El debate bioético con relación a las terapias génica y celular

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Doctor Raúl Garza Garza

Liberté

El Siglo XXI ha iniciado con la concepción científica de que es el siglo de la Genética, de la Biología Molecular e Intramolecular (Nanotecnología), y con la idea de que todo se resolverá, y muy rápido, por medio de la Ingeniería Génica aplicada como principio terapéutico o de tratamiento para innumerables enfermedades conocidas y por conocer. En éstas, el papel de la ciencia biomédica está muy lejos de lograr una curación, pues de muchas no conoce ni la causa, de otras no se ha encontrado el origen y de casi todas estas no se puede sino entrar en frustración para la mayoría de los profesionales de la salud y dejar que sigan su historia natural, aunque para algunos existe aún la posibilidad de consolar y acompañar a los pacientes, buscando mejorar las condiciones de vida y respetando la dignidad de esas personas que desafortunadamente presentan la enfermedad.

El desarrollo acelerado del Proyecto Genoma Humano y sus continuas evoluciones nos han llevado a tener que decir y cada vez en lapsos de tiempo menores: “Es necesario entender que muy probablemente la mitad de lo que hemos pensado y dicho estará equivocado el día de mañana”. Sin embargo, tenemos que admitir que cada día se descubren nuevas tendencias tecnológicas que nos permiten tener más seguridad de lo que se descubre y, por lo tanto, lo que antes tenía un grado mayor de inseguridad, va poco a poco estableciéndose como la realidad científica que necesitamos para avanzar en este camino.

El gen, la base de la Medicina Genómica es un segmento de la cadena de ADN que tiene instrucciones específicas para desarrollar una tarea, tarea que hasta hace poco creíamos era siempre el inducir la síntesis de una proteína; ahora nos parece claro que no todos los genes son capaces de inducir la síntesis de proteínas, pero todavía más claro está que un solo gen puede inducir varias proteínas, a través de diferentes mensajes génicos. Asombroso es en la actualidad que, de aproximadamente unos 22 mil genes inductores de síntesis proteica, se desarrollen más de cien mil proteínas.

Alrededor del cinco por ciento del genoma humano parece corresponder a un “mensaje” que ya está descifrado; el otro 95 por ciento aún está por entenderse, y lo lograremos en un futuro cercano, animados por la interrogante de que lo que llevamos (cinco por ciento) establecido, lo hemos tenido que catalogar como un 70 por ciento de genes “no codificantes”, pero que son capaces de regular la actividad de los “codificantes” y que además son menos susceptibles a cambios o “mutaciones” que los que sí son para sintetizar proteínas.

Lo razonable de entender es que, a pesar de que esta enorme cantidad de ADN que algunos científicos frustrados llaman “basura génica”, estamos seguros tiene un propósito y realmente es necesario para apoyar no sólo la evolución de los organismos vivos en el planeta, sino tiene su propósito bien establecido aunque todavía no entendido por nosotros.

 

LA BIOTECNOLOGÍA Y LA INGENIERÍA GENÉTICA

El desarrollo tecnológico que inicia casi junto con el estudio para descifrar el genoma humano, ha permitido avances poderosos, tanto en el armamentario capaz de desmenuzar el ADN, como también en el desarrollo de posibilidades de manejar (manipular) los segmentos génicos de tal manera que podamos entender su papel y su efecto en nuestros organismos, tanto en la normalidad como en la enfermedad. Situaciones éstas que nos han llevado a respuestas inusitadas y ataques poco respaldados ante situaciones como la “transgénesis”, que despierta temor en situaciones como las del proceso de alimentos desa-rrollados con la inserción de genes animales (y humanos) con el objetivo de hacerlos resistentes a un sinnúmero de problemáticas y además capaces de ser más nutritivos y más asequibles a toda la humanidad.

Definitivamente los aspectos sociales que estas opiniones y numerosas encuestas denotan, apuntan hacia aspectos fundamentales que se deben tomar en cuenta y que la tendencia globalizada de acciones humanas no debe hacer a un lado y menos olvidar en principio. Uno de los principales problemas a apuntar es la carencia de una información adecuada y transparente que nos permita opinar con mayor conocimiento y razonamiento; es una lástima que las opiniones se viertan ante temores infundados producidos por el criterio de que se consideren muy elevados e incapaces de ser entendidos por la “opinión pública”, influyendo en las encuestas por meras impresiones de cuestionamiento acerca de esa tan mencionada, pero muy mal entendida “calidad de vida”.

El público en general clama por información completa y veraz y los científicos hablan de la inutilidad y falta de comprensión de una explicación que no han sabido popularizar para que sea descifrable por la persona común que pueda ser educada conforme a su entendimiento, nada despreciable en nadie, pero muy devaluado por el ámbito científico. La información en cuestión será capaz de promover los amplios beneficios y explicar los posibles riesgos, datos que, puestos en la balanza científica, ayuden a los no científicos, pero interesados en la humanidad y su futuro, a establecer su percepción de las situaciones y entren en el apoyo o negación de soporte con más bases que las del temor al que nos lleva la incertidumbre.

