Por Ismael Vidales Delgado
Los psicólogos, pedagogos y demás científicos interesados en la educación, proscribieron los castigos físicos en la escuela hace muchos años y sugieren otras medidas disciplinarias educacionales. Más tarde, legislaciones mundiales también tipificaron los castigos corporales a los estudiantes, como delitos por los que podía procesarse a los maestros. Sin embargo existe más de una veintena de países que no están tan convencidos de la proscripción de los castigos físicos a escolares, «siempre y cuando no interesen partes vitales», o como decía mi abuela ¡unas nalgadas y una ida a misa, no le hacen mal a nadie!
Conocí muy de cerca un ameritado maestro, que en gloria esté. Era en verdad un buen maestro y un maestro bueno. Ocupaba un cargo importante en el sistema educativo federal y en una ocasión fuimos tres de sus alumnos a visitarlo. Estábamos en una amena conversación, cuando irrumpió en su oficina un muchacho de mal aspecto y peor vocabulario, gritando y profiriendo insultos contra nuestro maestro. Uno de mis compañeros se puso en pie y le dio tremenda cachetada al intruso al tiempo que le espetaba con voz fuerte, directa y enérgica ¡Delante de mí, nadie le falta al respeto a mi maestro!
Entre el silencio y la tensión del incidente, volvimos la cara hacia el maestro, a quien mi amigo le ofrecía una disculpa por su falta de control… el maestro estaba llorando y con voz entrecortada dijo…»No se preocupen, ese muchacho es mi hijo, y eso es lo que debí hacer yo hace varios años…» Tiempo después, un periódico vespertino daba cuenta de una golpiza recibida por el maestro de manos de su muchacho.

