausencia del padre).
Es conveniente aclarar que el grupo fue seleccionado al azar, de entre las listas de espera para el tratamiento en una institución de salud mental gubernamental.
CRITERIOS DE SELECCIÓN
Para seleccionar a los jóvenes que serían integrantes del grupo, se tomaron en cuenta los siguientes criterios:
Que se tratara de jóvenes de 13 a 15 años de edad
Que tuvieran un Coeficiente Intelectual Promedio
Que no tuvieran problemas de horario matutino
Que tuvieran capacidad psicológica para sostener el tratamiento.
MOTIVOS DE CONSULTA
Por lo que se refiere a los motivos de la consulta, se hicieron las siguientes consideraciones:
Que hubiera entre los jóvenes problemas de conducta rebelde
Que tuvieran problemas de inquietud
Que fueran víctimas de encopresis (defecar en la ropa o mancharla por no darse tiempo o cuenta para ir al sanitario
Que fueran de bajo rendimiento escolar
Que hubieran participado en casos de robo
PARTE II. EJEMPLO CLÍNICO
El grupo estuvo conformado por:
JULIO (J), de 14 años, hijo de la segunda esposa del padre, pues éste vivía aún con su primera esposa. J tenía dos hermanos y dos medios hermanos. Éstos tenían los mismos nombres que los primeros. Cuando J ingresó al grupo, el padre tenía un mes de haber fallecido en un accidente automovilístico.
ARTURO, de 13 años de edad, con problemas de impulsividad. Vive con sus padres, pero tiene una mala re-lación con el padre. Su madre es dominante. Arturo es hijo único varón en la familia.
JUAN, de 14 años de edad, con una mala relación con el padre y una madre dominante. Predominan en él las actitudes de timidez y retraimiento. Los padres tienen serios problemas de pareja.
ARIEL, de 13 años de edad. Vive con su madre, sus abuelos maternos y una tía que sostiene a la familia, inclusive a Ariel y a su madre. Ésta ayuda en los quehaceres de la casa. Ariel tiene problemas de conducta en la casa y en la escuela, y una mala relación con toda la familia.
FERNANDO, de 15 años de edad. Vive con sus padres y sus abuelos paternos. Tiene una mala relación con el padre, y una madre dominante; problemas de relación con pares, con ingestión de alcohol esporádicamente y, por referencia de la madre, se sospecha de consumo de drogas.
DESCRIPCIÓN CLÍNICA
Cuando se inician las actividades del grupo, se presentan todos los integrantes, se les da el encuadre y las reglas del mismo. Se muestran callados con una comunicación no verbal de miradas, gestos, señas y risas. (Esta situación se prolonga durante varias sesiones).
Ésta era su manera de comunicarse. Primero tenía yo que entenderla para ser aceptada por el grupo. Me in-
quietaba y a la vez me preguntaba: ¿Cómo romperla para que ellos se expresaran en palabras? ¿Este silencio tenía que ver con un aspecto de duelo como el de Julio, que no se atrevía a hablarlo?, y al revisar sus historias personales, era patente que ninguno tenía la figura de un padre. Todos estaban de duelo, como Julio.
Él al menos podía verbalizarlo ya que su duelo era real (hacía un mes que su padre había fallecido). Me parecía importante romper este silencio. Las resistencias a expresar su sentir crecían, y entonces implementé algunas técnicas de acción para movilizarlos y romper el silencio y aprovechar la pauta que el grupo presentó a través de Ariel. Éste le quitaba hilos a la alfombra y se los lanzaba a sus compañeros en señal de comunicación.
Les pregunté quién traía un pedazo de papel. “Yo”, dijo Fernando. Les pregunté entonces: “¿Qué les parece si hacemos una pelota de papel? La ponemos en el centro y alguien la toma y la lanza a quien quiera, haciéndole una pregunta cualquiera”.
INICIO DEL DIÁLOGO
“¿Aunque sea indiscreta?”, preguntó Arturo.
“¡Claro!”, les contesté. “¿Están de acuerdo?”
“¡Sí!”, respondieron. “A ver a qué menso se le ocurre agarrarla” dijo Arturo, al tiempo que Ariel agarraba la pelota y se la lanzaba a éste. Le preguntaron sobre si tenía novia y qué hacía con ella cuando se quedaban solos. Aquí se inicia la interacción de preguntas y respuestas indiscretas sobre mujeres, lo que hacen con las novias cuando se quedan solos, si toman o fuman etcétera.
A mí me preguntaron sobre cuántos años tengo, si tengo hijos, etcétera. Fue así como el grupo encontró una manera de comunicarse. Pasaron varias sesiones, y la inclusión de mujeres en el grupo se hizo imposible. Al cabo de un mes, los integrantes concluyeron que ya no querían mujeres; que así estaban bien y que así se podía hablar con mayor confianza de muchas cosas.