 

PUENTES DE ENTENDIMIENTO

Los dilemas que nos llevan directo a las controversias, dependen de la manera de percibir las situaciones, pues podemos estar ante los mismos hechos e interpretarlos de distinta manera, debido a nuestra actitud y nuestra conducta y en definitiva no estar unos equivocados y otros en la razón; esta perspectiva de controversia nos hace suponer extremos incomunicables, cuando la razón humana nos debe llevar a establecer puentes de entendimiento, capaces de acercarnos en puntos de vista comunes a todos y no sólo establecer, como el blanco y el negro, un escenario que sólo admita un “no” o un “sí” tan drásticos que no permitan la flexibilidad adecuada para tratar de encontrarnos en el justo medio que pudiera mejorar las consideraciones de que: “no todo en la ciencia y la biotecnología es malo, pero que las consideraciones nos lleven a analizar y reflexionar para evitar los desastres.

Mario Capecchi, investigador galardonado con el Premio Nobel de Medicina 2007, junto con otros dos investigadores, lo menciona de la siguiente manera: “La concentración y la reflexión son dos buenos talentos a desarrollar por nosotros investigadores, además de la creatividad y la búsqueda y reconocimiento de los de-talles por más insignificantes que éstos sean”. Él piensa que la ciencia, la teología y la ética no son opuestos ni están en conflicto; que pueden tener sinergia entre ellas y que en definitiva se conjuntan al establecer diferentes puntos de vista a las necesidades humanas.

Debemos tratar de entenderlas y usarlas pues nos quie ren hacer mejores seres humanos, y la finalidad debe ser estar más unidos como personas. Se considera un idealista y optimista, pues el científico dedica mucho tiempo a pensar en el futuro; normalmente dice: “Los seres humanos nos ocupamos del hoy y del mañana o pasado; la ciencia piensa en 10, 20 ó a veces 100 años en el futuro, pensando hacia dónde van las cosas, en cuál dirección y por qué, en cómo puede contribuir a mejorarlas pero entendiendo los procesos y tratando de no cometer errores”.

LAS CÉLULAS MADRE Y LOS DILEMAS BIOÉTICOS

Al principio de esta década se desarrolló un optimismo increíble e idealista acerca de lo prometedora que para el progreso en la curación de enfermedades era la investi-gación de las células madre embrionarias, siendo la solución total para millones de personas afectadas por condiciones serias, a veces fatales. La propuesta era que dichas células nos permitirían curar y/o aliviar el sufrimiento humano hasta ahora incontrolable por falta de tratamientos específicos.

En forma casi inmediata vino la reacción moral de la falta de ética científica relacionada con la vida de seres humanos en etapa embrionaria que tenían que ser destruidos para poder obtener dichas células toti y pluripotenciales capaces de desarrollarse y brindar las res-puestas definitivas, y así los dilemas y controversias iniciaron en los extremos: la curación maravillosa (milagrosa) para dichos enfermos, contra la destrucción y muerte de vidas embrionarias humanas; salvar de la enfermedad y muerte a muchos, a cambio de la vida embrionaria de otros muchos seres humanos.

La controversia fue y sigue siendo formidable hasta el momento actual, situación que ha ido, con el paso del tiempo y la voluntad de muchos por encontrar líneas de acción y de reflexión que nos lleven a posiciones más centradas, a encontrar caminos que al principio se negaban rotundamente y que ahora son objeto no sólo de estudio y desarrollo, sino de aplicación real a enfermedades de muchos de esos pacientes antes desahuciados.

 

CÉLULAS MADRE FETALES

El advenimiento de investigación con células madre fetales obtenidas del cordón umbilical y recientemente del líquido amniótico gestacional han permitido, por un lado el desarrollo de maduración en numerosas líneas celulares empezando por las sanguíneas para usar estas células para “trasplantes equivalentes a los de médula ósea” en enfermos con discrasias sanguíneas de varios tipos, hasta el desarrollo de células musculares, hepáticas, pancreáticas y hasta neuronales, entre otras y así ayudar a resolver problemas importantes. Luego, el reconocimiento de que aun en nuestros cuerpos jóvenes o adultos, existen en innumerables órganos y tejidos, las células madre necesarias para cubrir expectativas también cada vez más numerosas en cuanto a las problemáticas de enfermedad humana.

Cada vez más se diversifica ese concepto de células madre fetales y adultas en un camino en el que, estamos seguros, no se descartará la investigación con células madre embrionarias, pues como hace ya muchos años dos investigadores en reproducción asistida mencionaron ante la posibilidad de clonación de embriones humanos: “Si no lo hubiéramos hecho nosotros, otros lo hubieran realizado”. La investigación con células madre embrionarias es “un hecho científico” y por lo tanto para muchos científicos está aquí para quedarse, a pesar de que los numerosos intentos sólo han producido muy pocos adelantos; sin embargo, no cejarán en encontrar la manera de descubrir elementos promisorios dentro de la vorágine científica y biotecnológica capaz de deslumbrar a muchos y pensar que es “la solución a todas nuestras desgracias humanas”.

