Fordismo versus tradición

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Arq. Abiel Treviño Aldape

“Las ciudades, como toda realidad social, son productos históricos, no sólo en su materialidad física, sino también en su significado cultural, en el papel que desempeñan en la organización social, y en la vida de los pueblos”. Esta frase, apuntada por Manuel Castells (p. 406) hace prácticamente tres décadas, trasciende fronteras, y resulta atemporal.

Recuerdo con cariño la casa de mis abuelos maternos, en el denominado “barrio antiguo”, casas que por más modestas, contaban con personalidad propia, de recios muros de sillar, fachada austera, losa con vigas y entablerado de madera, altura interior generosa y puerta principal y puerta/ventanas (en un balcón enrejado, de piso a cerramiento) de madera de mezquite, que el tiempo (lluvia y sol aridoamericano) fue labrando calmosamente. De nuestra cultura vernácula, puerta/ventana, dividida en cuatro cuartos, dos horizontales superiores y dos horizontales inferiores, como marcaban los más rancios estándares de nuestra tradición norteña, con sus respectivos postigos (aquellos elementos también de madera, que protegían a los cristales de la ventana. Para tomar la siesta en tiempo de calor, se abrían de par en par los cuartos superiores y quedaban resguardando la intimidad los inferiores. En tiempo de frío, sólo los postigos eran abiertos para dejar pasar la luz de día e iluminar de manera natural la habitación. Modelo de arquitectura vernácula.

Esa era nuestra realidad social, fundamentada en nuestra historia y cultura edilicia de la zona desértica del país.

Las casas-habitación de interés social de hoy, las ultra-estandarizadas, suelen construirse de acuerdo al modelo “fordista” de producción en masa; casas monolíticas, con muros y losas de diez centímetros de espesor, techos bajos, —vaciadas de “golpe y porrazo”— y puertas y ventanas de lámina negra; transportadas de la fábrica al fraccionamiento a donde han de desplantarse, utilizando tráileres para este fin; negando las condiciones básicas del sitio, condiciones que dictan el cómo y por qué hacer de cierta forma las cosas, sobre todo, en materia de arquitectura, arquitectura genérica, sin cliente definido. Modelo netamente económico. Mecanicismo versus tradición.

Tiempo y cultura “otros”, que urge retomar para hacer ciudad.

CASTELLS, Manuel; 1983; La ciudad y las masas; Alianza universidad textos; España.

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