Sin autor conocido

Se cuenta que un poderoso rey se encontraba muy enfermo y ningún médico acertaba a curarlo. -¡Daré la mitad de mi reino a quien me cure! Clamaba el rey. Los sabios y los súbditos se reunieron para buscar la manera de curar al rey pero nadie acertaba, nadie tenía idea de cómo curarlo.
De pronto uno dijo: Hay una manera de curar a nuestro rey. Si sobre la tierra hay un hombre feliz, quitémosle la camisa y cubramos con ella al rey, y así quedará curado, porque su enfermedad es la tristeza.
En tumulto salieron por todos los caminos y los pueblos en busca de un hombre feliz, pero no corrieron con suerte.
Encontraron a uno muy rico, pero enfermo; otro estaba muy sano, pera era pobre y triste; había uno rico y sano, pero odiaba a su mujer; otro era joven y rico pero no respetaba a sus padres.
Sin embargo, seguían buscando.
Una noche, el hijo del rey pasaba por una choza muy humilde y escuchó como un hombre muy pobre exclamaba alegre desde el interior, –Gracias a Dios hoy trabajé, mi familia comió, mis hijos duermen sin hambre, ¿qué más puedo pedir? ¡Soy feliz!
El hijo del rey acompañado de sus hombres, entró rápidamente a la choza y se llevó al hombre para quitarle la camisa y ponérsela a su padre, no sin antes asegurar al hombre que le pagaría una generosa cantidad de dinero.
Instalados en la alcoba real, frente al rey, dispuestos para quitarle la camisa, lo único que descubrieron fue que aquel hombre era tan pobre… que no tenía camisa.