Esto me hizo sentir incluida como parte del grupo y no como una figura de autoridad o de censura. Fue un primer paso, y posteriormente a esto se consolidó como grupo y se habló de las reglas internas del mismo, como: Se dará de baja al que falte tres veces seguidas; respetar el pago de las cuotas. Al darse cuenta que Ariel no podía pagar su cuota, por bajos recursos, le dijeron que ya no comprara cigarros y que mejor pagara las cuotas.
En esta primera fase del tratamiento se incluyó una técnica de acción que llamaron: “La Conciencia”. El motivo lo dio el mismo grupo, al considerar que Ariel expresaba abiertamente las cosas que hacía, sin represión alguna, movilizando los miedos y temores de todos hacia la locura, el control de sus impulsos y no encontrar una manera o un espacio para expresarlos.
Esta técnica consistía en estar uno frente a otro, y a sus espaldas otro de sus compañeros, quienes hacían el papel de la Conciencia; es decir, la Conciencia hablaba de lo que el otro no podía hablar o no se le ocurría preguntar. (Después de siete minutos se intercambiaban los papeles). Los temas fueron de drogas, pandillas, relaciones sexuales y heterosexuales. La selección de compañeros para la dramatización fue entre ellos.
ESCENIFICACIÓN
A continuación se reproduce la escenificación de un diálogo:
ARIEL: ¿Tienes novia?
ARTURO: No
ARIEL sigue esperando otra respuesta
ARTURO: Es todo
ARIEL: ¿Te has drogado?
CONCIENCIA DE ARIEL: ¿Cómo le haces para no drogarte si todos tus amigos se drogan?
ARIEL, HABLANDO CON SU CONCIENCIA: es que yo me junto con ellos para jugar fútbol.
CONTINUA HABLANDO CON SU CONCIENCIA: yo me junto con una pandilla, nos llaman los inquietos y a veces organizamos pleitos con la banda de otra colonia.
ARTURO: habla con la conciencia de Ariel, y ¿que te dice tu mamá?
ARIEL: Nada. Ella ni se da cuenta
ARTURO: ¿Cómo que no se da cuenta?
ARIEL: Sí. Es que me castiga y me voy a mi cuarto, pero me salgo por el techo de la casa
CONCIENCIA DE ARTURO: Dile que está loco. ¿Qué tal si se cae del techo o le pasa algo y su mamá ni se da cuenta, pues lo cree en su cuarto?
ARIEL: Ella me cree lo que yo le digo.
ARTURO: A mí se me hace que son puras fantasías, porque si fuera cierto, en los pleitos de pandillas siempre pasa que te pegan, o te rompen la camisa o se te hace algo.
CONCIENCIA DE ARIEL: ¿Te ha pasado a ti?
ARTURO: Sí. Es que yo tengo una novia que es de otra colonia, y cuando la fui a ver en mi bici, me agarraron y me rompieron la bici y me golpearon, y en mi casa se dieron cuenta.
ARIEL: ¿Y cómo te dejaron?
ARTURO: Es que no viste como quedó el otro.
CONCIENCIA DE ARIEL: ¿Y sigues con esa novia?
ARTURO: No, ya no; ya no quiero más problemas.
ARIEL: A mí sí me gustan los problemas. Es muy emocionante correr a esconderte cuando va llegando la poli.
ARTURO: ¿Y nunca te han pescado?
ARIEL: No. Nunca; corro mucho y me escapo.
CONCIENCIA DE ARIEL: Pero es peligroso, porque en esos pleitos se pueden morir las personas.
ARTURO: ¿Tú quieres morirte?
ARIEL: No.
ARTURO: Así le pasó al papá de mi amigo, que lo hi-rieron, y al papá de otro lo mataron; además, por mi casa hay muchas pandillas, y se pelean con piedras, palos y cuchillos.
CONCIENCIA DE ARIEL: Debes de escuchar lo que te dicen.
TERAPEUTA: Muy bien. Se terminó el tiempo. Vamos a acomodarnos en círculo, y a expresar cómo nos sentimos en nuestros diferentes papeles, representando a la conciencia de otro y a nosotros mismos.
ARIEL: Mi conciencia es muy chiquita, porque no pien-sa.
TERAPEUTA: ¿Será por eso o porque no le hacemos caso?
JULIO: (En el papel de conciencia de Ariel): es porque no la escucha, porque yo le decía lo que dijera y él no lo decía, no me hacía caso.
ARTURO: Yo no la escuchaba; yo tenía que quedarme callado antes de hablar para poder escucharla.
TERAPEUTA: Tu conducta tan inquieta y acelerada es la causa de que tú no te concentres en lo que haces y no te escuches a ti mismo; esto te provoca problemas con los demás y el que no midas las consecuencias de tus acciones (la madre de Arturo mencionaba que si en la calle alguien lo empujaba por error él quería armar pleito y no le importaban las consecuencias).
JUAN: Por eso te ponen a cada rato; como el pleito donde te falsearon el brazo y te rompieron la bici.
TERAPEUTA: Y tú, Fernando, ¿cómo te sentiste como espectador?
FER: Bien.
