Sencilla complejidad

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Arq. Abiel Treviño Aldape

El martes 7 de febrero del 2012, salgo de la estación General Zaragoza (ubicada casi en el extremo sur de la Macro Plaza), rumbo al Museo de Historia Mexicana, donde tendría verificativo una plática de la Academia Nacional de Arquitectura; son apenas las 19:20 horas, y me encuentro con un Distrito Central de Negocios frío y casi sin iluminación alguna. Hay un escaso halo (cuasi-escénico) que deja ver tímidamente algunas siluetas que integran la Fuente de la vida; paso a un costado del Teatro de la Ciudad, que sé que está ahí sólo porque distingo su inconfundible y masiva silueta, las pérgolas frente a él definitivamente se pierden entre la bruma y la oscuridad. Apenas ubico la escalera que baja hacia la calle Zuazua. Vuelvo a encontrar algo de iluminación en la Plaza de los 400 años, vestíbulo urbano del citado Museo al que me dirijo. Llego a destino, no sin un sutil asomo de temor y desconfianza, después de haber escuchado ya bastantes y frecuentes historias de terror sobre la inseguridad en la ciudad.

Ni que decir sobre el regreso a la misma estación, ya pasadas las 21:30 horas, la oscuridad es ofensiva en el corazón de la metrópoli.

Estoy leyendo un libro de Jordi Borja donde hace una crítica al famoso modelo Barcelona, y aquí apunta que “las problemáticas urbanas complejas merecen soluciones iniciales sencillas, de lo contrario hay un bloqueo antes de empezar” (Borja, 2011: 75). Yo tenía entendido que el biogás procesado en el tiradero de basura ubicado en Salinas Victoria, N.L., y una vez convertido en energía limpia, se destinaba una parte de esta electricidad para iluminar la Macroplaza. Al menos en una nota que consulto en internet (Planta de biogás, fechada 2006), refiere que “esta energía de acuerdo al contrato de porteo con la Comisión Federal de Electricidad se utiliza para mover el «metro», ilumina la Macroplaza, el Palacio de Gobierno, y la Avenida Constitución.”

Si el sistema de suministro eléctrico sigue funcionando (no tendría por qué no), conjeturamos que la problemática urbana compleja de la inseguridad, podría lidiarse con la solución inicial sencilla de cambiar las lámparas fundidas y/o el cableado eléctrico dañado (cualesquiera que haya fallado) para que las calles al menos estén bien iluminadas y contemos con una mínima seguridad (al menos psicológica).

Una medida, creo, alcanzable.

 

 

Bibliografía

BORJA, Jordi; 2011; Luces y sombras del urbanismo de Barcelona; Editorial café de las ciudades; Buenos Aires.

Planta de biogás, disponible en http://www.ruelsa.com/cime/boletin/2006/b101.html; consultado 08 febrero del 2012.

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