LA ÉTICA DE LAS TERAPIAS GÉNICA Y CELULAR

Las investigaciones en pos de la respuesta terapéutica a ese grupo de enfermedades genéticas o génicas, nos han llevado a experimentar con la transgénesis, ahora no sólo con la producción de alimentos vegetales o animales más nutritivos, resistentes y esperanzadores, sino con la idea de introducir genes humanos alterados por la mutación génica, de pacientes desahuciados en ratones, con el objetivo de conocer la historia natural de dichas enfermedades y así tratar de encontrar soluciones prácticas a las mismas; además, en el otro terreno de los trasplantes, poder desarrollar “órganos y tejidos humanos en animales cuya anatomía y fisiología se adapten a la humana y así poder tener material que no sea rechazado tan fácilmente por los pacientes necesitados de recuperar la función de órganos vitales para ellos.

La terapia génica es la introducción de material génico ajeno a la célula con el objeto de corregir las deficiencias (o excesos) producidos por genes anormales,

productores de enfermedades y produciendo un beneficio saludable. Ahora esto se ha visto ampliado por conceptos como “transferencias preventivas” o situaciones de investigación que distan de la idea original y vienen a cuestionar su finalidad primaria. Se presenta como una promesa que revolucionará la Medicina actual, aunque su desarrollo dista mucho de una realidad eficaz que permita su consideración irrestricta en este momento.

Entender el sustrato social que este avance trae consigo, requiere definir para su análisis, las vías por las cuales se puede llegar a concluir la bondad personal, familiar, comunitaria y global de estos procedimientos. Los retos van desde la posibilidad de ayudar a muchas células afectadas en sujetos ya enfermos, hasta aportar la información adecuada que permita que el enfermo y su familia tengan un adecuado consentimiento que abarque la información más completa y veraz relacionada con los beneficios y los riesgos inherentes.

Dentro de ello se encuentran otros tópicos, como la discriminación a la cual se pueden enfrentar los sujetos que no cumplan ciertos requisitos, como los económicos, de productividad o de búsqueda del bien común, entre muchos otros. Estas situaciones complejas y muchas otras debemos enfocarlas desde la reflexión cuidadosa ante una acción, si bien prometedora, todavía en pañales en cuanto a sus resultados.

CONCLUSIONES

Como podemos discernir, existe una necesidad imperiosa de establecer lineamientos que sirvan de guía para el des-arrollo de todas estas tecnologías que son muy necesarias para la humanidad, pero que no pueden atentar contra la humanidad misma, pues nos enfrentamos a situaciones que todavía representan “al hombre como el lobo del hombre” y que resulta determinante reflexionar antes de actuar.

La autonomía y la libertad de los seres humanos son reales e indiscutibles, pero se deben frenar cuando atentan contra las de otros seres humanos, que deben ser tomados en cuenta con relación a su dignidad, a su privacidad y al respeto irrestricto a sus derechos fundamentales. Los cuestionamientos abundan tanto o más que la necesidad científica de encontrar respuestas a los acertijos de la Biomedicina, los cuales, se postula, deben ser resueltos con el avance biotecnológico, pero que a veces es frenado por el ansia de encontrar soluciones por medios que no respetan los lineamientos mismos de la ciencia experimental e investigacional.

Desde el simple problema de esclarecer la información y así lograr la confianza entre el investigador y el sujeto humano experimental, hasta la finalidad misma de dichas investigaciones, que debe ser el encontrar las soluciones prácticas para la humanidad y no la adquisición de un poder científico, capaz de elaborar ideas fuera de una realidad, buscando la fama científica y a veces económica; y no la seguridad de sus sujetos de investigación y los demás pacientes posibles usuarios de estos adelantos, pues desafortunadamente, así como la historia está plagada de aciertos y avances científicos palpables; también está matizada por los innumerables intentos de éxito, cimentados en falsas consideraciones, alteraciones de los resultados o plagios científicos que hacen pensar sin remedio en el lado oscuro, no de la ciencia, sino de algunos científicos.

La Medicina Genómica y las Terapias Génica y celular están destinadas a influenciar cada vez más los caminos de la Ciencia y la Medicina, anteponiendo los beneficios a los riesgos inherentes; la comunidad científica, junto con las comunidades de la aldea global necesitan establecer los principios básicos que rescaten un balance humanitario que respete la individualidad de todo ser humano, así como sus derechos fundamentales; fortaleciendo así ese caminar juntos en pos de la mejor solución para todos nuestros problemas de salud y de respeto a la vida humana.

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