JULIO: Claro, como a ti no te gusta hablar. Yo creo que por eso te va mal en la escuela, porque no hablas ni participas.
TERAPEUTA: ¿Y te sientes bien así, sin participar en lo que los demás hacen?
FER: Me da igual.
TERAPEUTA: ¿Te da igual sentirte relegado? El pertenecer a una familia o a un grupo es tener un lugar, una presencia, una identidad, un saber quiénes somos.
JULIO: Mi papá tenía dos familias. Nos puso los mismos nombres que a sus primeros hijos, que también son tres, como nosotros. Yo soy de su segunda familia, y esto me da mucho coraje.
JUAN: Mis papás se van a separar, porque mi papá tiene otra mujer; yo lo he visto, y a mi mamá no le da dinero, y ella nos manda para pedirle dinero. Y yo me enojo mucho, pero si no voy, no nos da para comer.
ARIEL: Yo no conozco a mi papá. Sólo sé que es maes-tro, y yo lo quiero buscar, pero necesito que me ayude mi mamá.
TERAPEUTA: Y Arturo y Fernando, ¿cómo se llevan con sus papás?
ARTURO: Yo muy mal. A veces quisiera golpearlo.
Cuando jugamos a las luchas, yo me aprovecho y me desquito; le pego muy fuerte, porque él me dice que yo soy maricón, y que sólo me falta la bolsa.
TERAPEUTA: ¿Y por qué te dice eso tu papá?
ARTURO: Porque no quiero ir al béisbol con él. Es que a mí me gusta el fútbol.
TERAPEUTA: Y tú, Fernando, ¿cómo te llevas con tu papá?
FERNANDO: Muy mal. Yo casi no lo veo, y cuando lo veo, ni me habla.
TERAPEUTA: ¿Y por qué no te habla?
FERNANDO: Porque tiene turnos en su trabajo, y
cuando él descansa, yo estoy en la escuela y casi no nos vemos.
TERAPEUTA: Entonces, la conciencia a veces se escucha y a veces no, o tenemos que detenernos para escuchar-la, como dijo Arturo, y al escucharla no le hacemos caso, como dijo Julio. Sin embargo, el no expresar lo que sentimos es guardar rencor, coraje y desilusión. Y, ¿dónde nos refugiamos? En actos como el alcohol, las drogas, el ciga-rro, el robo. ¿Cómo, dónde o con quién expresar eso que sentimos? Son preguntas que tal vez nos hacemos día tras día, y la respuesta, ¿quién la sabe? Se los dejo de tarea.
Después de varias sesiones en la segunda fase del tratamiento, el grupo elaboró parte de sus conflictos y Ariel menciona: “Mi conciencia ya creció, porque ya no me brinco la barda ni me salgo por el techo; ya lo pienso mejor”.
Este espacio de dramatización abrió canales de comunicación, y las defensas bajaron. Los jóvenes fueron más expresivos, sin miedo ni temores, hablando más de sus familias y bromeando al querer emparentar unas familias con otras.
Arturo le pregunta a Juan: “¿Y qué tal está tu hermana?
Aparece nuevamente Ariel diciendo: “¿y si en una lancha fuera toda la familia?
Yo le pregunto: ¿Qué pasaría? ¿Quiénes irían en tu lancha?
ARIEL: “Mi mamá, mi abuelo y yo; mi abuela y mi tía no, porque se hunde la lancha”.
JULIO: En mi lancha irían mis papás, mis hermanos y yo, pero al dejar a mi papá tomarían los remos mi mamá y mi hermano mayor, y al cansarse mi mamá le ayudaría yo a mi hermano.
ARTURO: Yo llevo a mi papá herido y tengo que ayudar a mi mamá, porque soy el hombre de la casa después de mi papá. (Arturo, elaborando su conflicto edípico y consolidando su identidad, pues el papá le decía maricón, pero al llevar herido al padre en su dramatización que expone, él toma el lugar del padre y pareja de su mamá).
ARIEL: Yo ya dejé a mi abuelo en un puerto, porque la lancha ya no aguanta y tenemos que llegar a un barco grande, tipo Titanic, pero yo no sé manejarlo.
Julio le dice: “el capitán del barco te enseña a conducirlo”. Ariel está en proceso de elaboración de su conflicto en la búsqueda del padre y reafirmando su identidad.
Así, cada integrante del grupo iba elaborando sus conflictos y en las últimas tres sesiones, Juan expresó con dolor y llanto que sus padres ya se habían separado y que era lo mejor para todos. Hubo lágrimas y tristezas, y a la vez aceptación, como un último paso para empezar un nuevo juego: “El juego de la vida”, donde si llegas a perder el balón, pierdes también el juego; pero ahora estaban preparados para salir al campo y empezar el partido y terminarlo hasta el final.
Al finalizar el período de tratamiento, fecha que coincidía con la Navidad, le regalé un balón a cada uno. Ese balón simbolizaba el grupo en su totalidad y el internalizarlo les ayudaría y facilitaría el camino por la vida.
